Archivo mensual: enero 2009

Flores Negras (1)

pelirroja1

(Fuente de la imagen)

El corazón salta presagiando borrascas. Sabes que tienes dos minutos para que la multa que penaliza los retrasos no se haga efectiva. Observas impaciente a la cajera que mueve con lentitud sus brazos. Ves el reloj. Vigilas el movimiento de los ojos de la empleada. Miras de nuevo el reloj y de nuevo contemplas a la dependiente que golpea los dientes con sus largas uñas. Los ojos vuelven sobre el reloj. El corazón acelera su marcha pero sabes perfectamente que no es causado por el afán. La impresora Epson lanza un chillido lastimero que rasguña el silencio. Posas nuevamente tus ojos en el reloj. La anciana le pregunta a la encargada sobre las conferencias de hipertensión; esta la mira con los ojos a media asta al tiempo que toma el auricular y lo posa sobre su hombro izquierdo. Contemplas el segundero arribar perezosamente a la línea que está debajo del doce. De lunes a viernes de once de la mañana a una de la tarde, dice la cajera con las palabras escoltadas por un bostezo. Espere anoto señorita, contesta la octogenaria al tiempo que esculca la cartera de cuero que pende de su hombro izquierdo. Tu mirada viaja por la geografía del piso. Te rascas la coronilla. Miras por décima vez el reloj. ¿A qué horas señorita?, pregunta la temblorosa abuelita con el esferográfico en la mano derecha. Todos los días de once de la mañana a una de la tarde, responde la dependiente ramplonamente. La anciana la mira con desaprobación. La empleada le clava los ojos encarándola. El silencio se compacta. La abuela baja la mirada, guarda el lapicero en el bolso y da media vuelta. La cajera te mira a los ojos toscamente. Caminas con pasos lentos hacia ella. Orden, carnet y cedula, te dice mecánicamente. Alargas los documentos que están tibios de tenerlos en la mano. Digita el número de la cédula en el teclado. Su mirada se pierde en la pantalla en tanto que sus dedos martillean los dientes. Tiene una multa de dieciséis mil pesos, dice secamente. Pero sólo tengo un minuto de retraso, contestas. Eso no me importa, responde toscamente. Llame a la doctora y verá que ella no tiene problema, dices con voz que se retuerce por los caminos de la inquina. Te mira a los ojos con desgano. Toma el auricular y lo posa en el hombro izquierdo al tiempo que teclea un número de tres dígitos. Oyes un timbre afónico que tintinea detrás del auricular. El timbre repite su repique agónico. Alo, dice intempestivamente la odiosa empleada; acá está un paciente que llegó tarde y dice que usted no tiene problema en atenderlo a esta hora… Intentas escuchar la respuesta. A las dos de la tarde, responde la cajera al tiempo que mira el reloj de la esquina inferior izquierda del computador. Buenodoctorayoledigo, dice en letra pegada y sin tomar aliento. Cuelga y te mira con aquel odio que se apiña en las esquinas del alma. Que baje a hablar con ella, dice con voz angulosa. Una sonrisa tuerce las comisuras de tus labios. Tomas los documentos que te esperan sobre el mesón. Das media vuelta y caminas con paso triunfante. Bajas las escaleras saltándolas de una en una, luego de dos en dos para finalizar dando portentoso saltos de tres escalones. Llegas al consultorio 211. Golpeas la puerta. Escuchas el pestillo girar; ves la puerta abrirse y detrás de ella aparece una pelirroja de tu misma estatura. Disculpa, ¿la doctora Cendal está?, preguntas a