Laberinto

(Fuente de la Imagen)

La vida se vuelve un ir y venir por afanes y obligaciones, por deudas que se pagan o que definitivamente se evaden, por sueños que se postergan indefinidamente hasta que son las esperanzas de otro a quien difícilmente reconocemos en fotografías que empiezan a amarillarse… la vida, decía, se transforma en ese ir y venir, en un avance a ciegas, lento, con los brazos frente a nosotros, buscando una pared en la que se pueda estabilizar la marcha, pero que sólo encuentran vacío que crece a cada tranco, que se hace infinito a medida que transcurre este tiempo que creemos eterno y que empieza a acumularse en los lunares de las manos, en la digestión que se hace lenta, pausada como los vacilantes pasos que damos en este laberinto de tinieblas del que sólo podemos dar cuenta de lo que dejamos atrás (promesas, besos, errores), de lo que no volverá a ser de nuestra propiedad por más que queramos aferrarnos a su recuerdo, hasta llegar a este momento en el que lees este texto o que lo escribes, en el que piensas en lo que eres o en lo que pudiste ser, dos abstracciones concebidas por esta razón egoísta y arrogante que cree saberlo todo a pesar que sólo toca la realidad tangencialmente, de refilón, por temor o incapacidad… momento, venía diciendo, en el que eres padre o madre, acaso estudiante, adolescente con la vida sin golpes, sin astillas que narren aciertos o carreras frustradas, acaso eres contador, administrador o abogado, hombre con un rótulo que te define por cuenta de las cientos de horas que dedicas a actividades repetitivas, estériles, como si no pudiera determinarte ese remanente que deja el trabajo y a quien la mayoría asocia con tiempo perdido sin saber, sin sospechar siquiera, que dirá, en el vano de la muerte, visité, conocí, me equivoqué, amé, en lugar de decirse, porque sé que no lo hará, trabajé, hice miles de cuentas de cobro, cientos de balances, decenas de litigios, gracias a que esas labores son humo y fantasía, castillos de arena que quedarán abandonados en las rutas del viento cuando tú y yo no seamos más que espíritus aferrados a carne en proceso de descomposición, cuando empecemos a ser palabras (se llamaba Diego, fue mi compañero, vivió en esa casa) para dar paso a un silencio eterno, inabarcable, hermoso como las caricias que también serán palabras, que también serán silencio, que también serán olvido…

Deja un comentario

Archivado bajo amor, desamor, desplome de los años, miscelaneos, mujeres, narraciones, personal, reflexiones, saudade

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s