Carta al silencio de la noche (19)

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Hola

Estas palabras que pronuncio cuando nos encontramos en una intersección de los sueños, aquellas que siembran dudas en tu cabeza y hierba en tu corazón, esas palabras, decía, que se van por las rendijas del tiempo, que juguetean con los vaivenes de la madrugada, que tropiezan con los andenes descascarillados y huyen enredadas en los encajes de la noche, esas frases, mi niña, quieren acariciar tu cabello, besarte los enormes ojos que miran, que calculan, que sospechan y sopesan la veracidad de mis afirmaciones, palabras que desean, en últimas y para no dar tantas vueltas, felicitarte por arribar a los dieciocho años, territorio que queda a dos pasos del segundo piso, aquel que construye y edifica, que borra y redefine lo que los demás hicieron de ti y quien se transforma en el camino que conduce al lugar en el que aceptamos la costumbre del destino de llenarnos de verrugas, de meternos cáncer o diabetes en las ranuras de la sangre, de llenarnos de las ilusiones que abandonaremos cuando entreguemos el alma a Caronte…

Me asombra, por otro lado, que te hayas entregado tan rápido al imperio de la madurez, a sus manos que me llevan hasta ti y me regresan a los terrenos de la inexistencia como si fuera una entelequia más, una inquietud que rehúsa seguir tus pasos, multiplicarse en los días o en los quiebres del atardecer, así como me abruma que seas una jovencita que asumes las responsabilidades con cada sombra y cada filo, que seas bella y madura a pesar de las incertidumbres de la juventud y las certezas de la madurez, que avances sin que te importe tener un pie en la adolescencia y otro en la prudencia. Quizás sea eso lo que más me atrae de ti: ese ir y venir por las autopistas del tiempo y la edad, ese subir a las crestas de la belleza para que luego te hundas, instantáneamente, en los abismos de la sensatez, como si fueras cientos, miles de mujeres que pugnan y gritan, que se empujan y arañan bajo esa sonrisa pacífica, bajo esos ojos que iluminan todo cuanto ven, bajo esa piel blanca y tersa como la hoja en la que escribo estas palabras que empiezan a aburrirse de precipitarse por las cataratas de la lectura que acompañas con una ola carmesí que anega tus mejillas, dándome a entender, con ese breve e involuntario fenómeno, que estas frases que digo y repito entrañan tus secretos más vergonzosos…

¡¡Feliz Cumpleaños!!…

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Archivado bajo amor, desamor, desplome de los años, miscelaneos, mujeres, narraciones, saudade, serie cartas

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