Archivo mensual: junio 2008

Que se llama soledad (Joaquín Sabina)

Hay días en los que el peso del destino nos entierra en la marisma de la vida y hay días en los que somos ligeros como el viento que despeina las niñas. Hay momentos en los que el cuerpo exige otro cuerpo para poder envainar su ímpetu y hay momentos en los que el cuerpo sólo quiere abandonarse al olvido. Hay minutos en los que la cabeza quiere encajonar el mundo en conceptos y cifras y hay días en los que la cabeza sólo quiere enterrarse en la noche. Hay segundos en los que las palabras quieren lastimar tu corazón y hay segundos en los que las palabras sólo quieren acariciar tus oídos…

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Carta al silencio de la noche (7)

Hoy pasaste a mi lado y bajaste la mirada para que nuestros ojos no se encontraran. Caminaste más rápido y te perdiste en la penumbra de la noche. Tu cara manifestaba la censura de la traición. Yo, entretanto, me quedé viéndote perderte en el horizonte de mis recuerdos.

Cuando llegué a mi casa hurgué en la caja desvencijada hasta que encontré la foto que te robe una tarde de amores prohibidos. Después me senté a mirarla durante horas: miraba tus ojos grandes, cafés; aquella inclinación hacia la izquierda de tu cabecita de algodón; el labial que nunca te quedó bien; la pequeña cadenita que ataba a tu cuello la virgencita que besabas para espantar los peligros; el cabello insólitamente oscuro que se enredaba en mis dedos; aquellas orejitas pequeñas que tanto te avergonzaban y que siempre adornabas, por ley de compensación, con unos aretes inmensos.

Después, cuando la melancolía rebosó las esclusas de la razón, evoqué los días húmedos en los que le decías a tu marido que estabas en casa de Estela o que te ibas al gym a descargar el peso del día. En seguida colgabas y te asaltaba el remordimiento e intentabas levantarte de la cama. Yo te disuadía, entonces, con razones acompañadas de mimos. Luego de un rato te entregabas a la lujuria. Al final te levantabas y te ibas con la misma cara que traías hoy.

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La crisis de los treinta: falacia social

El año pasado tuve una relación con una mujer mayor de treinta años (está divorciada y tiene una niña de cinco años). La relación hubiera sido exitosa de no ser por la diferencia de edad (con esto no quiero decir que considero que la diferencia de siete años fuera significativa): cuatro y cuatro contra veintisiete. A esta edad las mujeres pintan la relación con tonalidades rabiosas. La relación para ellas debe, por ejemplo, proyectarse en el futuro. Recuerdo que siempre me reclamaba que yo no me proyectaba como ella lo hacía. ¿Proyectarme? Le preguntaba cada vez que me hacia ese reclamo. Sí niño; proyectarte; me respondía; esto no es ninguna aventura. Esto no es una aventura, es cierto; le respondía yo; pero eso no quiere decir que tenga que construir un futuro con mansiones y choferes arrugados. Me reñía porque no terminaba la carrera; o porque me vestía como un adolescente; o cosas por el estilo. Esto y el hecho que viviera a mil kilómetros destruyo la relación.

Recordé esto cuando leí las reflexiones de la hermosa Serendipity y del divertido Pedro sobre las mujeres mayores de treinta años. La lectura trajo a mi memoria, de hecho, el reminiscencia de un par de mujeres que me acosaron en mi lejana juventud. Sus edades oscilaban entre los veintinueve y los treinta. Ellas sólo hablaban de ahorros, casas e hijos. Después de conversaciones tan amenas no me quedaban ganas de entablar- ahora sí- algún tipo de aventura con ellas.

¿Pero, me pregunto ahora, incide el reloj biológico en estos comportamientos? Considero que la mayor fuerza la hace la sociedad. Ejemplo de ello lo da Serendipity en el post citado arriba. Después que todas las amigas, primas, tías y abuelas le taladran día y noche a la mujer el cuento de los hijos, el novio, el trabajo y la profesión la mujer decide, por simple cansancio, tomar el sendero indicado por ellas. Si a esto le agregamos la naturaleza susurrándole al oído que perpetúe la especie tenemos a una mujer a punto de pegarse un tiro a causa del trote del reloj y la ausencia del “molde” para los futuros hijos.

