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Confesión

(Fuente de la Imagen)

 

“No menciones el amor: bien sabes que sería profanarlo.
Déjalo ser en silencio, para que sientas la música
de los dedos que rozan una piel amada”
Darío Jaramillo Agudelo

Hasta este momento nos la habíamos arreglado para gustarnos sin tener que declarárnoslo y sin tener que explicarle a tu esposo que algunos de tus suspiros me pertenecen ni tener que decirle a mi esposa que algunos de mis pensamientos se enredan en aquel caprichoso mechón que desdeña peinillas y secadores. Hasta aquí habíamos logrado hablar sin que la vibración de mi voz o el temblor de tus dedos delataran aquel amor en ciernes, aquel embrión de ternura, que ata nuestros ojos cuando nadie nos ve. Lo habíamos conseguido hasta que hallé la manera –involuntaria e irrevocable- de desterrarlo de las cunetas del futuro (aquella entelequia en la quizás tú, en la que quizás yo, en la que quizás nosotros): lo envolví en la maraña de confesiones categóricas (todas gastadas de tanto repasarlas en mi mente) para abandonarlo, poco después, en las praderas de lo que pudo ser, en las trincheras de lo que nunca será…

(no sé por qué continúo hablando de la esperanza y del olvido; de aquellas cenizas del alma, de aquel polvo del tiempo)

Quedamos frente a la declaración, con un centenar de respuestas inútiles, una ternura extraviándose en los caminos de la prudencia y con la extraña sensación de haber cometido el peor error en el ejercicio de los amores imposibles: haber transformado una duda conveniente en una certeza inquietante…

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A Johanna Carolina

Es inevitable darle paso a los recuerdos en un día como hoy.

Hace ocho años, por ejemplo, fui a la once a abrazarte y a escribir una nota al lado de la huella de un cachorro. Recuerdo que días atrás te robe el aliento con aquel teléfono que escondía en su cajoncito un poema de Darío Jaramillo y que le hablaba a la tristeza con su metálica voz (aquel año eras, además, la causante de un insomnio que se emboscaba en las sombras del amor).

Hace seis años te acompañamos, Alba, Rodolfo y yo, en el tránsito del amor recién inaugurado. La felicidad, lo recuerdo como si hubiese pasado esta mañana, labró la carretera por donde rodaban las abultadas vocales y trotaban las adustas consonantes. Nunca te vi tan radiante ni tan locuaz. Luego, cuando la noche cerró las cortinas, retorné emporio de la nostalgia a cultivar las palabras en el vergel de la evocación.

Aún puedo ver, a pesar que el río del tiempo sacude el puente sobre el que te observo, a la niña que se escondía bajo la cama cuando rugía el cielo y a la soñadora que buscaba en las solapas del viento a su príncipe azul. Desde ese mismo altozano vislumbro al soñador que me recrimina por abandonar los castillos de arena que dejé a la orilla de tus ojos.
Desde el faro que gira en la bruma del recuerdo te envío un abrazo dulzón, un inocente beso y el poema que te espera todas las noches en el cajoncito del teléfono.

Feliz Cumpleaños!!!

Poema de Amor (VI)

Tu voz por el teléfono tan cerca y nosotros tan distantes,
tu voz, amor, al otro lado de la línea y yo
aquí solo, sin ti, al otro lado de la luna,
tu voz por teléfono tan cerca,
apaciguándome, ya tan lejos tu de mi, tan lejos,
“debemos empezar una cosa y luego la otra, sin terminar ninguna”,
o que menciona un número mágico,
que por encima de la alharaca del mundo me
habla para decir en lenguaje cifrado que me amas.
Tu voz aquí, a lo lejos, que le da sentido a todo,
tu voz que es la música de mi alma,
tu voz, sonido del agua, conjuro,
encantamiento.

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Poema de Amor (II) (Darío Jaramillo Agudelo)

Muchas veces hemos querido abandonar el amor y el desamor-la inevitable cruz del amor-. Deseamos poner kilómetros de distancia entre ella o él y olvidarnos del aroma de sus palabras, o de la dulzura de su mirada; queremos enterrar bajo una montaña de excusas nuestra decisión de amar (si acaso alguien decide amar); queremos, en suma, aniquilar de un manotazo los minutos que compartimos con esa persona…

Después, cuando intentamos aplicar nuestro proyecto, vemos que no podemos: pesan más los exiguos minutos de felicidad a su lado; experimentamos un apaciguamiento de nuestra arrebato inicial y cedemos, irremediablemente, ante el peso de la realidad…

Poemas de Amor (II)

Podría perfectamente suprimirte de mi vida,
no contestar tus llamadas, no abrirte la puerta de la casa,
no pensarte, no desearte,
no buscarte en ningún lugar común y no volver a verte,
circular por calles por donde sé que no pasas,
eliminar de mi memoria cada instante que hemos compartido,
cada recuerdo de tu recuerdo,
olvidar tu cara hasta ser capaz de no reconocerte,
responder con evasivas cuando me pregunten por ti
y hacer como si no hubieras existido nunca.
Pero te amo.

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