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Indignación

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Laura tenía una jean descaderado que se aferraba a su cadera a pesar de tener dos botones deliberadamente abiertos, un top blanco, una placa metálica que bailaba en medio de sus senos, el cabello cayendo en dos vertientes, un gabán café, una mirada asustadiza y la desconfianza de las mujeres criadas bajo los excesos varoniles.

– ¡Qué frío tan terrible!, señaló a manera de saludo.

– Subamos que hace menos frío en un bar que conozco.

– ¡Hágale!, dijo con altanería, casi con odio.

Nos sentamos en la mesa que estaba al lado de la puerta. Levante el índice y el corazón a la muchacha que se hundía en las tinieblas de la barra. Se escuchó, a los pocos segundos, el tintineo de las botellas en la penumbra de una tarde de lloviznas horizontales. La mesera trajo dos cervezas y encendió la vela que reposaba sobre un enorme montículo de parafina.

Dos horas después me besaba largamente, con confianza, con la serenidad de recorrer parajes conocidos. No te muevas; quédate quieto, decía cuando intentaba intervenir en el beso. Me gusta que los hombres se queden quietos, remataba. Yo le hacía caso: dejaba que la lengua se enroscara e ingresara como una víbora en mi boca, que acariciara las hendiduras del paladar, que saliera y jugueteara con la mansedumbre de mis labios.

– ¿Te gustó?, inquiría con sus ojos clavados en los míos.

– Espera, dije cuando sentí la vibración del celular. Me levanté y salí corriendo del local. A los diez minutos regresé con la mirada turbia.

– Mi mujer.

– No te preocupes: esta noche le pasa el malgenio, aseguró al tiempo que se aferraba a la pretina de mi pantalón.

– Más bien aprovechemos el tiempo y vayamos a un sitio en el que podamos estar solitos

– ¿Dónde tengo pintada la P?… ¿piensas que sólo quiero darla a la tiradera?, preguntó con ira.

– No te pongas así; sólo era una sugerencia

Me senté y empezó a besarme tranquilamente, como si eso compensara su cobardía, o la mía, o la indecisión del destino que no quería ponernos las circunstancias fáciles, seguras, sin tropiezos morales. Mejor dejemos las cosas de ese tamaño, declaré mientras intentaba liberarme de sus brazos. Quiero que las cosas se hagan con mañita, que no parezca que me buscas sólo para pasar un buen rato, indicaba mientras mis ojos divagaban por su largo cuello. Yo también quisiera que fuera así, pero sabes que no es conveniente para nuestro trabajo…

[Porque somos, mi querida y paciente lectora (o lector) compañeros de trabajo. Ella, con su mirada sensual, con su cinturita de avispa, con sus veinte años que parecen diecisiete, o que se acercan, cuando habla con las eses silbantes, a los quince, o quizás a los doce, es licenciada de idiomas, lo cual, unido a las intrigas del destino o a las componendas de Dios, la llevo a uno de lo Pre-Icfes que pululan en Bogotá (aquellos que prometen duplicar el puntaje, o entrar a la Universidad Nacional, de los que tienen el buen criterio de atiborrar las paredes bogotanas con sus afiches de colores chillones) y en cuyas instalaciones nos coqueteábamos a pesar que ella tiene novio y yo esposa (o quizás por ello mismo) sin el menor reparo en lo que pudieran decir o pensar compañeros o alumnos].

