Epílogo

A Marjorie; sumario de mis deseos; frontera de mis errores

Irrumpiste como aquellas tormentas que tejen las nubes en las auroras bogotanas. No tuve oportunidad, por tanto, de entregarme a la reflexión ni de consultar los astros; tan sólo hubo tiempo para encomendar mi cuerpo a la brisa y mi alma al azar (recuerdo que tu sonrisa prometía, en aquella jornada, paraísos velados y tus manos presagiaban senderos rodeados de amapolas).

Regresé, meses después, a reincidir en el amor. Tus manos conocían, para aquel momento, las rutas de mi piel, mis labios dominaban los oficios de la provocación y las promesas se transformaban en inflexibles compromisos (fue un viaje de amaneceres azules y de interminables noches de pasión).

Luego viniste a la ciudad del olvido. Tus ojos engullían la vida en cada pestañeo. Conociste, igualmente, las tinieblas que esperan bajo mi cama y la melancolía que deambula en mis atardeceres. Fuiste feliz (o eso quiero creer) en la manigua de reflexiones y en los anocheceres en los que te enredaba en las lianas de mis interrogantes. Después sobrevino el final del viaje y con él las palabras angustiosas, las lágrimas que caían en la soledad del baño (que no viste gracias a mi adiestrada diplomacia) y el angustioso silencio que anunciaba el dolor de la futura ausencia…

Ahora, cinco días después de tu partida, contemplo la oscuridad que te espera bajo mi mirada, la soledad que medra en los rincones de mi corazón y los dedos que arrullaron tus sueños durante dieciocho amaneceres.

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4 comentarios

Archivado bajo amor, desplome de los años, evocaciones, Marjorie, personal

4 Respuestas a “Epílogo

  1. Bruno

    Nunca he tenido un amor a muchos kilómetros, eso haría más fácil sobre llevar la ausencia, pues cuando sabes que está a media hora de tu casa la ansiedad es mayor. No puedo decir qué será más fácil superar, si la distancia en kilómetros de tierra o el abismo de dos cuadras. Un consejo, lo meláncolico no siempre tiene que sonar quejumbroso. Espero lo tome como una recomendación derivada del interés que me llevó a regresar.

  2. Diego Niño

    La ausencia nace por el hecho de no tener a la persona amada en el momento exacto en el que se quiere tener; no importa, por tanto, si se encuentra encerrada en el cuarto del lado o caminando por una calle en la otra esquina del mundo.

    La melancolía, por otra parte, es parte consustancial de mi existencia (no necesariamente una parte mala). Cuando me referí a ella en el escrito no quería hacerlo (ni sonar) que me quejaba de su existencia; sólo enumeraba dos hechos cotidianos.

    ¡Gracias por retornar a mi bitácora y por el comentario!

    Saludos desde la fría Bogotá

  3. Eso es cierto, puedes tenerla en la misma ciudad, pero no poder estar juntos conlleva a ansiar desesperadamente su regreso, el poderla acariciar y tocar, saber que es real y que está ahi para ti, te hace sentir una felicidad total.

  4. Diego Niño

    La ausencia es resultado de la imposibilidad de tener a la persona amada (así esté frente a ti). Se puede sentir ausencia, por ejemplo, de la amante que está con su esposo frente a ti, o de la mujer que la muerte se la ha llevado, etc…. es un sentimiento sumamente complejo y, lo que es paradójico, común.

    Gracias por la visita y por el comentario

    Un abrazo desde la fría Bogotá

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