quemarropa. Sí, soy yo; responde sin titubear; debes ser el paciente retrasado. Perdón por el retraso, dices quedo; la imaginaba más vieja; mayor, quiero decir, te corriges. ¿Algún problema con mi edad?, pregunta desafiante. Ninguno, respondes inmediatamente. Pensaba atenderlo, pero creo que es un error; pague la multa y pida de nuevo la cita con una doctora “más vieja”. Sientes las comillas izadas sobre las últimas palabras. Espere, le dices mientras le detienes la puerta que empezaba a cerrar; creo que no hemos empezado bien: muchísimas gracias por atenderme; mi nombre es Diego Niño, dices dulcemente al tiempo que levantas el brazo derecho. Disculpe, he tenido un día terrible, te dice después de sostenerte la mirada; siga por favor. ¿No debo pagar primero?, preguntas con una sonrisa de medalla. Pague después de la consulta. Caminas detrás de ella mientras intentas adivinar el cuerpo que se esconde bajo la bata. Se sienta detrás del escritorio y mira el computador con impaciencia. ¿Qué lo trae acá?, pregunta maquinalmente. Llevo control por epilepsia cada dos meses y este mes la doctora que me trata está incapacitada, respondes como el que recita las tablas de multiplicar. ¿Sabe la causa de la epilepsia?, pregunta con indiferencia mineral. Malasia Cortical en la región antero lateral de la circunvolución superior del lóbulo temporal izquierdo, respondes sin respirar y con una sonrisa jactanciosa. Ella te responde con una sonrisa luminosa que frunce las comisuras de tus labios. ¿Tratas de impresionarme?, pregunta pícaramente. El corazón te crepita en el pecho. Lo suficiente para borrar la mala impresión que le deje bajo el marco de la puerta, dices con insolencia. Pues creo que debes hacer un mejor esfuerzo; ¿qué droga tomas y en qué dosis?, te pregunta con la los ojos blandos. Tome inicialmente Fenitoína Sódica pero los efectos secundarios impusieron el paso a Vulsivan, para terminar tomando, a causa de la supresión de la producción de este medicamento por parte de Psi Farma, a Tegretol Retard; de este medicamento tomo dos tableras en la mañana y tres en la noche. Te sientes eufórico. Ella te observa con interés. ¿A qué te dedicas? Soy estudiante y profesor, dices con voz que pretende sonar neutra. ¿En qué área eres profesor?, pregunta con los ojos fijos en los tuyos. Matemáticas, respondes percatándote que ingresar a una profesión que basa su prestigio en la incompetencia de los profesores de primaria y bachillerato es el único triunfo del que puedes alardear esta tarde. Un silencio espeso, acaso pegajoso, se filtra en la conversación. La contemplas detenidamente; recorres la sinuosidades de un cabello que se debate entre el castaño rojizo y el carmesí; circunvalando el cabello hay un rebaño de pecas y lunares emplazados estratégicamente que lindan con unas cejas que se solapan gracias a la afinidad con el tono de piel; el tabique recto y la nariz pequeña; el tono de los ojos forcejea entre el café y el verde oscuro; los labios son delgados y pálidos; el mentón es prominente y el cuello te parece muy blanco. ¿Si yo fuera un poema, cuál crees que sería?, dice con fullería. Esa parece una pregunta de un test de facebook; ¿la sacaste de ese lugar?, respondes para ganar tiempo. No, se me acaba de ocurrir; responda a lo que se le pregunta, profesor, te dice con altanería. Miras el suelo en actitud meditativa; tomas aire; la miras a los ojos y recitas con voz impostada:

