Renglones de la decadencia

(Fuente de la Imagen)

Pocos dudan que El Hombre pierde y que lo hace con bastante frecuencia: lo abandona el autobús en las mañanas en las que sale con el afán amarrado al corazón, extravía las llaves cuando le truenan los intestinos, nunca encuentra una media de la pareja que se calza junto con los zapatos que tantos le gustan (quienes, casualmente, se descomponen primero que aquellos que odia y que, por un incomprensible arranque de caridad (no sabemos si con él o con el calzado), no se atreve a arrojarlos al bote de basura). Desperdicia, asimismo, la niñez esperando el arribo de la juventud; esta se pierde, a su vez, soñando con lo que poseen los demás (como aquella muchacha de mirada lujuriosa que tiene la costumbre de besarse con todos los muchachos del salón –incluso con González- pero que no ha tenido la decencia de lanzarle un pico de caridad), así como la adultez se malgasta trabajando con la única idea, con el único fin, de alcanzar lo que se deseó en la adolescencia (incluida la joven de virtud extraviada que besó a González) y en el entrevero, en las arrugas de esta insensata carrera, se agota la vida. Parece, por tanto, que viene a perder a diario, en cada paso, en cada latido del corazón, en cada paso vacilante y que poco o nada puede hacer contra este lento hundimiento que lo abruma en su calidad de naufragio. Llama la atención, por tanto, el afán del Hombre de acopiar objetos que se perderán por alguna vía, de coleccionar mujeres que se irán detrás de otros Hombres, bien por interés bien por aburrimiento, de atesorar títulos que se extraviarán en la maraña de eventos que, se supone, deben rescatarse del olvido, de coleccionar aciertos que lo ascenderán a la montaña desde la que se despeñará en medio de un tropel de recuerdos fracturados, de ilusiones tronchadas en el esplendor de su existencia (¿Será, me pregunto ahora, que olvidó que todo lo que se consigue en este mundo es prestado (incluida la vida) y que de acá no podrá llevarse ni siquiera el cuerpo que se marchitó a la sombra de la esperanza?)

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Archivado bajo comentario, desplome de los años, miscelaneos, mujeres, personal, reflexiones

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