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Instantánea (1)

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Dedicado a Marjorie;

tierra que sostiene  mis pasos;

refugio de mis aflicciones

y  hoguera que enciende mi cuerpo

Tu sueño quedó capturado en mi memoria: estás boca abajo; tu cabeza – apoyada sobre el brazo derecho- navega en un naufragio de cabellos; tu pie izquierdo reposa sobre la rodilla derecha obligando a tu pierna a plegarse prodigiosamente. Siento el impulso de fotografiarte para que mis ojos puedan contemplarte cuando hayan depuesto la energía que los impulsó –a ellos y al resto del cuerpo- a recorrer más de mil kilómetros. Doy media vuelta; me detengo; giro y te observo de nuevo. Estoy seguro que en cuarenta años preferiré verte así desde la nostalgia –nunca desde la certeza-. Tu respiración se agita por la intromisión del teléfono. El repiqueteo da paso, un segundo después, a un silencio arenoso. Mis ojos se detienen, en ese instante, en tus hombros; se enredan en las turgencias a la vez que permiten que el matiz canela de tu piel los acaricie tiernamente. Quisiera acostarme a tu lado, pero me detiene el hecho que duermes en la cama de tu hermano. Sube, desde el primer piso, la fibrosa voz de él y con ella llega la certidumbre que fue tu voz quien nos unió. Curioso que ella tenga la capacidad de engendrar el amor que me tiene contemplándote en el sopor barranquillero. Giras violentamente quedando boca arriba. Contemplo tu pelvis subiendo y bajando dulcemente al tiempo que me regocija saber –o recordar- que una parte de mí palpitara, hasta esta noche, en tu interior (eso es, por lo menos, lo que afirma la ciencia). Las palabras empiezan a desfallecer en mi mente. Doy media vuelta para entregar este instante a la eternidad…

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Susurros del destino

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(Fuente de la Imagen)

Hasta ayer ubicaba a mis hijos en el lejano (y acaso inaccesible) futuro. No tenían personalidad definida, tono de piel, color de ojos ni nombre. Eran, en pocas palabras, una ventana abierta al horizonte. Esta mañana, sin embargo, uno de ellos (o el único de ellos, no lo sé) emergió en los sueños de Marjorie. Es chiquito y blanquito, aseguró en medio de aquellas sonrisas centelleantes que la hacen dueña y señora de mis pensamientos. ¡Qué bien!, me dije en medio del asombro; ¡heredará los matices de mi piel y mi estatura! La miré a los ojos, y a pesar que hubiera querido decirle -además de lo anterior-que preferiría que alcanzara la estatura que me fue negada, las palabras no se decidieron a profanar el silencio que cayó sobre la mañana gris. Extendí el brazo y le desordené la melena con mis dedos. Me lanzó una mirada tierna al tiempo que la evocación se desvanecía en las tinieblas del olvido.

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Mis “yos ex futuros”

“Siempre me ha preocupado el problema de lo que llamaría mis ‘yos ex futuros’, lo que pude haber sido y dejé de ser, las posibilidades que he ido dejando en el camino de mi vida. Sobre ello he de escribir un ensayo, acaso un libro. Es el fondo del problema del libre albedrío. Proponerse un hombre el asunto de qué es lo que hubiese sido de él si en tal momento de su pasado hubiera tomado otra determinación de la que tomó, es cosa de loco. Tiemblo de tener que ponerme a pensar en el que pude haber sido, en el ex futuro llamado Unamuno, que dejé hace años desamparado y solo…” (Unamuno)

Esta idea siempre me ha dado vueltas en la cabeza. ¿Qué habría sido de mí si en vez de abandonar Ingeniería en Topografía la hubiera terminado?  ¿Qué hubiese sucedido si me hubiera dedicado a estudiar sensatamente matemáticas en lugar de acostarme a leer durante años? Las respuestas a estos interrogantes nadie la tiene.

Hace un mes me encontré con un compañero de la universidad que en este momento está haciendo maestría en matemática pura. Vi en sus ojos la nostalgia de los días en los que nos acostábamos en los pastizales a mamar gallo. Sus nuevas obligaciones lo han conducido a una cárcel de trabajos a la que se somete con la esperanza que estos redunden en beneficios futuros. Yo, en cambio, sigo acostado en los pastizales del la universidad mamando gallo, leyendo y ahora escribiendo en un blog. ¿Será, me pregunté cuando lo vi, que yo estaría como él si me hubiera adherido a su decisión de estudiar denodadamente? Probablemente no. Pero estaría encadenado a tantas obligaciones que no estaría leyendo y mucho menos escribiendo estas pendejadas; quizás en el ejercicio profesional hubiera conocido a una mujer con la que, años después, hubiera formado un hogar; o quizás estaría fuera del país…hay tantas variantes.

Hoy encontré en el buzón del correo de facebook el correo de otra compañera de la universidad en el que me anuncia su viaje a un convento en Dinamarca. ¿Dinamarca?, me pregunté perplejo. ¿A qué “ex futuro yo” estará renunciando ella? ¿Cómo abría sido su vida si hubiera decidido quedarse en este país? Esto nadie lo podrá responder. Lo cierto es que su “ex futuro yo” que se queda en Colombia estudiando y enseñando matemáticas le hará falta al futuro yo que se queda en Colombia tirado en los pastizales mamando gallo…

¡Feliz viaje mi dulce y querida Juliana!

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