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400

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Un círculo está dividido en 400 grados centesimales. 400 es un Auto Número (también se llama, por alguna razón desconocida, Número Colombiano) en base 10 y, dado que es divisible por su base de diez dígitos, es, asimismo, un Numero de Harshad. 400 fueron los elegidos para sustituir el Boulé (asamblea griega a la que pertenecían 500 ciudadanos mayores de treinta años) que perdió, en el 411 A.C, la Expedición a Sicilia (en esta batalla murieron 40.000 atenienses). El error HTTP 400 se muestra en los casos en los que, por problemas de sintaxis, no se puede cumplir la solicitud hecha por el usuario. 400 eran, en criterio de Ward McAllister, el número de personajes “respetables” de la Ciudad de Nueva York (“If you go out side that number you strike people who are either not at ease in a ballroom or else make other people not at ease”). Atari 400 fue el primer computador personal diseñado para competir contra Apple; de este modelo existían dos tipos: Candy, de bajo costo y Colleen, de alto nivel y capacidad (Colleen era la bellísima secretaria de Atari). 400 era el número de plazas del RMS Olympic, primer Transatlántico de la Serie Olympic, hermano del Titanic y del Gigantic (este último fue rebautizado Britannic gracias al hundimiento del segundo de ellos). La Materia Perdida se encuentra, según un equipo de científicos de la Universidad de California, a 400 millones de años luz. 400 Clubes de 55 Asociaciones de fútbol recibirán de la FIFA parte de las ganancias acumuladas en el Mundial Sudáfrica 2010; los Clubes que recibirán mayores beneficios son: Barcelona con 866.267 USD, Bayern de Munich con 778.667 USD y Chelsea con 762.667 USD (la participación depende del número de futbolistas convocados al certamen y del tiempo en el que cada uno de ellos estuvo en el mundial). 400 era el nombre del tren de pasajeros que unía las ciudades de Chicago con Saint Paul y quien era operado por la Chicago and North Western Railway (así se le denominaba porque cubría en 400 minutos los 400 kilómetros que unen estas ciudades). Alarico decidió, en el 400 D.C, acaso empujado por su avidez, ocupar el norte de Italia para ir, posteriormente, sobre Roma (ciudad que, en efecto, saqueó en agosto del 410). 400 son los post publicados en este blog y 400, como ustedes imaginarán, son las palabras que componen esta entrada.

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Dos años

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Una tarde de enero de 2008 estaba viendo, como acostumbraba hacer en aquellos días, las fotos de un grupo de facebook que acopiaba  instantáneas de la capital colombiana. Había, entre las imágenes, una en la que un señor de bigote hitleriano estaba custodiado por dos niñas; al pie de ella se leía: “1930 y pico. El señor Julio César Olaya Torres posa en el parque de la Independencia con sus dos hijos mayores que por alguna razón están disfrazados de niña. Mi papá es la niña que sostiene el bastón”. Me gustó la asociación entre el humor y la brevedad del escrito. Pique, atendiendo a mi curiosidad, en el nombre que acompañaba la fotografía y encontré, entre los álbumes de este personaje, decenas de textos de igual factura (en ese momento me invadió una oleada de aquella envidia que los cándidos ubican -haciendo caso omiso de la ironía que esta elección entraña- entre las de buena cosecha). En una de las instantánea había, a manera de respuesta, un link que llevaba al post de un blog. Leí entera, gracias a la inercia ociosa, la bitácora que asilaba la entrada. La envidia, al finalizar el examen, transformó un sentimiento noble en la necesidad concreta de escribir un blog de naturaleza parecida (o, eventualmente, igual) al que acababa de leer. Para tal efecto recurrí al sitio que años atrás había servido de escaparate para los poemas que escribí en septiembre de 2006. Anulé todos los versos y reinauguré, bajo un nuevo formato y objetivo, Palabras al Viento.

