Archivo mensual: julio 2012

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Cuando tejes parece que sólo te importara el movimiento de las manos, la puntada que se desprende de las agujas, el empalme de las hebras que emergen del ovillo. Te pierdes en la maniobra hasta arribar a terrenos en los que no puede entrar mi curiosidad y luego, en un galope tenue, regresas intangible, como si tú y tus manos fueran humo de un incendio lejano. Luego me contemplas con curiosidad o miras el televisor que enciendes para que te acompañe en la larga travesía, y retornas, poco después, al imperio de agujas y hebras anudándose, retorciéndose, desentrañando la silueta que va naciendo enredada de tus más olvidados recuerdos.

En la leve ondulación del tejido encuentro razones que no hallé en los fangales de la especulación: creí que te conocía, que sabía quién eras, pero mis ojos no veían el dolor que evades hilando, la angustia que estrangulas en cada giro ni la zozobra que se transforma en prolongados silencios. He aprendido, por tanto, a maravillarme con el jugueteo de las agujas, el dulce traqueteo de sus embates, sus breves escaramuzas y el hermoso milagro de ser testigo del instante en el que te hundes en el semántico murmullo del temor…

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1097 días (732 de Unión Libre)

Primero fue la divergencia de ciudades quien nos obligó a amarnos a cuentagotas, desbaratando la distancia (aquella línea que distribuye kilómetros y caricias), desordenando las horas que se acumularon hasta imponer su pesadez de sombra sobre las noches que anunciaban el desvelo de la despedida, sobre las conversaciones que pregonaban la esperanza del reencuentro.

Después fue el viaje que se hizo definitivo, y con quien vinieron los aguijones de la convivencia que almacena pretextos para reñir, que rasguña el humor, la cotidianidad que acomoda papeles en cajones, que recoge la ropa arrugada en canastas, que transforma el destino montaraz en un presente de camisas planchadas e hipotecas a quince años. Fue una buena decisión, me digo en las mañanas en las que encuentro el amor alineado con las estrellas y en las auroras de sábanas arrugadas por el amor de la media noche, por el jugueteo crepuscular, por los besos que me ofreces poco antes que te lances a ese mar de mujeres y hombres que crecen en la espuma del temor.

Pero cuando estás arisca, cuando los problemas te ponen agresiva o cuando hay dudas o celos, me digo que fue mala idea, que es hora de acuchillar las manos que te tocan y enterrar los versos que quieren robarte una sonrisa. Son días en los que te encierras en un silencio de abismo, en los que tu cuerpo se hace extraño, como si fuera de piedra o ceniza, días en los que las frases hieren con sus filos. Llego a la misma conclusión cuando me corroen los celos, cuando me abruma esta melancolía que se desborda llevándose los recuerdos por las grietas de la brisa, que abate árboles que caen sobre el pasado, que se arremolina en las esquinas del olvido. Me transformo, en ese momento, en un huracán de blasfemias y gritos que amenaza señalando la puerta, como si fuera el dedo de Dios o los renglones del Destino (que ingenuidad suponer que tengo el poder de decidir sobre tu vida o la mía). Luego me tranquilizo, disminuyo de tamaño como el Chapulín Colorado después de tomar pastillas de chiquitolina y me escurro por los ojales de la vergüenza. Tú, aprovechando el repliegue, enumeras los errores que he cometido (los reales, los que aún no han ingresado a esa categoría y los que cometeré en el futuro), sabiendo que ese es el preludio del perdón, del arrumaco de las tres de la mañana, cuando piensas que estoy durmiendo, siendo, en realidad, que finjo el sueño para que te acerques lentamente, como las tinieblas que emergen de todos los rincones, me acaricies la barba, la frente lustrosa y te diga, entre las telarañas del sopor, perdóname, logrando, de esa manera, que el tiempo se encorve hasta llegar a aquella noche en la que te besé el dorso de la mano, en la que me miraste como si hubiera descendido de un platillo volador, y seamos, nuevamente, una pareja acomodándose a los vaivenes del azar, a los caprichos de la vida, una dupla que gana en los complicados cálculos del amor gracias a que la sumatoria de sus actos es mayor a cada acción y a la suma de los circunstancias de cada uno. Al siguiente día bajo a la cocina para hacer el tinto y despedirte con una bendición y un pico apresurado, mientras llega la certeza que la vida es más que el dinero con el que sobornamos la felicidad, más que el futuro con televisores de cuarenta y dos pulgadas, más que las deudas que se emboscan en las promesas de la tarjeta de crédito y muchísimo más que títulos o trofeos. Doy media vuelta, cierro la puerta y subo a dormir entre las cobijas que custodian las incertidumbres de la noche, entre el perfume que te persigue por la casa y las camisas que se mecen por el empuje del rayo de sol que penetra por la rendija que la alborada abrió en la unión de las cortinas…

