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730 días (365 de Unión Libre)

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Has perdido la esperanza, después de dos años de conocernos, que yo coma lentamente, como las personas decentes, que cuelgue la ropa en vez de lanzarla a un rincón para que se arrugue, se ensucie, se aje como un papel viejo, que tenga una vida convencional, que estudie matemáticas en lugar de leer, de sentarme a escribir, de perderme en los meandros de la red, que no ronque como una locomotora, que no me comporte como un niño cuando me enfermo o cuando quiero llamar la atención. No es un secreto, por otro lado, que en el mismo periodo me he transformado en un hombre que pierde cabello y dinero con una facilidad pasmosa, que convive con las brumas de la melancolía, que se enferma a la menor provocación y que olvida sus promesas. Es asombroso, por lo tanto, que brillen tus ojos cuando te beso a las seis de la mañana o en las tardes en las que te recibo con una sonrisa torcida, chueca, que sugiere subir las escaleras rápidamente, encerrarnos para querernos entre jadeos encadenados, con posiciones oblicuas que buscan evadir el asedio de chirridos desalentadores (también es maravilloso que sigas creyendo que el futuro nos sorprenderá juntos, a pesar que sabes que mi suerte es juguetona, muchas veces turbia, que mi destino gusta de recovecos y bravatas, que la vida me lleva y trae sin que yo oponga resistencia). Tanta ternura, me digo frente a este panorama, que cabe en tu corazón y yo recompensándolo con este amor ocioso que te nombra con las mismas palabras con las que enseño Integrales o con las que hago reclamos airados, ese sentimiento que retribuyo con la cordialidad de estas manos que no aprendieron a recortar ni a dibujar, con estos dedos que martillean teclados, con estas caricias que se atropellan cuando la sangre emigra hacia regiones australes. Es una suerte, en consecuencia, que el amor arrincone la razón, que ignore desigualdades, que no le importe que ames caribeñamente (es decir, que te enamores hasta la médula de los huesos) mientras yo te ame a la andina (esto es, como las palomas y los gatos), que continúe creciendo a la sombra de las conversaciones de las nueve de la noche o de las rascaditas de espalda, que margine los números, que desdeñe las cifras, que no le importe que acumulemos dos años bajo sus alas ya que para él, para el desorientado amor, sólo ha pasado un segundo desde el instante en el que te di aquel tembloroso beso que te llevó a los callejones de la curiosidad…

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365 días

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Allí donde el sauce casi besa el agua, un renacuajo se encontró con una oruga.
Se miraron fijamente a los diminutos ojos… y se enamoraron.

Ella era para él como un maravilloso arco iris,
y él era para ella como una perla negra y brillante.

– “Me encantas”, dijo el renacuajo.
-“Tú también me encantas”, contestó la oruga.
-“Prométeme que nunca vas a cambiar”.
“-Te lo prometo”, dijo el renacuajo.

Pero estaba tan claro como que el
tiempo cambia que el renacuajo no
podría cumplir su promesa.

Tony Ross y Jeanne Willis

¿Cómo podría conquistarte ahora que sabes que soy un hombre quien, además de celoso, le indigna que seas sarcástica? ¿Cómo podría cautivar tu corazón si conoces la navaja emboscada en la mansedumbre de mis palabras? ¿Cómo podría seducir tu cuerpo si has sido testigo de la anarquía que el tiempo ha emplazado en la órbita de mi abdomen o en el obstinado avance de la calvicie?…

Sé que las evidencias indican que languidecen los argumentos con los que despeinaba tu aliento, así como indican que la fatiga tiene la facultad de desbarrancar la relación. Lo perverso del asunto es que, a pesar de estar avisado de los efectos del tiempo, poco puedo hacer contra la herrumbre que desencaja la tramoya del romance, marchita los versos de Sabines o agota las caricias. He decidid sustituir, en consecuencia, la pirotecnia del discurso por la firmeza de los hechos, la impetuosidad de la juventud por la mesura de la madurez y la banalidad por la salvaguardia de la ternura.

