Propuesta

flores1(Fuente de la Imagen)

Usted no sabe qué le puedo ofrecer. Cómo podría saberlo: sería necesario que pasara toda su vida o toda mi vida, según las circunstancias, para saberlo y bueno, quizás no esté dispuesta a dar tanto ya que están las peleas, los malentendidos, los gritos, los portazos cuando quiera borrarme de su vida. Y ni qué decir de los posibles amores que le crecerán a nuestra relación. Porque déjeme decirle que usted es una mujer sumamente atractiva y por ello siempre tendrá pretendientes que le calentarán el oído. Aunque eso ya lo sabe, todas las mujeres atractivas lo saben; por eso les gusta darse ese lugar de privilegio frente a las exigencias de los hombres. Pero también pueden aparecer amores por mi costado; quién sabe, muchachas desorientadas o mujeres arruinadas que traería el río del tiempo. Todo es posible cuando se tienen cuarenta años. También la puede atemorizar aquello de “el resto de los días” porque suena a eternidad, y la eternidad es algo que no queremos cargar sobre nuestros hombros. Al menos la eternidad de los demás.

O Podría suceder que no le interesen mis palabras, que las lea por encima, que no llegue al final. Puede incluso que se diga que este tipo qué se cree y dé clic en la esquina superior derecha y envíe mis palabras (y a mí con ellas) a los recodos del olvido. Acaso mi solo nombre sea suficiente para inducirla a mandarme a la papelera de la que no saldré ni aunque viniera a rescatarme el mismísimo Dios.

O puede que haya llegado hasta este lugar. Tal vez las palabras le empiecen a transportar en una sonrisa que levó anclas ocho líneas atrás y que la llevará a salvo por la tarde lluviosa hasta arribar a una noche fría y solitaria. Quizás le alcance para que pueda iluminarse mañana cuando se vea al espejo y constate que es atractiva. ¿Atractiva?, dirá titubeante. ¡Atractiva!, repetirá convencida. Si es así, decía, permítame comunicarle que perdió toda posibilidad de salvación. Sé que suena pretencioso, pero créame, llevo veinticinco años enamorándome y enamorando mujeres. ¡Un cuarto de siglo! Imagine cuántas cicatrices se acumulan en ese tiempo. Y cuántas mañas. Porque los hombres de cuarenta somos muy mañosos. Todos los hombres son mañosos acotará convencida, y convencida se le empezará a borrar la sonrisa antes que tenga la convicción que es mejor dejar la lectura y darle clic en la esquina superior derecha para evitar la tentación de seguir leyendo. Pero no lo hará gracias a que la curiosidad la ha llevado hasta este lugar y ahora no podrá desprenderse de ella. A las mujeres no las vence la terquedad sino la curiosidad. Aunque las dos, si les mira bien, son una y la misma cosa. El caso es que usted quiere seguir leyendo a pesar que quedan pocas líneas. ¿Qué puede decir él en las cincuenta y nueve palabras que faltan?, se preguntará. Le puedo anunciar que a las once de la noche sonará el celular y usted contestará llevada por la intriga de lo que le podré ofrecer en esta eternidad que puede que no llegue hasta el final, sino que sea una eternidad de meses, quizás de años, en la que usted y yo al fin podremos…

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Archivado bajo amor, desamor, desplome de los años, miscelaneos, mujeres, narraciones, personal

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