1097 días (732 de Unión Libre)

Primero fue la divergencia de ciudades quien nos obligó a amarnos a cuentagotas, desbaratando la distancia (aquella línea que distribuye kilómetros y caricias), desordenando las horas que se acumularon hasta imponer su pesadez de sombra sobre las noches que anunciaban el desvelo de la despedida, sobre las conversaciones que pregonaban la esperanza del reencuentro.

Después fue el viaje que se hizo definitivo, y con quien vinieron los aguijones de la convivencia que almacena pretextos para reñir, que rasguña el humor, la cotidianidad que acomoda papeles en cajones, que recoge la ropa arrugada en canastas, que transforma el destino montaraz en un presente de camisas planchadas e hipotecas a quince años. Fue una buena decisión, me digo en las mañanas en las que encuentro el amor alineado con las estrellas y en las auroras de sábanas arrugadas por el amor de la media noche, por el jugueteo crepuscular, por los besos que me ofreces poco antes que te lances a ese mar de mujeres y hombres que crecen en la espuma del temor.

Pero cuando estás arisca, cuando los problemas te ponen agresiva o cuando hay dudas o celos, me digo que fue mala idea, que es hora de acuchillar las manos que te tocan y enterrar los versos que quieren robarte una sonrisa. Son días en los que te encierras en un silencio de abismo, en los que tu cuerpo se hace extraño, como si fuera de piedra o ceniza, días en los que las frases hieren con sus filos. Llego a la misma conclusión cuando me corroen los celos, cuando me abruma esta melancolía que se desborda llevándose los recuerdos por las grietas de la brisa, que abate árboles que caen sobre el pasado, que se arremolina en las esquinas del olvido. Me transformo, en ese momento, en un huracán de blasfemias y gritos que amenaza señalando la puerta, como si fuera el dedo de Dios o los renglones del Destino (que ingenuidad suponer que tengo el poder de decidir sobre tu vida o la mía). Luego me tranquilizo, disminuyo de tamaño como el Chapulín Colorado después de tomar pastillas de chiquitolina y me escurro por los ojales de la vergüenza. Tú, aprovechando el repliegue, enumeras los errores que he cometido (los reales, los que aún no han ingresado a esa categoría y los que cometeré en el futuro), sabiendo que ese es el preludio del perdón, del arrumaco de las tres de la mañana, cuando piensas que estoy durmiendo, siendo, en realidad, que finjo el sueño para que te acerques lentamente, como las tinieblas que emergen de todos los rincones, me acaricies la barba, la frente lustrosa y te diga, entre las telarañas del sopor, perdóname, logrando, de esa manera, que el tiempo se encorve hasta llegar a aquella noche en la que te besé el dorso de la mano, en la que me miraste como si hubiera descendido de un platillo volador, y seamos, nuevamente, una pareja acomodándose a los vaivenes del azar, a los caprichos de la vida, una dupla que gana en los complicados cálculos del amor gracias a que la sumatoria de sus actos es mayor a cada acción y a la suma de los circunstancias de cada uno. Al siguiente día bajo a la cocina para hacer el tinto y despedirte con una bendición y un pico apresurado, mientras llega la certeza que la vida es más que el dinero con el que sobornamos la felicidad, más que el futuro con televisores de cuarenta y dos pulgadas, más que las deudas que se emboscan en las promesas de la tarjeta de crédito y muchísimo más que títulos o trofeos. Doy media vuelta, cierro la puerta y subo a dormir entre las cobijas que custodian las incertidumbres de la noche, entre el perfume que te persigue por la casa y las camisas que se mecen por el empuje del rayo de sol que penetra por la rendija que la alborada abrió en la unión de las cortinas…

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2 comentarios

Archivado bajo amor, desamor, desplome de los años, evocaciones, Marjorie, mujeres, narraciones, personal, saudade

2 Respuestas a “1097 días (732 de Unión Libre)

  1. March

    Para que o para quien escribes???, para que tus seguidores y admiradores vean o imaginen como eres? si es así sería solo una máscara, no me escribas cosas que no sientes, para luego decir que estas aburrido o que te tengo cansado, simplemente no lo hagas…

  2. Diego Niño

    me aburre tu grosería y tu altanería… pero eso es asunto del pasado; ahora debemos pensar en el futuro sin nosotros y sin los detalles (los buenos y los malos) que nos unieron…

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