…pienso, por tanto, que es mejor que tengamos una relación en la que sólo haya espacio para jornadas de gemidos y quejidos, de ropa tirada de cualquier manera y carcajadas al salir agachados en un taxi, aseguré al tiempo que el mundo se resquebrajaba bajo sus pies. Midió mis palabras con violencia y dolor. Eso quiere decir que me buscas sólo para sexo, interrogo con asombro [como si mis palabras hubieran dejado un espacio, una grieta siquiera, a otra interpretación]. En efecto: así son las cosas, confirmé. ¡Hijueputa!, gritó mientras descendían dos lágrimas por las mejillas. No existe mayor adicción que la que produce el sufrimiento, pensaba mientras ella se desvanecía en las telarañas del rencor. Deja de llorar, le pedí para evitar los susurros de las mesas vecinas; permite que las cosas continúen por donde van: no es tu culpa ni la mía que la esquina estuviera doblada cuando llegamos; poco podemos hacer con el hecho que yo sea un hombre comprometido y que tú confundas las necesidades fisiológicas con el amor y a este con la felicidad. Está bien; vamos, afirmó imperceptiblemente…

Horas después yo estaba desnudo y atado a las listones de la cama. Ella me contemplaba semidesnuda desde la esquina opuesta del cuarto. Golpearon en ese instante. Llego quien esperaba, susurró. Al abrir la puerta vi a mi esposa con cara de circunstancia. ¡Das lástima!, afirmó con voz serena al tiempo que extraía una nueve milímetros de la cartera.

– Ahora quiero ver quién es el machito que se las come a todas, afirmó Laura entre las guirnaldas de una sonrisa publicitaria.

– No te conviene que te pongas agresiva, interrumpió mi mujer mientras le apuntaba a la cabeza con el arma.

– ¡Que empiece la fiesta!, sugerí.

– Hazle sexo oral a mi marido, le pidió al tiempo que levantaba el martillo de la pistola. Y tú deja de sonreír que esta es la última vez que usamos a niñitas tontas; ¿o acaso se te olvidó la gritería que armó la estúpida que botamos en el potrero del Tintal?…

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Se crea grupo en Facebook para prevenir Cáncer de Seno

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El auge de llamadas, correos, y notas en el muro de Facebook concitadas por el post anterior demuestran una vez más la incalculable generosidad de los hombres y su inclinación natural hacia la conveniencia de las mujeres.

Rodolfo, a propósito de la perturbación causada por los datos, me sugirió abrir un grupo en Facebook para reclutar valerosos hombres para iniciar brigadas de salud en sectores estratégicos. Días después de la sugerencia cree un grupo con el pedestre nombre de “La Chupada Redentora”, aludiendo a la noble misión de rescatar a las mujeres de las tiránicas fauces del cáncer y el método empleado para redimirlas.

El objetivo del sitio es bajar la incidencia de este mal tratando a muchachas que se encuentran en la sensible franja comprendida entre los dieciocho años y los cuarenta. El primer objetivo del grupo se encamina, por tanto, a concienciar a las jóvenes universitarias de la eficacia del tratamiento y la importancia de practicarlo incesantemente. Para tal fin enviaremos a un grupo de aventajados oradores para dictar conferencias en las academias, al término de las cuales las jovencitas recibirán folletos con la información y el correo al que pueden enviar sus solicitudes para acceder pruebas piloto y adiestramiento en el antiguo arte de la felación. Para esta tarea ya se han postulado insignes miembros (Rodolfo y este servidor).

Otro escenario en el que nos moveremos serán bares y tabernas. Para estos sitios pensamos enviar a hombres con incuestionables conocimientos de ellos y de la fauna que en ellos habita. El plan de acción consiste en persuadir mujeres a salir a lugares más privados para recibir el método indicado y así alejarse del hocico de la enfermedad. Emplearemos, para tal fin, todos las técnicas aprendidas en los largos años de experiencia de los emisarios (entiéndase, mosca española y/o bórax).

Pido, para terminar, que todo aquel hombre que esté interesado en la noble causa y que tenga una cuenta en el Facebook enlistarse en el grupo o, en caso de no tener cuenta, enriquecernos con sus valiosas sugerencias a través de sus comentarios o por el correo del blog.

Muchas gracias por su paciencia.

