Sombra

(Fuente de la Imagen)

Quisiera escribir río para que lo cruzaras a brazadas, con tus ojos de tierra, con tu desorientación a prueba de años, con tu remanente de deportista. Pero escribo río y aparece una catarata de palabras que se escurren por mis manos, goleándose unas a otras, con rencor, con la crueldad propia de la desesperanza. Desearía, asimismo, escribir nubes para que las pastorearas con tu sonrisa de algodón, con tus manos galácticas y con aquella sombra que acentúa esplendor de tu edad. Pero al escribir nubes estas se ponen grises, plomizas, se enredan en la melancolía, en las evocaciones, en los atardeceres, en la mirada de las mujeres hasta hundirse en las grietas de las páginas. Anhelaría, por último, escribir tu nombre y que te hicieras real, palpable como la vida que se agota en el galope de las horas, como los problemas que siembran úlceras en el estómago, que entorpecen el correteo de la sangre. Pero escribo tu nombre y emergen telarañas, ventiscas vagabundas, sosiegos olvidados en las esquinas de la adolescencia, versos extraviados que tornan hacia aquel hálito de silencio o tristeza que visita las rendijas de las reflexiones, el barranco del deseo, que te transforma en el espectro que deambula por mis escritos con la dulce y espinosa vocación del amor…

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Archivado bajo amor, desamor, evocaciones, mujeres, narraciones, saudade

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