La voluntad: sirvienta de los sentimientos

Hoy, mientras la lluvia lamia el viento, concluí que la voluntad, cuando la vida anímica está magullada, es la sirvienta de los sentimientos.

Lo digo, en primer lugar, porque el individuo es incapaz de resistirse a los requerimientos de la contraparte. Si ella, o él, por ejemplo, nos necesita corremos solícitos a sacarla de su estado; o nuestra voluntad se desmigaja ante la exigencia del alma de llamarla.

La voluntad, en segundo lugar, no consigue controlar el dolor que rasguña los entresijos por más empeño que se ponga: los sentimientos danzan frente a nuestros ojos sin que nuestro empeño pueda disuadirlos, por lo menos, que le bajen al tono de sus gritos.

Estos dos elementos muestran que si el alma, que es la casa de los sentimientos, quiere sufrir o buscar a alguien le importa muy poco si la voluntad lo quiere o no: simplemente le ordena a la voluntad que emplace las tuercas y los engranajes para que el cuerpo funcione. ¿Qué hace la voluntad? Engrasa los embragues y enciende el cuerpo para consumar el mandato del alma.

Sé que habrá personas que me dirán que ellos siempre han podido resistir y su voluntad ha triunfado sobre las adversidades o sobre la amargura. De hecho, dirán, todos lo superan puesto que son muchísimos más los que salen de estos momentos difíciles que los que sucumben a ellos. Lo anterior es completamente cierto. Lo que pasa es que en ningún momento aseguro que la situación es permanente. Lo que afirmo es que en el período en el que el dolor es más intenso la voluntad se pone el delantal y se pliega a las dinámicas de los sentimientos. Eso es todo.

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2 comentarios

Archivado bajo General, reflexiones

2 Respuestas a “La voluntad: sirvienta de los sentimientos

  1. Me pregunto por el dolor y su manifestación.
    Además, creo que la voluntad no sólo responde a mayor presencia de dolor. Su manipulación también está ligada a la satisfacción, mientras más satisfacción, la voluntad obedecerá para que ese estado no cambie.

  2. Diego Niño

    Por supuesto Admin. El placer tuerce la más férrea voluntad. En ese caso también cumple satisface el argumento expuesto arriba.

    Gracias por la visita y por el comentario.

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