A Lo anterior hay que agregarle el fenómeno más extraño que he visto: las mujeres mayores de treinta años se siente viejas y feas. Esto no es cierto: la mejor etapa de la mujer inicia a los treinta años. Una mujer de veintitantos en muy insegura y no sabe lo que quiere. Una mujer de treintaitantos, al contrario, sabe exactamente lo que quiere. Las de veintitantos esperan; las de treintaitantos reclaman; las de veintitantos investigan tímidamente el universo del sexo; las de treintaitantos los construyen. Las de veintitantos seducen con las promesas de su cuerpo; las de treintaitantos convidan con la certeza de su experiencia y su intelecto… ¿Por qué, entonces, se sienten inferiores si la ventaja está de su lado?

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Giovanny

Nunca me he caracterizado por ser buscapleitos ni por darme trompadas con cualquiera. Sin embargo, esa fue la forma en la que conocí a Giovanny.

Estaba en sexto de bachillerato. El curso, por alguna extraña razón, tenía más recreo que clases. Recuerdo que no teníamos clase de sistemas, de mecanografía (sí, como lo leyeron, de mecanografía), de dibujo técnico, ni de contabilidad. El tiempo de esas clases lo empleábamos en reír, escupir, correr o los que se nos antojara hacer.

En una de esas horas un compañero del curso -al que nunca había saludado- me dijo en tono categórico: nos damos puños. Lo mire a os ojos y le dije:¿Por qué no?

Después de unos minutos de puñetazos en la espalda y en los costados le mandé un puño a la cara que él esquivo con un giro de cintura (aprendido, seguramente, en alguna película porque, hasta dónde yo sé, Giovanny es un hombre pacífico). Después del esguince me lanzó un puño al mentón que me mandó a la lona. Luego vinieron los aplausos de los compañeros y detrás de ellos el apretón de manos. Así empezó nuestra amistad.

Años después, cuando la niñez dio paso a la díscola adolescencia, las conversaciones en el descanso robustecieron los músculos de nuestra amistad; tendones que luego, en una tarde de sábado, se ejercitaron en la temporada de fiestas, alcohol y levantes.

Obligado es mencionar que él siempre se le medía a la más bonita de la fiesta y que esta, por más alta, rubia, mayor o ennoviada que estuviera, se iba con él. Esto le granjeo, como es apenas obvio, la admiración de un ejército de adolescentes.

Luego, cuando las mujeres pasaron de tierra inhóspita a terreno conocido, nos sentamos a escuchar música y a beber. Y fue justamente en este pequeño terruño donde pasamos parte de nuestra juventud. En la sala de él -o en la mía- hablamos durante días sobre mujeres, política, televisión o el colegio, sin descanso. Tomamos litros de aguardiente (especialmente un brebaje indigerible llamado Kiwi). Con él nunca me emborrache; y no lo hice porque no hubiera suficiente materia agente; no; lo hice para que no ser vencido como aquella mañana del 91.

Siempre he querido creer que yo fui el que le presentó Héctor Lavoe a Giovanny una noche de copas y cartas en el barrio Bonanza. El caso es que después de que se conocieron su amistad ha rebasado los límites de la cordialidad: en este momento Giovanny tiene la mayoría –si no todos- los discos que grabó el viejo Héctor en vida; tiene un par de afiches y muchísimos videos de conciertos y entrevistas; y se sabe, como si lo anterior fuera poco, todas las canciones de memoria. Lavoe, en compensación a esta devoción, busca las letras que definen su despecho o las que describen su alegría y las canta cada vez mejor.

Hoy, con diecisiete años de amistad encima, lo llamé para felicitarlo por su cumpleaños. Luego de unos minutos de charla me recordó la cita impostergable: recuerde que Héctor cumple años de muerto en unos días; tenemos que ir al homenaje. Mejor hagámosle un festejo privado; le contesté. Me suena más esa idea; me dijo.

Supongo que a esta hora estará el viejo Giovanny escuchando Ella Mintió mientras se está tomando una cerveza y estará el último cigarrillo del día consumiéndose en un cenicero…

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Invitación al blog La Cagada

Me pasé toda la tarde leyendo el blog llamado La Cagada. La lectura fue tan placentera que leí todos los post sin cerrando los ojos sólo para reír (que fue, valga decirlo, en más de una ocasión).

Hay dos notas (Radiografía de una primera cita: Ella y Radiografía de una primera cita: Él) que por su contenido, pulcritud de la prosa e ingenio copiaré literalmente en este lugar (lo cual, como todos saben, es excepcional en este blog) para instigarlos a lugar del Señor Pedro .

Los dejo, pues, con ellas para que se solacen con su lectura.

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Radiografía de una primera cita: Ella

Fuente Original 

¡Hola! ¿Cómo estas? Disculpa que haya tardado más de media hora en bajar, pero es que me toma dos horas vestirme y arreglarme aunque podría hacerlo en 30 minutos si quisiera, pero no quería. Ignoré tu llamada a mi celular porque no tenía una excusa auténtica.

