Archivo mensual: febrero 2011

Cinco días atrás fui, gracias a tu tentativa de divorcio

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el soltero que solía ser: aquel que deambula por la Plaza Ché con la esperanza que la corriente del tiempo le ceda interlocutores ocasionales o aquel que se solaza calculando las posibilidades de enamorarse de la jovencita que, invariablemente, le lanza sonrisas homogéneas desde el otro costado de la cafetería (contemplaba, como puedes ver, los viejos horizontes de la holgazanería, las antiguas grietas de la desocupación). Pero al atardecer, cuando la llovizna devino en penumbra y tu voz no me había tocado, descubrí que sería agobiante la vida sin ti: camisas y sábanas arrugadas, medias agujereadas, tardes inciertas, amores con fecha de vencimiento, momentos de algarabía en los que sentiría la ráfaga de una gripe indomable, acaso de una fiebre pujante y, detrás de ella, el delirio de tu nombre, el desorden de tu recuerdo… esta conclusión sumó, para provecho mutuo, una nueva dimensión a este amor multitudinario, a esta ternura de rejas y aguijones: tus dedos peregrinando por mi nuca no caminarán, en adelante, por la delgada línea del tiempo ni por la dudosa tridimensionalidad del espacio sino que medirán, adicionalmente, la extensión de tu posible ausencia, el filo de tu potencial exilio (así como tus besos ya no son aquella expresión habitual de afecto sino que pasan a ser el áncora que evita que me extravíe en los abismos del olvido, en las profundidades del desconcierto)…

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Alucinado

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Lejano, perdido en las grietas de las horas, en los abismos de la ausencia, en la quimera de suponer que una tarde te encontraré con la misma sonrisa que tenías la mañana en la que me hallaste intrincado en la prosa de Manuel Mejía Vallejo;

(ese día me miraste desde lejos, sabías que era yo con quien hablaste por teléfono el fin de semana, y a quien ubicaste, gracias a la manigua de adjetivos, entre los hombres de frases molidas de tanto masticarse en la memoria, de tanto manosearse en el vano de las clases, acaso en las tinieblas de las reflexiones, entre los humanos con los ojos extraviados en los imprecisos senderos donde la razón no ha posado su pie, donde la especulación nunca será bienvenida)

dirás, aquella tarde, al reconocerme en la tropel de esperanzas, en el tumulto de voces, “no he dejado de pensar en ti” y te diré entonces, sólo entonces, “tampoco he dejado de pensarte, de repasarte en los surcos de la memoria, de buscarte en las mañanas de Teoría de Cuerpos y en los lluviosos atardeceres de Análisis Vectorial en los que no estuviste, de los que no te pude poner al tanto con calificativos ostentosos y verbos milimétricos”… pero, como dije, es una ilusión, acaso la más cara de mis fantasías, ubicarte en calles por las que mis pasos vagan sin rumbo, en los callejones donde se desorientan los delirios, en las aulas en las que me pierdo entre teoremas y demostraciones para luego hacerte decir lo que anhelo escuchar, lo que mi vanidad exige de las circunstancias, de las mujeres, de mi inexistente capacidad de atraerte porque no eres, a estas alturas de la nostalgia, más que otro de mis desvaríos, otra de mis alucinaciones…

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400

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Un círculo está dividido en 400 grados centesimales. 400 es un Auto Número (también se llama, por alguna razón desconocida, Número Colombiano) en base 10 y, dado que es divisible por su base de diez dígitos, es, asimismo, un Numero de Harshad. 400 fueron los elegidos para sustituir el Boulé (asamblea griega a la que pertenecían 500 ciudadanos mayores de treinta años) que perdió, en el 411 A.C, la Expedición a Sicilia (en esta batalla murieron 40.000 atenienses). El error HTTP 400 se muestra en los casos en los que, por problemas de sintaxis, no se puede cumplir la solicitud hecha por el usuario. 400 eran, en criterio de Ward McAllister, el número de personajes “respetables” de la Ciudad de Nueva York (“If you go out side that number you strike people who are either not at ease in a ballroom or else make other people not at ease”). Atari 400 fue el primer computador personal diseñado para competir contra Apple; de este modelo existían dos tipos: Candy, de bajo costo y Colleen, de alto nivel y capacidad (Colleen era la bellísima secretaria de Atari). 400 era el número de plazas del RMS Olympic, primer Transatlántico de la Serie Olympic, hermano del Titanic y del Gigantic (este último fue rebautizado Britannic gracias al hundimiento del segundo de ellos). La Materia Perdida se encuentra, según un equipo de científicos de la Universidad de California, a 400 millones de años luz. 400 Clubes de 55 Asociaciones de fútbol recibirán de la FIFA parte de las ganancias acumuladas en el Mundial Sudáfrica 2010; los Clubes que recibirán mayores beneficios son: Barcelona con 866.267 USD, Bayern de Munich con 778.667 USD y Chelsea con 762.667 USD (la participación depende del número de futbolistas convocados al certamen y del tiempo en el que cada uno de ellos estuvo en el mundial). 400 era el nombre del tren de pasajeros que unía las ciudades de Chicago con Saint Paul y quien era operado por la Chicago and North Western Railway (así se le denominaba porque cubría en 400 minutos los 400 kilómetros que unen estas ciudades). Alarico decidió, en el 400 D.C, acaso empujado por su avidez, ocupar el norte de Italia para ir, posteriormente, sobre Roma (ciudad que, en efecto, saqueó en agosto del 410). 400 son los post publicados en este blog y 400, como ustedes imaginarán, son las palabras que componen esta entrada.

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Despedida (2)

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He venido a enterrarte entre aguardiente y boleros. No esperes que me entregue a poemas que hablan de amores ni que articule sermones porque el olvido se resiste a enamorarse o a reclamar. Tampoco esperes que te guarde luto o que balbucee la oración que se acostumbra pronunciar en estos casos ya que tu recuerdo no tomará las rutas del dolor ni los senderos del purgatorio. Nada puedes anhelar ahora que sólo eres una imagen borrosa, un reflejo difuso, de la que fuiste, de la que pudiste ser, un rumor que se pierde en el enjambre de evocaciones. Sólo podrías aspirar a que una tarde, acaso una noche, el cabeceo de una rama, quizás el chillido de un cuervo, me traigan las sombras de tu voz, el almidón de tus besos, las hondonadas de tu cuello… pero es difícil que eso suceda: vivimos en la realidad en la que las raíces de tu ausencia consumen el jardín que no conoces, la cama que nunca habitaste, los labios que eluden los tuyos y las manos que rasguñan el silencio en el que empiezas a yacer…

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