Días después, el domingo 10 de febrero, decidí trasladarme a WordPress gracias a que consideraba que él ofrecía mejores plantilla que Blogspot (sitio donde se hospedaba Palabras al Viento). El título causó, una vez elegí la plantilla, toda suerte de cavilaciones: aspiraba, en primer término, que fuera sonoro, que sintetizara el propósito y, por último, que conglobara mi amor por la poesía con los anteriores ideales. Después de una larga deliberación recordé, al filo de las doce de la noche, aquellos versos que Carranza tallara en su poema Domingo:

he comprendido cómo una palabra
de la materia azul de la espada
y con aguda vocación de espina
puede estar en la luz como una herida

Trasladé, una vez se estableció el nombre de la bitácora, los post que había colgado en Palabras al Viento. Escribí, para inaugurar la comarca y terminar el tránsito, un post en el que elogiaba las facultades afrodisiacas de la fritanga (este escrito, sea dicho de paso, acompañó una infografía sobre esta comida criolla)…

Y así se fueron hacinando palabras e ideas. El blog que pretendía, en principio, imitar al Juglar del Zipa se transformó, gracias al ejercicio continuado de la escritura, en un paraje que se inclina a la narrativa. Las expectativas fueron, por otra parte, rebasadas con creces: imaginaba que el entusiasmo duraría un mes y que iría decreciendo, en meses posteriores, hasta desaparecer; esperaba, asimismo, que el contador de visitas no rebasaría los 1.000 hits ni que el número de artículo superaría la media centena. Hoy, sin embargo, cumplo 24 meses de actividad; las visitas aventajan las 80.000; he escrito 130.901 palabras (incluyendo las actuales) distribuidas en 360 entradas y he recibido 474 comentarios. Estas cifras se alcanzaron gracias a las personas que manifestaron, mediante correos, comentarios en facebook, apostilla en el blog y acotaciones a viva voz, el interés generado por mis escritos y el contenido de los mismos. A ellos, es decir, a ustedes, les debo, además de una gratitud enorme, la responsabilidad de confinar la esquiva palabra y al arisco razonamiento en cada escrito.

[Elegí, en homenaje a la simetría, celebrar los dos años imitando la conmemoración del Juglar]

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124 días

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Recibo tu nombre en las auroras para tenerte cerca a mi boca y poder besar aquella ternura que tus ojos acunan o, quizás, para acariciar la melancolía que emerge de las ciénagas de tu amanecer. En las mañanas, después de la primera llamada, espero que el viento transforme la huella de tus palabras en una espiral de polvo y cenizas. Intento cumplir, después que la hélice se deshace en migajas de silencio, las gravosas obligaciones: la topología que rehúsa definir la continuidad de las turgencias y hondonadas por las que transita mis labios, las derivadas que trazo con las mismas yemas que guardan la memoria de tu piel y la infame labor de transitar la ciudad sin mi mano encarcelada en tus dedos. En el ocaso te llamo (o me llamas) para acordar la hora en la que tendrás una mirada de 8.2 megabytes, una sonrisa desmagnetizada y una voz polifónica. Al final, cuando las frases se deshilachan a causa del cansancio, y cuando susurran, desde las tinieblas, los compromisos que seguirán cerrando el nudo en torno a nuestro cuello, apagamos los computadores y me acuesto a esperar la alborada que, de nuevo, me recibirá sin tu ternura y sin aquella melancolía que brota de las comisuras de tu alma…

El amor crece -no obstante los días en los que tu ausencia es más concreta que mi existencia y las noches en las que anhelo que tu cuerpo encienda los tendones de mi pasión- en todos los rincones del corazón con la solidez de un trasatlántico y las certezas que se construyen en las orillas de la cotidianidad hunden, asimismo, sus raíces en las cada día más abonadas praderas del compromiso. Todos los pasos que he dado en los últimos 124 días se encaminan (como nunca lo habían hecho) hacia el insondable futuro, así como mis pensamientos buscan las rutas por las que transitarán nuestros destinos…

Por ello agradezco al cielo por ponerte en mi camino y por darme la licencia de ser feliz a lo largo de los últimos meses…

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92 días

compromiso1(Fuente de la Imagen)

Todos los hombres, sin excepción, transitamos la vida con la sensación – incuestionable o discutible, no importa- que existe una mujer que está destinada a oír las confesiones que sobrellevamos, con inquebrantable silencio, durante buena parte de la vida y para acompañarnos en el pedregoso camino de la vejez. No son pocas las veces que creemos encontrarla en la mirada compasiva de la compañera de trabajo -o de estudio-, en la caricia fácil de la jovencita hallada en un recodo de la noche o, acaso, en la novia que arrulla nuestras desgracias con palabras de consuelo. No son escasas, por tanto, las ocasiones que este yerro perceptivo nos arrastra a circunstancias azarosas de las que salimos por la gracia de otra mujer o por la inocente fusión de casualidades (si acaso estas existen); frecuente, asimismo, encontrarnos errando por ciudadelas de besos, caricias y camas hasta que arriban a la lustrosa mirada que anuncia el final del desastrado periplo.

