Diciembre


(Fuente de la Imagen)

Bajas a la tierra en espirales de polvo y alegría, besas a las muchachas que presagian silencios o ternuras, acaricias a los hombres que envejecen al margen de las horas, a los niños que peregrinan por las riberas del tedio, a las madres que se marchitan a la sombra de las obligaciones. Repartes melancolía y algarabía indiscriminadamente, trepas la mirada de mujeres sin rumbo, la soledad del abatido, el rencor del violento, sacudes ramas y sonrisas con tus manos de algodón, atiborras las ventanas de bombillos y las alacenas de licores. Los arbustos aguardan tu llegada para llenarse de copetones, de nidos y de escarcha, la brisa te espera para atropellar -junto a ti- canciones y carcajadas, para hacer girar las veletas oxidadas, levantar manteles y banderas en los restaurantes, faldas en los callejones, hojarascas en los parques, el sol acecha tu arribo para que enrollen lienzos, despeinen cortinas, rocen frutas, para ahuyentar las tinieblas de la noche y luego ladrar hasta levantar a los remisos adolescentes de su postración vacacional (tu presencia eleva, sin duda alguna, los días en una brisa ajena al turbio vendaval de noviembre o al pajizo viento de enero)…

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Archivado bajo comentario, desplome de los años, Elogios, General, mujeres, narraciones, personal, saudade

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