Archivo diario: julio 23, 2012

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Cuando tejes parece que sólo te importara el movimiento de las manos, la puntada que se desprende de las agujas, el empalme de las hebras que emergen del ovillo. Te pierdes en la maniobra hasta arribar a terrenos en los que no puede entrar mi curiosidad y luego, en un galope tenue, regresas intangible, como si tú y tus manos fueran humo de un incendio lejano. Luego me contemplas con curiosidad o miras el televisor que enciendes para que te acompañe en la larga travesía, y retornas, poco después, al imperio de agujas y hebras anudándose, retorciéndose, desentrañando la silueta que va naciendo enredada de tus más olvidados recuerdos.

En la leve ondulación del tejido encuentro razones que no hallé en los fangales de la especulación: creí que te conocía, que sabía quién eras, pero mis ojos no veían el dolor que evades hilando, la angustia que estrangulas en cada giro ni la zozobra que se transforma en prolongados silencios. He aprendido, por tanto, a maravillarme con el jugueteo de las agujas, el dulce traqueteo de sus embates, sus breves escaramuzas y el hermoso milagro de ser testigo del instante en el que te hundes en el semántico murmullo del temor…

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