He aquí que viene el estío
la estación violenta
y mi juventud ha muerto
como la primavera
es el tiempo de la razón ardiente
y espero
para seguir la forma noble y dulce
que adopta ella para que pueda amarla

Te quedas callado; te inclinas hacia adelante progresivamente, y continúas

llega y me atrae como al hierro el imán
tiene el aspecto encantador
de una adorable pelirroja

AL respuesta la acorrala. Empieza a escribir en el computador. Escuchas las teclas campanear bajo sus dedos. La miras con arrogancia porque sabes que te quería arrinconar en la esquina del silencio y una vez allí mascarte con la hilera de preguntas que aguardaban en las circunvoluciones de su cerebro. Has ganado la primera escaramuza en el amor, que no es otra cosa –lo sabes perfectamente- que el imperio del forcejeo. La impresora Epson empieza a llorar. Ella contempla el papel emergiendo de las blancas fauces y el carro ir y venir lentamente. El carro cesa su lamento dando paso a un silencio fatigoso. Ahí tienes la fórmula, dice con la mirada perdida en la pantalla del computador. La tomas y te levantas rápidamente. Nos vemos en dos meses doctora, dices ceremoniosamente. Ella te observa tomar el picaporte y girarlo lentamente; esperas que te diga algo; suplicas que te diga algo, cualquier frase, cualquier luz que ilumine el sendero lúgubre que enturbió tu respuesta inoportuna. Termino el turno a las ocho de la noche, dice sin apartar los ojos del computador. Giras sobre los talones lentamente para que no descubra la euforia que palpita en tus venas. Ves el reloj; levantas los ojos y se los clavas en su mirada. Misisipi uno, Misisipi dos, Misisipi tres, vas contando para dar la impresión que estás sopesando la posibilidad de venir por ella en más de cinco horas o irte a buscar aventuras en otro puerto… Misisipi seis, Misisipi siete, Misisipi ocho. A las ocho estaré esperándote con mi mejor sonrisa, le dices con dulzura. Abres la puerta y sales con el irreprimible deseo de saltar de alegría…

(Siguiente capítulo)

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Se crea grupo en Facebook para prevenir Cáncer de Seno

cancer2(Fuente de la imagen)

El auge de llamadas, correos, y notas en el muro de Facebook concitadas por el post anterior demuestran una vez más la incalculable generosidad de los hombres y su inclinación natural hacia la conveniencia de las mujeres.

Rodolfo, a propósito de la perturbación causada por los datos, me sugirió abrir un grupo en Facebook para reclutar valerosos hombres para iniciar brigadas de salud en sectores estratégicos. Días después de la sugerencia cree un grupo con el pedestre nombre de “La Chupada Redentora”, aludiendo a la noble misión de rescatar a las mujeres de las tiránicas fauces del cáncer y el método empleado para redimirlas.

El objetivo del sitio es bajar la incidencia de este mal tratando a muchachas que se encuentran en la sensible franja comprendida entre los dieciocho años y los cuarenta. El primer objetivo del grupo se encamina, por tanto, a concienciar a las jóvenes universitarias de la eficacia del tratamiento y la importancia de practicarlo incesantemente. Para tal fin enviaremos a un grupo de aventajados oradores para dictar conferencias en las academias, al término de las cuales las jovencitas recibirán folletos con la información y el correo al que pueden enviar sus solicitudes para acceder pruebas piloto y adiestramiento en el antiguo arte de la felación. Para esta tarea ya se han postulado insignes miembros (Rodolfo y este servidor).

Otro escenario en el que nos moveremos serán bares y tabernas. Para estos sitios pensamos enviar a hombres con incuestionables conocimientos de ellos y de la fauna que en ellos habita. El plan de acción consiste en persuadir mujeres a salir a lugares más privados para recibir el método indicado y así alejarse del hocico de la enfermedad. Emplearemos, para tal fin, todos las técnicas aprendidas en los largos años de experiencia de los emisarios (entiéndase, mosca española y/o bórax).

Pido, para terminar, que todo aquel hombre que esté interesado en la noble causa y que tenga una cuenta en el Facebook enlistarse en el grupo o, en caso de no tener cuenta, enriquecernos con sus valiosas sugerencias a través de sus comentarios o por el correo del blog.

Muchas gracias por su paciencia.

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El sexo oral previene el cáncer de mama

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Según la Sociedad Estadounidense de Cáncer (ACS) el año pasado se detectaron en Estados Unidos 184.450 casos de cáncer de mama y murieron por este padecimiento 40.930 mujeres. En este mismo país los investigadores de la Universidad de Carolina del Norte descubrieron que de las 15.000 mujeres que conformaban el proyecto, las que practican el sexo oral dos o más veces a la semana, eran menos propensas a contraer este tipo de cáncer.