Yo, en la doble calidad de hombre y vagabundo, he deambulado por las circunvalaciones de algunos besos (pocos, para ser franco), caricias (exiguas para los tiempos que corren) y lechos (irrisorios para mi edad), en busca de aquella mujer que le diría -robándole las palabras a Sabines-

Me tienes en tus manos
y me lees lo mismo que un libro.
Sabes lo que yo ignoro
y me dices las cosas que no me digo.
Me aprendo en ti más que en mí mismo.

Aquella peregrinación, como venía diciendo, me condujo a la ardiente Barranquilla y, por esa misma vía, a la radiante sonrisa que anunció el término de la travesía.

¿Cómo supe que era el final del camino?, preguntarán, con justicia, ustedes. La sabiduría de la piel y la curtida razón insinuaron, en un primer tanteo, que la carretera que otrora se perdía en el horizonte, llegaba a su fin. Los días y los hechos trajeron las pruebas que demostraron que la mujer  de acento de río crecido era la misma que ocupaba, en mi imaginación, el hueco de la silla vecina o quien emergía de mis sueños para ocupar la huérfana almohada.

Después del beso que refrendo nuestra relación hemos venido, por otra parte, clausurando las puertas por las que los caprichosos amores insinuaban su decadente cabeza. Si bien es cierto que algunos de ellos han sido, para nuestro disgusto, más obstinados que otros, tenemos la seguridad que los hemos despachado gracias al desaire certero o por el efectivo uso de la ausencia. Esto nos ha traído el sosiego sin el que ninguna relación, por sólida que sean sus bases, sobrevive. Dicha serenidad, y la certeza que ella es la mujer de mi vida, me impulsaron a prometer, la noche del domingo, que nos casaremos cuando Marjorie viva en Bogotá.

Sea, pues, este escrito el respaldo de las huidizas palabras que anunciaron la decisión, así como el humilde regalo a los inolvidables noventa y dos días de nuestro incansable amor.

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63 días

aurora1(Fuente de la Imagen)

A Marjorie; combustible de mis sueños, bálsamo de mis heridas…

Injusto pedirle al corazón que aguarde el arribo de otra alma, que, al igual que la propia, se seca de ansiedad; inaceptable es, asimismo, solicitarle al amor que extienda sus brazos para cubrir los lejanos cuerpos y arbitrario es, sin duda, pretender que una relación germine en los surcos de la esperanza si esta no se alimenta con la periódica caricia y el necesario beso. Y, sin embargo, le hemos exigido a nuestros corazones y cuerpos que esperen, sin importar la ausencia de certezas, la llegada de la dispuesta piel y del cabalgante corazón. Hemos requerido, como si la anterior insolencia no nos hubiese bastado, al convulso amor que hunda sus raíces en la yerma tierra y que eleve sus brotes al impasible cielo. Lo prodigioso, -y, por ello mismo, paradójico- es que es justamente el acopio de estas limitaciones quien ilumina, desde el horizonte, nuestro futuro…

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33 días

amor1(Fuente de la Imagen)

A Marjorie; dueña y señora de las comarcas en las que mis palabras hayan cobijo

No sé si nuestros actos están guiados por el destino o si gozamos de la dudosa facultad de gobernar nuestra vida; lo cierto, y de ello no me cabe duda alguna, es que el destino -o el azaroso conjunto de tropezones que han tallado mi presente- almidonó tu voz de alondra para enloquecer, a fuerza de sicalípticos susurros, mis días y le cuchicheó, además, versos a Joaquín Sabina para que escribiera aquella canción que escolta tus noches de melancolía. Ignoro, asimismo, si fue la providencia quien me condujo a tus brazos o si una cadena de aciertos llevó mis manos sobre tu piel; de lo que estoy seguro es que los treinta y tres días que unen aquella mañana en la que mi boca buscó tus labios y esta noche –oscura y fría, como todas las noches en las que estás ausente- han sido los más felices de mi vida. Por ello celebro que en este periodo crezca la certeza (tan esquiva en épocas de incertidumbre) que la distancia, por acerba que se muestre, es incapaz de sofocar el amor que germina a la sombra de mis palabras y que los asaltos de las dificultades no han menoscaban –ni menoscabarán- la ternura de tu mirada.

