A Héctor Lavoe

(Fuente de la Imagen)

Fuiste, a partir del día que el sida te ultimó en una cama del Memorial Hospital de Queens, quien me acompañó en la incertidumbre de los amores platónicos del bachillerato y el único, en años posteriores, que conoció la impotencia ocasionada por palabras nunca escritas o por besos aplazados. Numerosas fueron las ocasiones en las que llegaste puntual -como nunca lo hiciste en vida- a escoltar las noches etílicas en las que Giovanny y yo naufragábamos en un océano de evocaciones y desamores (tu voz, en aquellas jornadas de alcohol, se ensombrecía con la marcha de los tragos hasta adquirir el tono de hombre desdeñado que demandaba la ocasión), así como abundantes fueron los nombres de mujeres que se intercalaron en aquellos versos capaces de conmover al más retorcido de los humanos. Tengo la certeza- a pesar que no recuerdo si tuve el valor de dedicar canciones tuyas- que susurre, en noches fragantes a cigarrillo y cerveza, estrofas de Emborráchame de Amor o, en lances menos afortunados, astillas de No Cambiaré, en oídos de adolescentes remisas…

Hoy, cuando la vida me acorraló en la abstinencia etílica y en un destino de camisas de algodón, escribo las palabras que debí trazar al calor de un aguardiente –o, quizás, en el fragor de una conquista- para celebrar el aniversario de una amistad que nunca caerá en las emboscadas del olvido.

PD: adelanto la celebración gracias a compromisos impropios de aquellas noches de idilios con fecha de vencimiento…

2 comentarios

Archivado bajo adolescencia, amor, desamor, desplome de los años, evocaciones, mujeres, personal

2 Respuestas a “A Héctor Lavoe

  1. Bruno

    También tengo recuerdos con Héctor. Los amigos ebrios cantando con la escoba de la casa, abrazados a punto de caerse, recitando la oda al fracaso que es ésa canción escrita por Blades y yo, con el trago en la mano, porque no era capaz de cantar. El alcohol insuficiente para la melodía o excesivo para la consciencia. Ahora todos están lejos. Se fueron para Europa o para la otra calle, da lo mismo. “Somos hacha y machete” me dij0 el último que se fue y yo le creo, aunque nunca volvió a llamar o a dejar un mensaje.
    Un saludo, desde el otro lado de la calle.

  2. Diego Niño

    Lo realmente curioso es el hecho que la distancia generada entre los viejos y leales amigos del bachillerato no sólo es física sino también es de objetivos, tiempo o ideologías. Lo único que termina uniéndonos es, además de un pasado común, la confianza de una amistad honesta y la solidaridad de los que envejecen al tiempo…

    Giovanny, a manera de ejemplo, no se ha ido de Bogotá (como tampoco lo he hecho yo) pero nos vemos menos que si viviéramos en continentes distintos (hace tres años que no nos encontramos…

    Saludos desde la misma esquina

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s