Lo favorable de la práctica no está en los movimientos de la lengua ni en el ejercicio de los músculos del cuello sino en la ingestión del semen ya que la densidad de enzimas y proteínas, en dicha sustancia, inciden pertinentemente en la disminución de los factores de riesgo. El resultado muestra que, en efecto, el grupo de 6,246 mujeres que tenían sexo oral, en los cinco años anteriores al inicio de la investigación, con una tasa superior a dos veces por semana, tenían una incidencia del 1.9 % de cáncer, en tanto que las 9.758 restantes tenían el 10.4 % contrajo la aterradora enfermedad. [1]

A propósito de los resultados de esta investigación, el Doctor Kramer, de la facultad de medicina de Johns Hopkins (que, entre otras cosas, no está vinculado a la investigación), afirma: “I am surprised by these findings, but am also excited that the researchers may have discovered a relatively easy way to lower the occurrence of breast cancer in women.” [ídem]. Yo, al igual que el doctor Kramer, me encuentro bastante excitado con el promisorio horizonte que este descubrimiento promete. La primera y obvia consecuencia de esta notica es el vertiginosos aumento de las felaciones, como lo confirma la doctora Helena Shifteer, miembro del equipo de investigadores: “Since the emergence of the research, I try to fellate at least once every other night to reduce my chances” [ídem].

Ante estos resultados no podemos menos que ofrecer nuestros importantes servicios a todas las mujeres que requieran de ellos. Pienso, en primer lugar, que debe caer la execrable monogamia que coarta las libertades individuales y que restringe, por ende, la posibilidad de ayudar a las jóvenes que no cuentan con un hombre que oficie de redentor. Propongo, por tanto, que todo hombre provea dos dosis a tres señoritas y que dé una a una cuarta mujer. Esta desafortunada doncella tendrá que buscar otro individuo para la segunda toma. Las mujeres, en contraprestación al servicio, trabajarán, limpiarán y solventarán todas nuestras necesidades.

A las mujeres que consideren que sete trato es discriminatorio les recuerdo que el hombre evacua, en promedio, 4 mililitros de semen en cada eyaculación. Si esta cantidad la multiplicamos por 365 días tenemos 133225 mililitros, o, 133.2 litros de semen en un año. Bajo el supuesto que el hombre “trabaje” durante 40 años tenemos que este pobre sujeto habrá expulsado de sus entrañas 5329 litros del que podemos denominar, sin riesgo de exagerar, oro blanco. Téngase en cuenta, asimismo, que hay 18 miligramos de proteínas en cada litro de semen, lo que indica que en los 40 años de denodados servicios nuestro sacrificado hombre habrá perdido 95.9 gramos de proteínas (95922 miligramos, para ser exacto). Todo esto sin tener en cuenta el necesario gasto en esparcimiento y en reproducción. ¿Después de estos datos siguen considerando que no nos esforzamos?…

Si usted piensa, mi querida y amable lectora, que el cunnilingus cura, en contraprestación a su ejercicio y al consumo de sustancias oleaginosas, el cáncer de próstata y que, por ello mismo, usted exige el sexo oral de cuatro hombres a la semana, se equivoca. El año pasado en el Journal of Clinical Oncology apareció un artículo que asegura que el cunnilingus causa cáncer de garganta. Afirma, de hecho, que el sexo oral  causa tantos cuadros de cáncer en la parte superior de la garganta como el tabaco y el alcohol. ¡Lo lamento!

Los dejo porque hoy inician el tratamiento las vecinas del 110 y del 212.

