Funeral

funeral1(Fuente de la Imagen)

Sólo murió tres centímetros, pero daba la impresión que falleció completamente. Ha muerto una parte de mí, pensó mientras él y su esposa guardanan el silencio respetuoso e incómodo que se usa en estos casos. Estoy muriéndome a pedacitos, logró decir al final de una larga pausa. Ella le apretó la muñeca con sus dedos índice y pulgar y luego le tendió el brazo sobre sus hombros. Este gesto le produjo una amargura mayor. Era una uña terca, torcida y malhumorada, hacia lo que le venía en gana; pero era, al fin y al cabo, hija de esta creación y de esta voluntad divina que nos pone a coexistir de la mejor manera posible, indicó al tiempo que levantó la uña del suelo. Es cierto que odiaba los calcetines: los rajaba cuando mi indolencia la dejaba crecer más allá de los márgenes aconsejables; pero, salvo por ese detalle, se podría decir que era una uña buena: siempre cumplió con su deber y padeció la dosis de sufrimiento que le correspondía, concluyó con la voz atropellada por una cascada de suspiros que bajaban desde las cumbres de su congoja. Dos lágrimas gruesas descendieron por la mejilla en el instante en el que lanzó el cadáver a la caneca del baño. Dio media vuelta y salió del cuarto al tiempo que se consumía el último remanente de esperanza.

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Archivado bajo desplome de los años, humor, miscelaneos, narraciones, saudade

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