Si, no me veo tan bonita como en otros días. Tengo una tonelada de maquillaje encima que me hace ver mal pero yo creo que me queda buenísimo. ¿No me vas a decir nada sobre mí nuevo color de cabello? Sigue siendo marrón pero hay una diferencia imperceptible para el ojo humano que me hubiera gustado que notaras.

¡Que educado, abres la puerta del carro para mí! Voy a ilusionarme y pensar que este gesto insignificante dice que eres un buen hombre, porque eso es lo que quiero creer.

¿Vamos al restaurante ABC? Claro, yo te dije hace unos días que me gustaba. En realidad quiero ir a otro lugar pero no quiero decir nada, así que voy a hacer un gesto de emoción mezclada con conformismo para ver si lo notas. ¿No lo notas? No importa, vamos a ABC.

A ver, me gusta todo en el menú pero a la vez no me gusta nada. Mejor dile al mesero que regrese en unos minutos, necesito tiempo para no tomar una decisión y luego pedir el plato más caro y varias entradas, que es lo que tenía pensado hacer desde el principio.

Ahora vamos a hablar de mí trabajo. Me encanta lo que hago, aunque es bastante rutinario así que quiero cambiar a un trabajo más creativo porque odio mí trabajo. Yo sé que todo el mundo dice lo mismo y al final nunca hace nada, y yo soy como todo el mundo.

¿Le puedes preguntar al mesero porque no han traído la comida si pedimos hace ya cinco minutos? ¡Gracias! Cuando pagues no deberías dejarle propina por poner malas caras a una cliente que hace su trabajo difícil.

¿Mi familia? Mira estas fotos que tengo en mi cartera. ¡Te va a encantar mí familia! Yo amo a mi familia, veras que tu también la vas a amar, y ellos te van a amar a ti. Porque yo quiero que ames a mi familia. Tienes que amar a mi familia. ¡Tienes que amar a mi familia!

Ahora tengo que ir al baño a pesar de que la comida debe estar por llegar. Sólo voy a tardar media hora porque tengo que llamar a mis amigas y contarles todo lo que he aprendido de ti en todos estos minutos en los que no he parado de hablar. Si llega la comida deja que se enfríe para luego poder pedirte que te quejes con el mesero.

¡Mira toda esta comida que no tengo intención de comer completa! Nadie me dijo que era demasiada comida, excepto el mesero.

¡Discúlpame, pero tengo que atender esta llamada! Es una amiga con la que hablo varias veces al día y tengo que atender para hablar de algo que puede esperar hasta mañana. Sólo serán unos veinte minutos en los que yo respondo con palabras monosílabas porque me está preguntando sobre ti y tengo que fingir que estoy hablando de otra cosa.

¿Por qué no vamos a un bar a tomar algo? Sería exactamente lo mismo que quedarnos a tomar algo aquí, pero con bastante ruido lo que dificulta hablar, y además tendríamos que estar parados. ¡La vamos a pasar bien!

¡Que casualidad! Mira quienes están en el bar, son mis amigas que yo sabía que estaban aquí. ¡Ven, vamos a saludarlas para que puedan juzgarte!

Ahora tengo que ir la baño por otra media hora. Te dejo hablando con mí amiga Juanita, la más fea de todas porque no me atrevo a dejarte hablando con las bonitas. Ya regreso, y asegúrate de responder todas sus preguntas con detalles para que luego ella pueda contarme todo.

Wow, ¿en realidad pasó una hora desde que me fui al baño? Es que tenía que enviar mensajes de texto a Juanita diciéndole que preguntas debía hacerte. Ahora quiero ir a mí casa, tengo sueño y no me gusta este bar a donde te traje.

Ya llegamos. Todo esto fue bastante divertido para mí y no para ti. Ahora di algo que me haga creer que vamos a salir de nuevo. ¡Gracias! ¡Espero que coincidamos en algún lugar en unas semanas y podamos evitar hacer contacto visual porque nunca llamastes! Toma este beso incómodo de buenas noches en el cachete. ¡Nos vemos!

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Radiografía de una primera cita: Él

Fuente Original

¡Hola! ¿Cómo estas? Voy a decir que llevo media hora esperando, pero la verdad acabo de llegar. Mi siesta fue más larga de lo normal.

¿Cómo que si noto algo distinto? Claro, hoy se te ven más grandes, me gusta tu escote. ¡Ah, tu cabello! ¿Eras rubia, no? ¿No? No me importa, estoy ocupado viendo tu escote.