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El sexo oral previene el cáncer de mama

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Según la Sociedad Estadounidense de Cáncer (ACS) el año pasado se detectaron en Estados Unidos 184.450 casos de cáncer de mama y murieron por este padecimiento 40.930 mujeres. En este mismo país los investigadores de la Universidad de Carolina del Norte descubrieron que de las 15.000 mujeres que conformaban el proyecto, las que practican el sexo oral dos o más veces a la semana, eran menos propensas a contraer este tipo de cáncer.

Lo favorable de la práctica no está en los movimientos de la lengua ni en el ejercicio de los músculos del cuello sino en la ingestión del semen ya que la densidad de enzimas y proteínas, en dicha sustancia, inciden pertinentemente en la disminución de los factores de riesgo. El resultado muestra que, en efecto, el grupo de 6,246 mujeres que tenían sexo oral, en los cinco años anteriores al inicio de la investigación, con una tasa superior a dos veces por semana, tenían una incidencia del 1.9 % de cáncer, en tanto que las 9.758 restantes tenían el 10.4 % contrajo la aterradora enfermedad. [1]

A propósito de los resultados de esta investigación, el Doctor Kramer, de la facultad de medicina de Johns Hopkins (que, entre otras cosas, no está vinculado a la investigación), afirma: “I am surprised by these findings, but am also excited that the researchers may have discovered a relatively easy way to lower the occurrence of breast cancer in women.” [ídem]. Yo, al igual que el doctor Kramer, me encuentro bastante excitado con el promisorio horizonte que este descubrimiento promete. La primera y obvia consecuencia de esta notica es el vertiginosos aumento de las felaciones, como lo confirma la doctora Helena Shifteer, miembro del equipo de investigadores: “Since the emergence of the research, I try to fellate at least once every other night to reduce my chances” [ídem].

Ante estos resultados no podemos menos que ofrecer nuestros importantes servicios a todas las mujeres que requieran de ellos. Pienso, en primer lugar, que debe caer la execrable monogamia que coarta las libertades individuales y que restringe, por ende, la posibilidad de ayudar a las jóvenes que no cuentan con un hombre que oficie de redentor. Propongo, por tanto, que todo hombre provea dos dosis a tres señoritas y que dé una a una cuarta mujer. Esta desafortunada doncella tendrá que buscar otro individuo para la segunda toma. Las mujeres, en contraprestación al servicio, trabajarán, limpiarán y solventarán todas nuestras necesidades.

A las mujeres que consideren que sete trato es discriminatorio les recuerdo que el hombre evacua, en promedio, 4 mililitros de semen en cada eyaculación. Si esta cantidad la multiplicamos por 365 días tenemos 133225 mililitros, o, 133.2 litros de semen en un año. Bajo el supuesto que el hombre “trabaje” durante 40 años tenemos que este pobre sujeto habrá expulsado de sus entrañas 5329 litros del que podemos denominar, sin riesgo de exagerar, oro blanco. Téngase en cuenta, asimismo, que hay 18 miligramos de proteínas en cada litro de semen, lo que indica que en los 40 años de denodados servicios nuestro sacrificado hombre habrá perdido 95.9 gramos de proteínas (95922 miligramos, para ser exacto). Todo esto sin tener en cuenta el necesario gasto en esparcimiento y en reproducción. ¿Después de estos datos siguen considerando que no nos esforzamos?…

Si usted piensa, mi querida y amable lectora, que el cunnilingus cura, en contraprestación a su ejercicio y al consumo de sustancias oleaginosas, el cáncer de próstata y que, por ello mismo, usted exige el sexo oral de cuatro hombres a la semana, se equivoca. El año pasado en el Journal of Clinical Oncology apareció un artículo que asegura que el cunnilingus causa cáncer de garganta. Afirma, de hecho, que el sexo oral  causa tantos cuadros de cáncer en la parte superior de la garganta como el tabaco y el alcohol. ¡Lo lamento!

Los dejo porque hoy inician el tratamiento las vecinas del 110 y del 212.

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