Siempre tendremos el primer semestre de 2008

“The world will always welcome lovers 
As time goes by.
Oh yes, the world will always welcome lovers
As time goes by”.

Canta Doolye Wilson

 

No sé si fuiste tú o fue la suerte quien impidió que nos viéramos aquel enero de brisas y presagios. No podremos saber, por tanto, qué hubiésemos hecho aquella tarde de lloviznas horizontales, de conversaciones helicoidales, de miradas escudriñando la intención en los ojos del otro, contemplando el temblor de las manos o los labios que se cuartean por efectos de la humedad, crepúsculo de oídos que medirían el silencio que habría coronado aquel comentario importuno que, estoy seguro, habría emergido como una brizna de hierba entre las ranuras de tu prevención, de tu temor de romper el juramento hecho contigo misma y quien se venía aferrando en el tránsito de la convivencia, de los momentos que te hablan de su lealtad, de su incapacidad de abandonarte a pesar de aquellos caprichos que no has podido extirpar de tu conducta, de aquellos ataques histéricos de los que tanto te arrepientes, observación, como decía, que hubiese sido suficiente para darme la posibilidad de confesar aquello que se deslizaba entre las líneas de los correos, entre los tabiques de los post que escribía con la esperanza que entendieras que aquel acento de eses aplastadas, aquel torbellino de frases, aquella incapacidad para la resignación empezaba a ganar, con paso lento pero seguro, la oscura orilla del amor… no puedo saber, ahora que lo pienso, qué habría sucedido después de haber puesto los puntos sobre las íes que en el tropel del tiempo, en el alboroto de las llamadas, se vieron sin aquellas puntadas que las diferencias de las alargadas -y, por ello mismo, vanidosas –eles y quienes, por efectos de la revelación, como queda dicho, las volvieron a tener sobre sus testas. No podría saber (nunca lo sabré) cuáles eran tus intenciones (si las había) ni podré conocer el calado de mis palabras en tus sentimientos o en tus sentidos ya que nunca, bajo ninguna circunstancia, nos dimos la oportunidad de forjar un universo en el que tus manos (que imagino largas y delgadas) avanzaran por la oscuridad de mis pensamientos y en el que mis besos rasguñaran tu melancólica madrugada… sin embargo, siempre tendremos, parafraseando a Rick, el primer semestre de 2008, con sus ciento quince correos, con sus comentarios ardorosos y no pocas veces irónicos, de frases veladas, de pensamientos clandestinos, en los que tú, en los que yo, en los que nosotros quizás, tal vez, a lo mejor tendríamos la posibilidad de expresar lo que se ha ido secando en las praderas del olvido, de intentar lo que acaso quisimos que sucediera y que nuestro cerebro (aquel policía) reprimía con sus reglas, con su fidelidad, con su moral verrugosa y que, al final, se dejó para mejores épocas, para vidas en las que habitaremos la misma ciudad, en la que no le deberemos fidelidad a nadie más que a la carne que nos llama, que grita desde el fondo de esta animalidad de la que tanto nos avergonzamos…

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Archivado bajo amor, desamor, desplome de los años, evocaciones, mujeres, narraciones, personal, reflexiones, saudade, sexo, traición

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