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Respuesta a una duda engendrada en la pila del mono

El jueves en la noche Diego y María José sembraron una pregunta en mi cabeza: ¿para quién escribo?

En un blog es difícil saber para quién se escribe puesto que está abierto a todo el mundo. Creo, sin embargo, que aunque cualquiera lo lee no va dirigido a literatos ni académicos. Mi propósito, en primer lugar, no es convertirme en un escritor de culto; ni siquiera quiero volverme un escritor que vive de escribir, que da conferencias sobre novelas, que es galardonado, etc. Lo que escribo está más cerca de una actividad ociosa que de un trabajo productivo y su objetivo no es otro que el de entretenerme, distraerme, y en no pocas ocasiones, divertirme. Y, ahora que lo pienso, lo que espero de escribir es que los post diviertan y entretengan a los lectores. No espero más. En ese orden de ideas mis escritos van dirigidos a personas que quieren distraerse leyendo tonterías en la red.

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Del oficio de escribir blogs

Andrés Ortega es hijo del respetado señor José Ortega Spottorno (famoso, en dosis iguales, por ser el fundador de Alianza Editorial, y por ser hijo del ilustre filósofo José Ortega y Gasset). Es, además, investigador de relaciones internacionales y autor de los libros La fuerza de los pocos (2007), Galaxia Gutenberg. Horizontes cercanos: Guía para un mundo en cambio (2000), Taurus. La razón de Europa (1994), Aguilar. El purgatorio de la OTAN (1986), Ediciones El País.

Pues bien, este señor de mirada escrutadora fue instado por el verbo espeso de Basilio Baltasar para escribir un blog. Después de lo que me imagino una larga deliberación conceptual ($$$) el señor Ortega emprendió la escritura con la entrega con la que todos iniciamos un blog; al cabo de cuatro meses, sin embargo, “escurrió el bulto” por alguna razón que no se toma el trabajo de aclarar. Lo interesante del asunto no es el abandono, o el hecho que alguien que está inmerso en los medios que, a falta de una palabra mejor, llamaremos tradicionales. Lo relevante del asunto es la conclusión del señor Ortega:

“¿Para qué un blog? Para empezar, para comunicar. Lo que sea. Incluyendo, en mi caso, la información y el análisis, ideas, ocurrencias. Los comentarios de los lectores sirven, y entre otras cosas, permiten volver sobre entradas anteriores y corregir algunos de sus errores. Pero el blog es también un lugar de ensayo. De ideas que llevan a otras ideas, de formulaciones, que luego permiten enriquecer textos más largos y más elaborados. Es también un enorme estímulo para la gimnasia mental. Durante todos estos meses ha sido una experiencia muy gratificante, que, me veo llevado a interrumpir, por unos meses, por unos años. Pero ha sido un honor pasar a integrar la comunidad de bloggeros. Espero que la lectura de estos apuntes haya servido de algo a alguien. Escribirlos, desde luego me ha servido mucho a mí, y por ello se lo agdezco (sic) a quien me convenció de probarlo, Basilio Baltasar. Hasta pronto”. [1]

Andrés reconoce que escribir en un blog es un “enorme” entrenamiento mental. Quienes leemos blogs con frecuencia encontramos esfuerzo y sobretodo pasión en cada escrito. Puede que no seamos periodistas, puede, incluso, que no seamos escritores con todas las de la ley; lo que realmente somos, para dolor envidia de muchos, el condimento de la internet.

Hace algunos días pensaba que esa es, justamente, la diferencia entre los blogueros y los periodistas: ellos hacen investigaciones exhaustivas para hallar hechos desconocidos (la mayoría de ellos vergonzosos) de gobernantes o celebridades; nosotros, por contrario, penetramos en la condición humana que palpita bajo las rejas de la fama para resaltarla. En algunos casos ni siquiera nos tomamos el trabajo de indagar sus vidas, preferimos hablar de los recuerdos que nos traen, o los sentimientos que despertó su trabajo en nosotros.

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