Archivo diario: diciembre 17, 2010

Son difusas las mañanas…

(Fuente de la Imagen)

en las que me acuesto solo, en mi mitad de la cama, a contemplar el aburrimiento jugueteando con las sombras hasta que el sueño me lleva a casonas abandonadas, laberínticas, en las que camino alumbrado por tu nombre, en busca de puertas desvencijadas, de ventanas oxidadas que me conducen a pastizales por los que troto nerviosamente hasta llegar a tus brazos, sin que seas tú quien abraza ni sea yo quien llega corriendo, sino que son otros quienes se aman con nuestra pasión, con nuestro desenfreno (acaso -no lo sabemos, no lo podríamos saber-, sean la Mujer y el Hombre en mayúsculas los que se aman en mis sueños, los que nos representan o, como diría Platón, a quienes encarnamos mediocremente, de quienes somos una tímida sombra). El caso es, mi vida, que me despierto con los pies agotados de trepar los andamios de las flores, con las manos sudorosas de galopar bajo la canícula y con el irreprimible deseo de aferrarme a los dobladillos de tu ternura, a la mansedumbre del hombro en el que descansan mis complejos y temores, a tu respiración rastrillante, a la continuidad de las conversaciones que ponen carcajadas a tu cansancio y a los besos que corroen mi fatigosa melancolía.

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