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Fragmentos de la entrevista a Roberto Palacio

Gracias a la respuesta de los lectores con respecto al libro de Roberto Palacio me dediqué a navegar en la red para traerles mayor información sobre el libro que ha causado tanto entusiasmo en las librerías.

Entre los periódicos locales encontré una entrevista hecha por Ricardo Rendón para el diario El Espacio. En ella la inteligencia, elocuencia y profundidad del filósofo brillan en cada respuesta. Juzguen ustedes mismos:

¿Y es que lo desvela el tema del pene?
“A mi esposa la ha desvelado, sobre todo durante el tiempo que he estado escribiendo este libro. Debería ser extraño para ella que no me acostara en la cama a que me fuera a pensar en penes a otro lado”.

En este caso y en lo que atañe a su profesión, ¿cuál es la filosofía del pene?
“La filosofía de ‘Sin pene no hay gloria’, es muy sencilla: si bien las mujeres necesitan tetas para alcanzar el paraíso, para los hombres los escasos momentos de gloria en esta vida, los hemos vivido de puertas para adentro en momentos íntimos, haciendo buen uso de este instrumento”.

¿Su libro es un texto clínico, de autoayuda o una suerte de ‘pajazo metafísico’?
“No, he defendido el pajazo real; el pajazo meramente mental puede llevar a un derrame cerebral. El texto funciona a cuatro niveles: primero, es un texto divertido, fácil de leer; en segundo lugar, es un texto anecdótico; por ejemplo, yo me sometí a ensayar el Viagra en mi propia casa para escribirlo; el otro nivel contiene datos que pueden ser de interés para cualquier feliz propietario de un ‘honorable miembro’, y en último lugar contiene información histórica, incluso sobre la historia del pene en Colombia”.

¿De dónde salen tantos dichos alrededor del pene como ‘picha’, verga’, mondá’, ‘pingüiñoño’, etc,?
“Cientos de horas de maledicencia en los parques, en las oficinas, generan estas formas de hablar. Algunas tienen orígenes históricos que ya no reconocemos. Por ejemplo, la palabra ‘mondá’ surge en el siglo XVII, cuando las francesas que llegaban a Cartagena observaban a los negros cargueros desnudos. Al ver a una serpiente de esas dimensiones, se tapaban la boca con su abanico y exclamaban: ‘Mon Dieu’ (Dios mío). Y esa expresión se convirtió en ‘mondá’”.

¿De dónde sale la verga?
“De la bragueta, pero etimológicamente sostengo que es un término naviero. Considérese que los barcos antes se llamaban bergantines”.

¿Y picha?
“¡Por supuesto que sí! Pero qué termino tan espantoso. Hay algunas expresiones que la superan como: ‘puñalada de carne’. Para ciertas prácticas sexuales, hay expresiones incluso más repugnantes. Por ejemplo, algunos se refieren al sexo oral como ‘cromar el lagarto’, ‘estuchar el mico’ o ‘poner el burro en la sombra’. Recientemente dos profesores de la Universidad de Antioquia escribieron un diccionario de ‘parlache’, el idioma hablado en las comunas de Medellín, en el cual se escuchan locuciones tan coquetas como las siguientes: ‘esa pichona me está dando quiebres para que le chuce un riñón. Pero yo a esa sucia no le echo un tibio’. Lo que quiere decir que la dama está buscando un coito con mi persona, pero yo no deseo realizar tal acto”.

¿Cómo se debe estimular un pene?
“Primero mencionemos las cosas que no se deben hacer con el pene: durante el sexo oral, por ejemplo, no hay que meterle muela; el exceso de ternura y el agua helada tampoco son convenientes; el problema es que las cosas que más lo estimulan son a las que menos están dispuestas las mujeres”.

¿Por qué sacamos primero la nalga cuando vamos a extraer el pene?
“Dado que estamos hablando de un órgano mañoso, durante los momentos de desuso este se acomoda en posiciones insólitas, se encierra en su capullo, del cual a veces hay que sacarlo a la fuerza. Yo no descartaría la idea del pene atemorizado”.

¿Máximo cuántas veces se debe sacudir?
“No importa cuántas veces se sacuda, o si se baila un mambo, incluso. La última gota siempre terminará en el pantalón”.

¿Cómo cree que son los sueños de un pene?
“Es difícil saberlo ya que sus deseos y sueños no coinciden siempre con los de su amo. Mientras que el amo piensa en mujeres, éste seguramente lo considerará como un trabajo. Es probable que añore esa etapa infantil y lúdica durante la cual no se le molestaba”.

¿Cómo se debe educar un pene?
“Lo peor son los collares de obediencia y las órdenes en alemán”.

¿Cree en la resurrección del pene?
“Ciertamente, pero esperaría que se diera antes del tercer día”.








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Sin Pene No Hay Gloria

El señor Roberto Palacio acaba de lanzar un libro que se titula: Sin Pene No Hay Gloria. En él se habla de las características del pene y de las cosas que con él se hacen.

En uno de los apartados que la Revista Cambio extrajo se puede leer:

“LAS MANOS Y LA ‘FELLATIO’. Es una de las cosas más complicadas, porque uno no tiene bolsillos. He pensado que los seres humanos deberíamos haber desarrollado una especie de marsupia para meter las manos durante el sexo oral, porque uno empeloto y sin bolsillos, es terrible. No hay una respuesta al tema: si poner las manos encima de la señora -o del señor cuando es el caso-, si ponerlas en la cadera o detrás de la cabeza. Toda posición en esa situación es inconsecuente” [1].

Nunca he visto tanta elocuencia y tanta sabiduría juntas. Ningún hombre que haya disfrutado de las felaciones sabe dónde poner las manos en esa ocasión: sobar la cabeza de la feladora (o el felador) se ve, como lo atestiguan todas las películas pornográficas, grotesco. Si se ponen en las caderas de ella la tensión en la espalda ocasiona un dolor en la región lumbar que incomodará en la siguiente fase. Si las manos se colocan en las caderas propias uno se siente –y se ve- como un cerdo asqueroso.

En otro apartado se lee:

“LOS CUATRO ESTADOS DEL PENE. Morcilludo, erecto, tieso y reventón. Los puntos más interesantes son los de los extremos. Morcilludo es cuando se para blandito. Es una fuerza ciega y brutal de la naturaleza. Cuando está así es como meter un pudín en un riel. Y el otro extremo es lo que narra el escritor Stephen Vizinczey en la novela En brazos de la mujer madura, en el que cuenta que sus erecciones entre los 13 y 14 años eran tan intensas, que incluso llegaban a ser dolorosas” [Ídem].

A este párrafo acotaré simplemente que cuando el pene está morcilludo no se debe “enebrar” puesto que el señor pene se amilanará ante la embestida y tenderá a ponerse cada vez más blando, lo cual hace que el acto sea difícl, por no decir, imposible. En dicho caso el sexo sería tan absurdo como jugar billar con cuerdas en lugar de tacos.

No quiero extenderme más, por lo tanto los insto a que busquen el libro de este filósofo de 41 años para que se enteren de algunas características del pene, y sobre todo, para que se diviertan con la fresca y agradable prosa de Roberto Palacio.




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