Permíteme fingir que soy un caballero y abrir la puerta del carro para ti y aprovecho la oportunidad para verte el trasero. No, mujer, ¡Gracias a ti!

Vamos al restaurante ABC, al que siempre voy en las primeras citas porque es barato y las porciones son grandes. Todavía no sé si vale la pena que gaste mucho dinero en ti, pero si te portas bien podemos compartir un postre. ¿Quieres ir a otro lugar? Te llevaría a otro lugar que te guste más pero no quiero.

Espero que hayas comido antes de salir de tu casa para que no pidas mucha comida. Yo comí dos cachitos de jamón antes de venir. ¿Ves donde dice Pollo a la Plancha? ¿O Pasta a la Boloñesa? Son los primeros de la lista porque son los más baratos. Yo no los voy a pedir porque no se ven buenos pero para ti es más que suficiente. No, señor mesero, por favor regrese en 5 minutos mientras la convenzo de no pedir nada caro, gracias.

¿Estas segura que no prefieres pedir una ensaladita? ¡No, quise decir sólo una ensalada! ¡No la ensalada más el resto de las cosas! Diablos. No hay postre para ti.

Si, claro, tu trabajo, suena interesante. ¿Puedes mover tus brazos? Gracias, estabas obstruyendo tu escote. Sigue, rutinario, creativo, si, entiendo. Tus brazos otra vez. Gracias. Mesero, ¿por qué nuestra comida ha tardado tanto si pedimos hace cinco minutos? Si, yo también pienso que es una pregunta estúpida. Me cae bien este tipo. No le voy a dejar mucha propina porque soy tacaño, no porque respete tu opinión.

¿Tienes una foto de tu mamá para saber como te veras en unos años? Debo investigar bien en lo que me estoy metiendo y necesito saber cuanto tiempo tengo antes que pierdas la forma y busque una amante, o más bien un segunda amante. ¡Wow, tu papá es un tipo grueso! ¿Cómo? Ah, no es tu papá, es tu mamá. ¿Y hermanas? ¿No tienes hermanas que estén buenas para verlas cuando vaya a tu casa?

Si, yo sé, no he hablado mucho. Prefiero no decir mucho y dar la impresión de que soy misterioso, cuando la verdad es que no tengo nada interesante que decir. Pero tu puedes seguir hablando sola todo el tiempo que quieras.

Por favor, ve al baño sin problema. Toma todo el tiempo que necesites, yo tengo que llamar a mis amigos y a las otras mujeres con las que estoy saliendo para saber que voy hacer más tarde después que te bote. Mesero, ¿si regreso en hora y media con otra mujer me da chance de comer antes que cierren? ¡Gracias!

Ah, hola, había olvidado que estaba contigo. No, tranquila, no te extrañé ni note tu ausencia porque la mujer de la mesa de al lado tiene senos más grandes que los tuyos. La comida está fría pero no estoy molesto porque ya comí algo de tu comida cuando estabas en el baño. No lo haz notado porque fui cuidadoso de no desordenar nada en los platos y así fingir que soy un caballero que espera que llegues para empezar a comer.

Claro, atiende la llamada, yo estoy concentrado comiendo, prefiero seguir ignorando tu presencia y no prestar atención cuando hablas. Voy a aprovechar que estas distraída para pedir la cuenta y así no gasto más en ti. ¿Ya terminantes de hablar? Ah, mira, que sorpresa, trajeron la cuenta que acabo de pedir para que no puedas pedir ni café ni postre.

¿Bar? ¿Qué bar? ¿Cuánto cuesta una cerveza en ese bar? No quiero pagar por tus bebidas, a menos que pidas tequila y te emborraches para darme la oportunidad de aprovecharme de ti.

¿Amigas, donde? ¿Están buenas?. Señoritas, mucho gusto, díganme sus nombres para olvidarlos inmediatamente. No sabia que tus amigas eran más bonitas que tu, excepto esa Juanita. Claro, ve al baño y toma todo el tiempo que necesites, yo me quedo aquí fingiendo que presto atención a tu amiga fea mientras veo de pies a cabeza a las que están buenas.

Hola de nuevo, casi logro olvidarme de ti. ¿Te quieres ir? Que bien porque es temprano y todavía tengo tiempo de conocer otras mujeres esta noche. Fue buena idea venir a este bar pero no fue buena idea venir contigo.

¡Llegamos! Claro, yo entiendo que necesitas creer que te voy a llamar de nuevo. Ahora dame un beso en el cachete mientras yo intento que me lo des en la boca. ¡Buenas noches! Por cierto, ¿sabes si tus amigas siguen en el bar?

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