Capullo

(Fuente de la Imagen)

La conoces justamente cuando empieza a abandonar los vértices de la adolescencia, cuándo aún queda inocencia en su mirada y las caderas continúan en su afán de alejarse de la odiosa rectitud; te contempla con curiosidad, te habla con una mezcla de ansiedad y respeto, como si vinieras de otro planeta, como si fueras el primer hombre que se acerca a sus comarcas de especulaciones, a su universo de prevenciones; los únicos que he conocido, te dice, se dice, son niños, simples niños, repite con ojos que se abren desmesuradamente para justificar los besos a escondidas, las caricias urdidas a la sombra del álgebra; te mira de nuevo, una vez, acaso dos, sonríes, te vas con ella por historias que se extravían en los horizontes de su memoria embrionaria, piensas en tu esposa que te espera en la otra orilla de los treinta, en el mismo margen en el que estabas antes de desandar los años, de caminar cuesta arriba por estos senderos cenagosos y caprichosos del tiempo que te regresan al Ahora que es, de alguna manera, de muchas maneras, tu ayer pero más venturoso ya que ninguna jovencita, cuando tenías dieciséis, diecisiete, te miraba, o no lo hacía de esa manera tan luminosa, tan insinuante, ni mucho menos siendo tan atractiva como la que tienes al frente; te entristece saber que llegó en el instante en el que tú estás dando tumbos, hundiéndote, saliendo a flote, en mitad de este río enorme que llamamos vida y en el que ella hasta ahora está en las riberas, metiendo los piecitos para tazar la temperatura del agua o chapaleando cerca de la orilla; te levantas dando dos o tres excusas de las que damos los bogotanos para no quedar mal, le dejas un beso largo y palpitante en su mejilla y te vas con la madurez que te insinúa que en poco tiempo empezará a desteñirse a causa de tanto compromiso acumulado, de tanto amor silencioso y silenciado, de tanta aventura de final incierto, brumoso como los años que se le irán encima como una montaña rugiente, hasta que te alcance en algún recodo de ese río que algunas veces se hace manso como los pétalos y otras irascible como las espinas…

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Archivado bajo adolescencia, amor, desamor, desplome de los años, mujeres, narraciones, saudade, sexo, traición

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