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Esquirlas (2)

esquirlas2(Fuente de la imagen)

La brisa tibia saluda los toldos que amanecen atiborrados de hombres vociferando improperios al tiempo que sus manotazos exagerados magullan el viento tibio. Al lado de los toldos, sentada en la playa, está una muchacha con un top rojo abrazada a sus rodillas. Camino hasta ella lentamente. El ruido de la música lucha contra el golpe manso del mar sobre la arena, al tiempo que la aurora amedrenta el último lucero del horizonte. Me paro al lado de la joven que se pierde en la contemplación de la línea blanquecina que separa el mar del alba. Hola, digo con voz queda. Su cabeza gira lentamente hacia la izquierda. Contempla mi mirada serena. Hola; ¿cómo te ha ido?, dice imperceptiblemente. Bien. Te creí muerto, dice mecánicamente. Tu amigo Julián me perdonó la vida, le respondo indiferente. Un silencio viscoso penetra la conversación. Me acomodo a su lado mientras el mar toca sus pequeños pies con ternura. Siento el impulso de abrazarla pero me contengo. ¿Por qué lo hiciste?, inquiero con voz temblorosa. Porque me pago bien, responde con un dejo de melancolía. ¿No te importó nada que me asesinaran? No pienso en esas cosas; si pensara en ellas simplemente no lo haría, dijo mirándome a los ojos. El sol que emerge perezosamente del mar aviva la embriaguez de los sobrevivientes de la jarana al tiempo que crispa los acordeones que retumban en los parlantes. ¡¿No te importó ni un poquito que Julián me incinerara?!; grite enardecido. No, respondió secamente. ¡Eres una perra!, le increpo con violencia. ¡Y tú un huevón!, responde inmediatamente. ¡¿Un huevón?!, inquiero con el ánimo hundiéndose en la ciénaga de sus ojos cafés. ¡Sí; un huevón!; sólo a ti se te ocurre creer en el amor a los veintinueve años de edad; ¡imbécil! La respiración empieza a rasguñar la boca del estómago. Veo el agua filtrarse por las ranuras de la arena. Libera las rodillas al tiempo que me mira contemplar el eterno embate del mar sobre la ribera. Me alegra que no te haya asesinado Julián, dice con la misma voz azucarada de aquel atardecer hundido en el fango del tiempo. Mi voluntad empieza a caminar sobre terrenos cenagosos. No creas que era fácil mirarte a los ojos sabiendo que te tenía que entregar a ese descerebrado; dice con la mirada hincada en mis ojos. Lloré un pocotón cuando esos gorilas te sacaron arrastrando del apartamento. Entiéndeme, dice después de una pausa; ¡si no le hacía caso a la que sacaban arrastrando del apartamento era a mí! La gente de Julián estuvo buscándome por meses para matarme pero no me encontró. ¡Entiéndeme, por favor!, dijo con la voz granulada. La miro con ternura. Con el índice de la mano derecha le quito el cabello que quedó preso en la comisura del labio. No te he podido olvidar, dice con la voz esponjosa. Sólo quería saber eso, digo después de contemplar la piel del mar. Me levanto lentamente; doy media vuelta y empiezo a caminar por la playa. Ella me mira caminar con los ojos temblorosos.

Dieeeeggggggooooooo, grita en un ataque repentino. Me detengo. Giro sobre mis talones. La veo correr hacia mí. Cuando está a cincuenta centímetros se abalanza sobre mí. No puedo contener el embate y caigo sobre la arena con ella aferrada a mi cuello. En el piso, con el rumor del mar despidiendo el estrépito de los últimos borrachos, siento la mansedumbre de sus labios oprimiendo los míos. Se separa para mirarme a los ojos. Eres un bacán, dice con los ojos brillantes. La miro con tristeza. ¿Por qué tienes esa cara?, inquiere con el ceño fruncido. Porque ahora sé qué sentiste cuando me entregaste, digo al tiempo que escucho el golpe seco del bate golpeándole la cabeza…

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Esquirlas (1)

