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De sexo, gritos, gemidos y demandas

En Inglaterra multaron a una pareja de novios por hacer mucho ruido mientras tienen sexo.

Entre las quejas de los vecinos hay una señora que asegura que su hija moja la cama y tiene pesadillas a causa de los gritos y de las obscenidades que dice la pareja durante el acto sexual. Otro vecino –conductor de profesión- asegura que tiene que pedir permiso porque los amantes no lo dejan dormir en toda la noche.

¿Qué dice la acusada? Nada, solo pone una cara que oscila entre la burla y la satisfacción:


(El que está a su lado con cara de imbécil es el imparable novio)

Creo, al igual que el amigo Pedro, que Adam Hinton (el novio) ha conseguido los 15 minutos de fama que todo hombre quisiera tener: desfilar por los periódicos como el causante de hacer gemir durante toda la noche a su novia. Imagine, querido lector, que un buen día le llega a su novia un telegrama en el que la citan a un juzgado por que los gritos y golpes de la cama no dejan dormir a ninguno de los vecinos de los veinticuatro apartamentos del edificio donde duerme. Lo primero que usted hace después de esta magna noticia es, ¿cómo evitarlo?, echarle un polvo celebratorio de un par de horas. Luego, si el temblor lo deja sostener el papel, vuelve a leer el telegrama para ratificar su confianza.

En Colombia, lamentablemente, un caso de estos no se presentaría gracias a la sorna de la justicia de este país. Acá una demanda se demora meses y hasta años. De tal suerte que cuando llegue la citación la pareja ya se habrá separado o ya tendrán hijos que no les permitirán aquellas maratones sexuales. Los vecinos varones, por otra parte, no se disgustarán por los gemidos ni por las obscenidades (menos si son camioneros, como el vecino inglés), razón por la cual no demandarían a la pareja. Los niños, en lugar de tener pesadillas y orinarse en la cama, anotarán las palabrotas en su agenda de Winnie Pooh para escribirlas en las paredes de los baños del colegio o, si son más grandecitos, para practicarlas con sus noviecitas o noviecitos. Las paredes de los apartamentos, por último, son construidas, por lo general, en concreto, lo cual impide que el ruido se propague por todo el edificio.

En nuestro caso (el de mi novia y el mío), el único ruido que hacemos es el causado por el chirrido de la cama unido al chillido de los resortes del colchón. Debo decir, en honor de la verdad, que esta alianza rítmica da la sensación, en el momento del paroxismo, que estamos violando un grillo en el apartamento. Este barullo, sin embargo, no ha redundado en una demanda de La Asociación Defensora de Animales (ADA) ni del INDERENA.

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