Confesión

(Fuente de la Imagen)

 

“No menciones el amor: bien sabes que sería profanarlo.
Déjalo ser en silencio, para que sientas la música
de los dedos que rozan una piel amada”
Darío Jaramillo Agudelo

Hasta este momento nos la habíamos arreglado para gustarnos sin tener que declarárnoslo y sin tener que explicarle a tu esposo que algunos de tus suspiros me pertenecen ni tener que decirle a mi esposa que algunos de mis pensamientos se enredan en aquel caprichoso mechón que desdeña peinillas y secadores. Hasta aquí habíamos logrado hablar sin que la vibración de mi voz o el temblor de tus dedos delataran aquel amor en ciernes, aquel embrión de ternura, que ata nuestros ojos cuando nadie nos ve. Lo habíamos conseguido hasta que hallé la manera –involuntaria e irrevocable- de desterrarlo de las cunetas del futuro (aquella entelequia en la quizás tú, en la que quizás yo, en la que quizás nosotros): lo envolví en la maraña de confesiones categóricas (todas gastadas de tanto repasarlas en mi mente) para abandonarlo, poco después, en las praderas de lo que pudo ser, en las trincheras de lo que nunca será…

(no sé por qué continúo hablando de la esperanza y del olvido; de aquellas cenizas del alma, de aquel polvo del tiempo)

Quedamos frente a la declaración, con un centenar de respuestas inútiles, una ternura extraviándose en los caminos de la prudencia y con la extraña sensación de haber cometido el peor error en el ejercicio de los amores imposibles: haber transformado una duda conveniente en una certeza inquietante…

2 comentarios

Archivado bajo amor, desamor, desplome de los años, General, mujeres, narraciones, poema, saudade, traición

2 Respuestas a “Confesión

  1. Bruno

    Ya por ahí lo decía alguien nada como el vaivén para que la duda siga siendo duda. Pero demos gracias al hado funesto porque los aparatos de movimiento perpetuo hasta el momento son imposibles. En algún punto caemos por el lado preciso de la cuerda, en el piso, vemos que ya no hay necesidad de subir otra vez. Y todo es claro.

  2. Diego Niño

    Pocas cosas son más aterradoras (y acaso peligrosas) que la certidumbre: no hay margen para la venturosa hipótesis que abre las puertas a la esperanza…

    Señor Bruno, es, como siempre, un gusto tenerlo por estos predios…

    Saludos desde la fría Bogotá

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