Amor en tiempo de estudio

(Fuente de la Imagen)

Esa línea que inició una tarde al margen de una conferencia de Sor Juana Inés y quien luego se hizo amistad, confesiones, distancia y silencio, esa línea, decía, que imaginamos recta porque conecta esa tarde y esta mañana, dos puntos en el tiempo y en el espacio, dos coordenadas, un plano cartesiano, una única representación, pero quien al final, para despecho de la geometría clásica, no es recta sino una curva serpenteante como mis pensamientos que van hacia ti, regresan a Lobo Antunes, viran hacia el pasado donde camino a mis anchas, retornan a tus ojos que me siguen contemplando con curiosidad y que luego se encarrilan sobre esta curva que trastoca las abscisa con las ordenadas, que es continua pero no diferenciable, que va y viene, sube y baja a su antojo, que algunas veces tiene n raíces a las que me aferro con esperanza, que en otras temporadas, cuando eres sombra o tiniebla o fantasía, se camufla en el eje imaginario, que en algunas ocasiones alcanza la rectilinealidad poniéndote al alcance de mi mano como si faltaran dos minutos para que irrumpas en el auditorio como una centella y que otras tantas se hace ausencia, especulaciones sobre su propia naturaleza, sobre su métrica (que con seguridad es discreta) y sobre la existencia de un isomorfismo que traerá tu imagen difusa que se resbala por los andenes de la realidad a este universo de versos y aguijones…

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Archivado bajo amor, desamor, desplome de los años, evocaciones, mujeres, narraciones, personal, saudade

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