¿Dónde quedan, en aquella metamorfosis de buenas intenciones, las razones que te enamoraron?, preguntarás con justicia. Ellas, como todo aquello que pertenece a este mundo, están sujetas a la vorágine de las transformaciones y, por tanto, seguirán presentes, pero lo harán con una morfología distinta. En efecto, si bien las variaciones reemplazarán la impetuosa pasión por un amor apacible, no habrá pérdida ya que ganaremos por dos motivos: permutaremos, en primer lugar, los azares del frenesí por la estabilidad del sosiego; y, en segundo lugar, el amor tendrá la potestad -contradictoria, si se quiere- de reflexionar y, por ello mismo, de participar de una sensatez hasta el momento desconocida…

Este amor, como puede ver, está dejando de ser aquel romance entre el príncipe –andino, por demás- de calculadas maneras y lento hablar y la princesa de curvas convergentes y acento de río crecido para dar paso al amor, sereno y reflexivo, entre dos humanos con las aristas de sus personalidades afiladas por corrosión de los años (este hecho trae implícito el desafío de amarnos a pesar de las cortaduras que causen las filos de nuestro carácter).

Pido al cielo, para finalizar, que esta nueva etapa traiga las mismas –o acaso más- alegrías de las suscitadas el ciclo anterior.

¡Feliz Aniversario!

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Sobre contratos y noviazgos

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Imagine que usted se encuentra con un señor en una cafetería. Este individuo se sienta en su mesa, le dice que se llama Manuel, le habla de la empresa que dirige y de la vacante que necesita ocupar. Después de una larga conversación usted acepta la solicitud de tomar el empleo. El señor le da la mano y le dice que no es necesario firmas papeles ni hacer contratos. Al poco tiempo, viajando en un bus, su compañero de puesto le ofrece un cargo mejor remunerado y con mayores expectativas que las ofrecidas días atrás. Usted lo acepta a pesar de saber que su decisión le traerá inconvenientes a Manuel.

Imagine ahora que está sentado en la misma cafetería. Minutos después una muchacha rubia, con ojos cafés, curvas convergentes y turgencias pronunciadas se sienta a su mesa y le dice que se llama Manuela. Después de una breve charla se besan y días después de ennovian. Un viernes usted va en una buseta hacia la universidad y la muchacha de la silla del lado inquiere por la ruta de la buseta. Después de una charla protocolaria se entera que la joven estudia en el mismo lugar. En la universidad, luego de una charla frente a un tinto amargo, se besan y días después deja a Manuela por ella.

En los dos casos no hay un contrato que obligue permanecer en la empresa o un acuerdo que exija la fidelidad. En las dos historias no hay, por tanto, exigencias ni reclamos puesto que no hay convenios; existe, simplemente, el acuerdo tácito de fidelidad de los suscritos.

Eso es el noviazgo: un acuerdo tácito de fidelidad y otras adendas. El problema radica en que, dado que no hay acuerdo ni contrato, cada una de las partes presupone los elementos del acuerdo. Una de las partes, por ejemplo, supone que la llamada diaria es vinculante en tanto que el otro presume que la otra parte debe estar disponible todos los viernes. Me extraña, por ello, que un vínculo tan débil y asimétrico, como lo es el noviazgo, duren más de un mes y que sus integrantes sean felices

Lo anterior lo digo por conocimiento de causa: he tenido noviazgos en los que mi novia y yo teníamos concepciones divergentes acerca de los derechos y deberes de la relación. Lo anterior no quiere decir que no he tenido malas relaciones: el noviazgo actual, por ejemplo, llega mañana a su primer año. ¿Cómo, me pregunto en esta tarde gris, pueden durar tanto dos personas que no han establecido ningún lineamiento? Quizás esa sea la razón: no nos hemos enredado en penosas elaboraciones de compromisos y potestades. Simplemente nos vemos cuando el tiempo nos faculta para hacerlo, nos llamamos algunas veces en la semana y no nos acostamos ni nos besamos con otra persona. Lo demás, en nuestro criterio, son tonterías que conducirían la relación a las cavernas del infortunio…

Aprovecho para desearles a todos ustedes una navidad al lado de los seres queridos y para agradecerle a Luz Amparo los 366 días de felicidad que me ha obsequiado y las 366 inolvidables noches que hemos pasado juntos.

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