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Cuarto anuncio

Debo aclarar, frente a la catarata de preguntas ocasionadas por el anuncio anterior, que es un libro impreso el que se encuentra en Amazon y que, por ahora, no hay versiones para descargar ni hay manera de conseguirlo en librerías.

La idea, para ser franco, es lograr “visibilidad” en la red para que las librerías sepan, al buscarlo en la internet, que existe un libro titulado Con Vocación de Espina.

Ahora, si tienes curiosidad sobre el texto, pica acá para que puedas descargar un fragmento de él y tengas, de ese modo, la posibilidad de conocer algunos pasajes y poder imaginar cómo se verá impreso. No sobra decir que la selección fue aleatoria en cuanto categoría y textos dentro de cada una de ellas (espero sinceramente que te guste y, por esa vía, te persuada de comprar el libro).

Recuerda, para finalizar, que puedes encontrar el libro en Amazon.com y en Amazon.es.

Gracias por apoyar esta noble causa.

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Tercer Anuncio

Señora, señores, lectoras y lectores de todos los recodos de este hermoso y conflictivo planeta. A continuación les dejo la exhortación que quedó en la contraportada del texto que está en circulación… sí señora, sí señor, como lo oye: ya se encuentra el libro en Amazon donde, si está interesada(o), que sé que lo está, lo podrá hallar tecleando el título en el buscador de libros. Es más, acá le dejo el link para evitarle cualquier molestia ocasionada por la agitación que pueda generar la búsqueda.

Muchísimas gracias por el apoyo y por la compra 🙂

Si eres de las personas que les causa curiosidad las profundidades de los hombres o mujeres que, al igual que tú, se alegran con la puesta de sol, se enamoran sin restricciones o les duele la indolencia con la que viven sus semejantes y quien, quizás, se cuenta entre las personas que les atrae el lento cabeceo de las begonias, la dulce caricia de la brisa de las seis de la mañana o el aleteo de una duda al margen de las tinieblas de las doce de la noche, poco después de entregarse al arqueo de pesares y alegrías. Si lo eres, decía, te atraerá el libro que acaba de publicarse quien contiene las especulaciones de un hombre que, al igual que tú, cuenta y calcula los sucesos del día, se solaza contemplando los granos de polvo en su lento ascenso por los rayos de sol que penetran por las rendijas de los días, canta en la ducha y le sonríe a la señora que encuentra todas las mañanas en el bus que lo lleva a esa vida que le trae más interrogantes que respuestas. Encontrarás, además, sus fantasías bosquejadas en las decenas de historias que emergen de cualquier rincón del libro sin saber si son enteramente ficticias o tienen raíces en sus vivencias que, por lo que refiere en la primera parte, han sido lo suficientemente anárquicas y desordenadas como para suponer que le pertenecen.

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Segundo anuncio

(Fuente de la Imagen)

Amada lectora, paciente lector, visitante que el viento de la internet ha traído a esta bitácora, es un gusto, ¡qué digo gusto!, es un orgullo anunciarte que terminé, después de dos largas semanas, el borrador del libro.

Te invito, por tanto y como preludio a este, a que leas el prólogo y me des tu opinión por los conductos que ya conoces (diegoninho@gmail.com o https://www.facebook.com/diegoninho).

Gracias por el apoyo.

