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“Rojas” y el miedo insufrible

En una entrada anterior explique con algún detalle las cinco figuras jurídicas que podían salvar a “Rojas” de la cárcel, y dado que el ministro de defensa asegura que la fiscalía no procesará a Montoya por el asesinato de Ríos ya que el subversivo se hallaba bajo miedo insufrible, me detendré un poco más en esta figura.

En el anterior post yo aseguraba que: “Quizás ‘Rojas’ haya creído que las babuchas de garras que su jefe dejaba bajo el chinchorro demostraban que su jefe se transformaba en hombre lobo, lo cual lo condujo a un estado de pánico de tal suerte que perdió los estribos y le propinó una disparo en la frente con la bala de plata que Van Hellsing Jaramillo le llevó desde Transilvania, Caldas” [1] Después de profundas cavilaciones concluí que ese no puede ser la única razón por la que “Rojas” pudo atemorizarse.

Al guerrillero lo pudieron asustar por lo menos dos elementos adicionales:

1.      Los ruidos. Es de todos conocidos los múltiples rumores, sonidos, murmullos y silbidos que repiquetean en la manigua. A estos hay que agregarles los emitidos por los humanos: ronquidos, jadeos, estornudos, eructos y regüeldos. Quizás este pobre hombre desentrañó del concierto de silbidos propios de la selva, jadeos y gritos ahogados que emergían del cambuche de su jefe. En ese momento pensó que un grupo de desertores estaban asesinando a su amado dirigente. Se armo de valor (y de un fusil, por supuesto) y se encamino al refugio. En la sombra distinguió el forcejeo de los cuerpos y los resuellos, se persignó y disparo hacia los bultos negros. Se acercó al cambuche, vio los cuerpos desnudos y exánimes del cabecilla y su mujer. Ay diosito, la cagué, se habrá dicho al tiempo que veía los pétalos de rosas sobre el chinchorro y el ejemplar del kamasutra descansando sobre un charco de Chateau Latour cosecha 64. ¡Ah! que hijuemadres, untado el dedo, untada la mano, habrá dicho al tiempo que le cercenaba la mano a Ríos. Con ella, el computador, la cédula, las botas, las orejas, el libro Corazón, de Amicis, el microondas, los dos preservativos que aún quedaban en la caja y el Rolex de su jefe corrió en la oscuridad en busca del ejército…

2.      El ejército. A cualquiera aterroriza un grupo de soldados que recorren las selvas durante ocho meses:  sucios, malolientes, desmadejados por el hambre y el cansancio. “Rojas”, al verlos con los binoculares pensó que era un grupo de zombis resucitados por la sustancia química 2-4-5 Trioxin o por la radiación de una sonda espacial de la NASA traída desde Venus. Corrió asustado hacia el campamento; entró al cambuche de Ríos y lo encontró legañoso y con una halitosis de moribundo. Asustado pensó que ya lo han mordido los zombis; le disparó en la frente a él a su mujer que exhibía voluminosos moretones en el cuello. Le quitó, luego, la mano al cabecilla para dársela a Curt Reynolds, hijo de un coronel que investiga el posible uso de los muertos vivientes como armas de guerra…

Ahora, si de lo que se trata es de salvar con mentiras a “Rojas” para darle la recompensa creo que la mejor excusa es decirle a la opinión pública que Ríos, al escuchar al ejército, salió corriendo, se tropezó, cayó y se enterró una bala en la frente. Así Montoya queda exonerado de cualquier cargo de asesinato. En cuanto a la mano… digamos que se le desprendió a Ríos hace dos meses, a causa de la lepra.

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“Rojas” actúo en legítima defensa

El señor Fiscal dice que se evaluaran la versión de “Rojas” y las circunstancias en las que se perpetro el crimen puesto que este señor quizás actúo en legítima defensa  lo cual lo exoneraría del homicidio y le permitiría solicitar la jugosa recompensa.

Todo parece indicar que con el argumento de la legítima defensa el gobierno quiere justificar todo asesinato, tortura y masacre que elimine a sus enemigos. Quizás en el futuro los paramilitares queden exonerados de sus crímenes aduciendo que ejercieron el derecho a defenderse de esa chusma peligrosa que los atacó con su mal aliento y su repulsiva presencia; o dirán, quizás, que se vieron obligados a asesinar sindicalistas porque sus largos y aburridores discursos amenazaban seriamente sus vidas. La sociedad civil, como se puede ver, debe escrutar los alcances de las premisas que está esgrimiendo el gobierno para justificar sus actos y los de sus conmilitones puesto que son, además de ridículos, peligrosos para el equilibrio del país.

Para finalizar les dejo las imágenes del lugar donde el ejército de Colombia ejerció el legítimo derecho a defenderse de Raúl Reyes y sus esbirros.

reyes.jpg

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