Venganza

(Fuente de la Imagen)

Cuando te vi eras, a duras penas, una madriguera de huesos, un murmullo de sueños tronchados, de miradas aleteando en la pestilencia de la esperanza. Supe por el rumor de compañeros que te marchitaste en el frenesí de noches etílicas, de amaneceres enclaustrados en líneas de cocaína, entre anotaciones marginales, entre publicaciones en revistas de prestancia. No supiste, por lo visto, que las cumbres se hicieron para no caer estrepitosamente, frente a los ojos de quienes te vieron subir, frente a aquellos en quienes te apoyaste para alcanzar las ranuras, los resquicios por los que ascendiste lentamente, con los ojos abotagados por la soledad. Dicen, asimismo, que el desplome, consecuente con tus excesos, fue vertiginoso: regresaste a Colombia sin un centavo, con el vicio galopante, radical, azotándote las entrañas; luego arribaron los fracasos desde los que caíste, sin fanfarrias ni bravuconerías, a la calle en la que vendes tu cuerpo por poco más que un mendrugo de pan.

Fue justamente allí donde te encontré mientras te insinuabas a un borracho a quien, a pesar del estímulo etílico, no le conmoviste los paisajes bajos. Si él supiera, pensaba mientras contemplaba la escena, que acaba de despreciar a la mujer que en la Universidad Nacional (y supongo que también en la UBA) todos deseaban y todas envidiaban, la que despertaba bisbiseos cuando pasaba con su contoneo de carnes sabrosas por el Jardín del Freud o por la Plaza Ché. Al verme dudaste entre seguir el camino o venir hacia mí. Te sonreí para que perdieras el temor del rechazo. ¿Tienes dinero?, inquiriste en reemplazo del saludo. Asentí con un movimiento leve, casi imperceptible, de la cabeza. Dame un poco y verás que te haré recordar los buenos tiempos, afirmaste con la voz extenuada de negociaciones y porros. No es necesario, dije para acortar el trámite. Extraje un puñado de billetes y te los entregue sin ceremonia; di media vuelta y caminé hacia la Avenida Caracas con la certeza que cobraba, por la espinosa ruta de los alucinógenos, el rechazo al que me sometiste durante años…

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5 comentarios

Archivado bajo amor, desamor, desplome de los años, mujeres, narraciones, saudade, sexo, venganza

5 Respuestas a “Venganza

  1. La sed que produce no es detenible…la venganza.

  2. Diego Niño

    Debo confesar que nunca he sentido conscientemente el deseo, o, como tú lo llamas, la sed de venganza… el hábito de escribir me ha mostrado, sin embargo, que esta conducta obedece más a la represión que a la bondad puesto que no han sido pocas las veces en las que los protagonistas zanjan sus problemas con castigos de esta naturaleza…

    Gracias por la visita y por el comentario

    Saludos desde la fría Bogotá

  3. Mix

    La verdad me tiene muy abandonada . no conjuro venganzas sòlo pienso a quìeN te estaràs dirijiendo en este u otros blogs.
    Penita porque me entretenia en mis momentos de ocio .
    SALUDETE !

  4. Diego Niño

    También lamento no tener tiempo para las palabras y para las fantasías que le traen luz a esta alma melancólica…

    En este blog no le escribo, por otra parte, a nadie particular… en el Anecdotario publico para todo aquel (o aquella) que quiera conocer fragmentos de mi vida…

    Saludos afectuosos desde la fría Bogotá

  5. Pingback: Desplome | Con Vocación de Espina

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