Fanfarria para el hombre común

(Fuente de la Imagen)

Variante de la obra de Aaron Copland

Entiendo que no es fácil luchar con los ojos cerrados, con la boca apretada, en medio de ventiscas, de aguaceros inclementes, en la soledad más ominosa, a la intemperie de los interrogantes, sin saber si esa condición, si ese clima, persistirá. Sé, asimismo, que de algún recodo, de algún callejón oscuro, emerge una mano, acaso un amor, que nos lleva, o al que llevamos, bajo el aguacero que empieza a amainar o que embate con mayor fiereza pero al que, visto bajo esta nueva circunstancia, se acepta, se ama incluso, y descubrimos que la vida (esa que nos pesaba tanto, que nos agobiaba con sus impertinencias) es una fiesta alucinante en la que nos vemos obligados, una que otra vez, a bailar con las feas, con las malcaradas, pero en la que tendremos, de ello no nos quede duda, la oportunidad de hacerlo con las carismáticas, con las hermosas, con las interesantes, las que siempre, qué bueno, esperarán que les hablemos, que nos acerquemos con pasos seguros, con una mirada cómplice, acaso sugerente, que les indique, que les haga saber que soplan vientos favorables o, a lo mejor, que se acercan noches de versos y serenatas… vistas así las cosas, mi apreciado lector, tienes dos opciones frente a la vida: sentarte y aburrirte mientras los demás bailan, ríen, se emborrachan, tal vez se agotan, al igual que nosotros, o puedes, por el contrario, trenzarte con aquella muchacha que toda la noche te ha mirado desde la esquina, bajo aquellas bombas rojas que parecen a lo lejos, acaso por efecto del alcohol, preservativos inflados, aquella niña que no le prestaste atención cuando entraste, o que la viste y te pareció fea al compararla con la morena del fondo o con la rubia de curvas apetitosas que coquetea con la concurrencia, la muchacha, como decía, que ahora, bajo la influencia de las horas, del aguardiente que abunda en las mesas, empieza a gustarte por su silencio, por la solidaridad que ves en sus ojos, por aquellas piernas que emergen de una falda que se acorta a cada segundo, a cada trago, a cada sonrisa… quizás, no lo puedes saber aún, ella te dé lo que necesitas, o, tal vez –tampoco puedes saberlo-, te presente a la jovencita que todos miran, que todos imaginan entre sus sábanas, la que no ha salido a bailar porque continúa esperando que la invites al centro de la pista, para vanagloriarse de bailar contigo, el más denso, el más oscuro y, por tanto, el más interesante de la celebración…

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3 comentarios

Archivado bajo amor, borrachera, desamor, desplome de los años, fiesta, miscelaneos, narraciones, saudade

3 Respuestas a “Fanfarria para el hombre común

  1. Te encontré por casualidad en la red y déjame decirte que me encantan tus historias, ya sacaré tiempo para leerlas, todas. Enhorabuena!

  2. Diego Niño

    Muchísimas gracias por la visita y por el comentario…

    espero (y deseo) que vuelvas a tu amada Colombia…

    Saludos desde la fría, y no pocas veces lluviosa, Bogotá.

  3. Pingback: Fanfarria | TagHall

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