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Historias y celebraciones

Estoy bastante alegre. Hoy, hace justamente dos meses, este blog nació al mundo; hoy, asimismo, han transitado por este lugar más de dos mil personas (bueno, no sé si dos mil seres humanos, pero sí sé que han entrado más de dos mil veces).

La historia de este blog quedó inconclusa en un post anterior. En él aludí a un blog preliminar y al nacimiento del nombre de este blog. En virtud a la fecha tan especial escribiré la historia completa del blog. 

Todo inició con una foto perdida en un grupo de Facebook. La imagen en sí misma no era importante, lo relevante era la frase que la acompañaba: era brillante y atractiva. Quise saber más del señor que la había colgado. Piqué en su nombre y hallé en su perfil un grupo interesante de fotografías acompañadas de frases igual de ingeniosas a la que había puesto en el grupo. En una de ellas aparecía un link con una frase que invitaba a leerlo para comprender más sobre el personaje de la instantánea. Piqué en ella y abrió un blog. Después de leer casi todos los post me antoje de escribir un blog (lo sé, suena ridículo, pero así sucedió). Recordé que había abierto dos blogs años atrás y que los había abandonado a causa del ocio y de una que otra obligación. Usando la plantilla y la dirección de uno de ellos (de Palabras al Viento) monté lo que supuse sería otro proyecto de dos semanas. En el blog recién fundado escribí un post rarísimo y malísimo sobre el noviazgo. El martes escribí un post sobre mi generación. Las piezas continuaron encajando hasta que el domingo de esa semana decidí abrir una cuenta en WordPress para ver las plantillas de este lugar. Una de ellas me pareció la indicada para el blog. Trasladé todos mis post para este lugar; pensé en el título y luego busqué una imagen que encarnara el epígrafe y quizás la filosofía, si acaso cabe esa palabra en este blog. Ahora, si bien él salió el domingo 10 de febrero por la noche al público, esté aparece con fecha once ya que WordPress cambia de día a las siete de la noche.

Hoy, sesenta días después, el contador dice que tengo dos mil cuarenta y cinco visitas. El día más visitado fue el ocho de abril con ciento cincuenta y seis visitas; El post más visto es “sexo en los parques” con sesenta y dos entradas, seguido muy de cerca por “Soñando despierto”, canción del insuperable Héctor Lavoe; se han escrito ochenta y cuatro post (incluyendo este) que reúnen ciento cuarenta y dos tags. 

La última semana tuve la grata sorpresa de tener una votación notable en el concurso “Blogobundos” ocupando, incluso, el primer puesto en varias oportunidades. Más grato, aún, ha sido el que los blogueros hayan votado por mí en la categoría “Mejor Blog”. Para serles sincero jamás esperé que la comunidad bloguera me diera tan alto homenaje.

Quisiera agradecerles a ustedes, los amables y pacientes lectores, por visitar mi blog a diario (¿?); a quienes ha opinado les agradezco de corazón sus comentarios; no saben cuán feliz me pongo cuando veo las notas al final de los post. Quiero agradecerle, asimismo, a los señores horwendil amlteh y Mersault por sus votos.

Si alguien tiene alguna pregunta sobre mí o sobre el blog puede hacerla con toda confianza que acá se le responderá. Si alguien quiere, igualmente, sugerir algún tema puede hacerlo sin problemas. Si alguno de ustedes quiere, para finalizar, contarnos cómo llegó al blog o cómo le parece, se le agradecerá en el corazón.

(Pensaba dejarlos con Celebration, de Kool and the Gang, pero la nueva versión de WordPress no me ha dejado subir videos ni música; cuando sepa cómo subirlos les prometo que les agrego el video; por ahora veánlo acá).

 

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