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Tus dedos transitan el margen de mis pantaloncillos y mi pene se yergue orgulloso. Mi lengua explora, entretanto, la humedad de tu boca y mis dedos asedian tu pubis con objetivos inconfesables. La cadencia de tu respiración aumenta su ritmo y la lengua, acorde con el ascenso, palpa la textura de mi boca. Tu mano irrumpe en mi pantaloncillo y toma el enhiesto pene con violencia. Mi corazón se desboca en el pecho y mis dedos, prudentes hasta ese momento, invaden tu vagina. El beso se torna en mordisco y las manos arrancan la ropa que frena la arremetida. El palpitante ariete entra en la gruta con violencia al tiempo que gimes con pasión. En el momento que la consciencia me abandona empiezo a embestir con frenesí…

Cuando camino por el apacible médano del orgasmo siento el frío hierro hundirse en el esplenio del cuello. El puñal sale para morder un segundo después el esplenio de la cabeza. La sangre, tibia y vehemente, desciende por el cuello hasta caer en las sábanas verdes. Contemplo la sonrisa de Melina. La miro con horror. La navaja sale mansamente para bajar con violencia contra el romboide mayor. Me desplomo sobre Melina al tiempo que gruñe por el peso que la comprime. Me empuja hacia arriba con las manos y gira su cuerpo hacia la izquierda. Caigo al piso. De las tinieblas emerge mi esposa con una mueca de desprecio surcándole las comisuras de los labios. Melina se incorpora velozmente y corre a los brazos de mi mujer; la abraza con fuerza mientras las lágrimas lavan sus mejillas. Mi esposa, después de unos segundos, la aparta de sí; la mira a los ojos; le quita los cabellos húmedos que están adheridos a sus mejillas y la besa apasionadamente en la boca. Le sonríe con compasión; da media vuelta y empieza a caminar hacia la puerta. Melina la mira con asombro. Juliana, le dice con voz tenue; mi mujer se queda quieta bajo el marco de la puerta; ¿a dónde vas?, pregunta Melina con la voz temblorosa. Mi esposa hunde las manos en los bolsillos del gabán. ¿A dónde vas?, vuelve a preguntar. Juliana da media vuelta al tiempo que saca las manos del gabán. Melina corre hacia Juliana pero un estallido la detiene a mitad del camino. Su cuerpo se desmorona en las tinieblas como un edificio abatido por una explosión. Juliana da media vuelta y empieza a caminar por el oscuro pasillo…

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300

300(Fuente de la imagen)

Los ingenieros de Google han hecho algunos cálculos y creen que tardarán 300 años en indexar toda la información que existe actualmente para ponerla a disposición de los usuarios. 300 parejas se casaron el 8 de agosto del 2008 en Shanghái para aprovechar la “bendición” del ocho (más del 50% de ellas se han separado). En diciembre Walt Disney ubica 300 árboles de navidad siendo el más alto el de Disney’s Contemporary con 30 mts de altura. En este mismo lugar hay un total de 300 especies de animales, siendo en total 1100 animales. Los expertos afirman que en el 2020 China tendrá 300 millones más de hombres que de mujeres. Los bebés tienen 300 huesos (una persona mayor tiene 206), y se sueldan entre sí posteriormente. El corazón del erizo late un promedio de 300 veces por minuto. Un topo puede cavar un túnel de 300 pies de largo en solo una noche. La torre Eiffel mide 300 metros sin contar con la antena que tiene en su punta (esta mide 25 metros). Para el rodaje de Ben Hur (1925) se construyeron unos 300 decorados copiados de edificios, estatuas o pinturas reales. A pesar que existen 300 variedades de roble en el mundo, sólo dos son útiles para añejar vino (el roble europeo y el roble americano). En el 2007, en la Unión Europea se desecharon 300 millones de neumáticos. Según el libro Guinness el halcón Peregrino alcanza velocidades de 300 kilómetros por hora. General Motors donó 300 automóviles para que se usasen en la película Matrix Reloaded (todos los autos fueron destruidos). Durante el sueño perdemos un promedio de 300 gramos de peso. Existen 300 especies de palomas en el mundo. 300 palabras componen este post que es, a su vez, el post número 300 de este blog.

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