Vienes caminando por la calle que cubre una sombra que crece vertiginosamente. Una llovizna imprevista o el empuje de la curiosidad te llevan a una librería que te aguarda aferrada al crepúsculo. Lees y relees títulos, autores, géneros hasta llegar a un libro de un autor tan desconocido como el título pero en quien hay algo en la asociación de palabras que te impulsa a desenterrarlo del estante en el que lleva minutos acechando tu mano. Le miras el lomo, la carátula, lo abres en la tercera página en la que aparece este texto que te lleva a la librería, al estante y a la ciudad en la que estás en este preciso instante pero esta vez desde los abismos de la imaginación de un individuo que tiene, al igual que tú, al igual que todos los seres humanos, todos los elementos de un personaje de novela y quien está navegando por los compases del Claro de Luna de Beethoven. Te sientes, en consecuencia, atraído por casualidades que quizás nos sean tal cosa sino líneas trazadas desde el comienzo de los tiempos por la mano de algún dios juguetón…

O quizás no te acerques por aceras o calles sino que te aproximes por los azares de un buscador. Miles de nombres corren, en consecuencia, por tus ojos a la velocidad que le imprime el dedo a la rueda del mouse. Te detienes en algunos autores famosos, o en textos desconocidos; contemplas portadas y sinopsis en busca de aquel compañero que quieres tener al margen de la cama, faro y guía en las noches de insomnio o compañero de viaje, quizás acertado y prudente consejero. Llegas, de pronto, a un libro que es igual a millones salvo porque él, en este lugar y circunstancia, acaba de nombrarte, robando, de ese modo, una sonrisa cómplice y toda tu atención…

Sea como sea, acá estamos, apreciada lectora, querido lector. Solos tú y yo. Es hora, por tanto, que te hable de lo que sigue, de lo que está más allá de estas palabras que buscan animarte, acaso por pertenecer al prólogo, a que leas el libro de tapa a tapa, de comienzo a fin, sin dar tregua a las reflexiones o, tal vez, dando espacio a las pausas necesarias para digerir alguna frase, algún callejón que te lleve a tu niñez, a un amor esquivo o a un naufragio de recuerdos.

Lo primero que debo decir de este libro es que es el resultado de cincuenta y tres meses de publicaciones en el blog que lleva el mismo título de este trabajo. En ese periodo de tiempo publiqué cuatrocientas sesenta y tres post, como se denominan en la jerga bloguera, de quienes seleccione noventa y dos que fueron discriminados en siete categorías. El criterio con el que elegí dichas categorías, arbitrario como toda discriminación, se ajustó a la evolución del blog: inició como un espacio para la reflexión y la divulgación, por llamarlo de alguna manera, de evocaciones y aspectos de mi vida. Este concepto, sin embargo, fue fluctuando hasta la irrupción de A más de mil kilómetros de ti , la primera blogonovela de la bitácora. A partir de ese instante el blog empezó a dar un giro hacia relatos e historias hasta arribar al veintidós de abril de dos mil nueve, día de la publicación del primer capítulo de Hablando Solo . Desde ese día Con Vocación de Espina se transformó en un lugar, con honrosas y bellas excepciones, para narraciones que giran en torno a temas de Amor-Desamor, Saudade, Epístolas y una especie de microrrelatos denominados Mínimas, acaso en oposición a las máximas que enseñan y educan.

Ahora bien, la distribución de los textos, a lo largo de cada categoría, es cronológica. Esta inicia, por tanto, en febrero de dos mi ocho (mes y año en el que se inauguró la bitácora), y terminan, en algunos casos, con textos de esta semana. El objeto de este trayecto es que tú, querido lector, tú, impaciente lectora, viajes por la evolución o retroceso, según tu criterio y gusto, de los textos en la misma dirección que viaja el torrente de este río caudaloso y escandaloso que algunos llaman Tiempo y otros tantos denominan, sin entrar en honduras técnicas, Vida.

Pasó, hechas las anotaciones (in)necesarias para comprender el criterio y las razones que tomé para que el libro tenga esta forma y orden, a la última oferta. Si mis palabras, amable lector, querida lectora, te han parecido adecuadas te invito a que te decidas a llevártelo a tu casa para que te acompañe en las noches en las que el sueño se escapa por las rendijas de las tinieblas o para que sea fiel compañero de los días en los que te asalte el tedio. Ahora, si aún no tienes dudas, te exhorto a que abras el libro y te detengas, llevado por los vientos del azar, en alguna página y leas el texto correspondiente. Si no te gusta simplemente lo cierras y lo dejas abandonado a su suerte pero, si sucede lo contrario, llévalo para que sea parte de tus jornadas, de tus noche y días, para que permanezca en los cajones de tu escritorio o alineado con otros textos, aguardando como el fiel amigo que espera en algún recodo de tu vida.

Muchas gracias por tu paciencia

Diego Niño

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