En la orilla del pecado

(Fotografía de Marjorie Carbonó Avellaneda)

Estás hecha a la medida de la vanidad masculina, le dice después del amor arenoso de las dos de la tarde. Ella lo mira desde los brumosos pantanos del orgasmo. Un viento melancólico y denso entra por la ventana. Es una lástima que estés casada, continúa con perfecta dicción andina. Es una lástima, repite al tiempo que su mano derecha transita la piel morena del brazo. Se detiene, segundos después, en una cicatriz redonda que remata su hombro derecho. Si estuvieras soltera te propondría matrimonio ahora mismo, concluye con la certeza que sobreviene a la jarana erótica. Esa es la que te cae, responde ella con la mirada clavada en las ondulaciones del techo; gira la cabeza y lo mira a los ojos; imagino que eso le dirás a todas las cachacas, remata. Él desengancha una carcajada aparatosa; ella, entre las greñas de la risotada, lo contempla con ojos lustrosos. No soy ningún payaso para que te rías de mí, señala al tiempo que lo reta con la mirada. Lo sé negrita, apunta con ternura. Ella, entre tanto, gira sobre sus nalgas para poner los pies en el piso. El chichorro ondula cuando se levanta. ¿A dónde vas?, masculla entre dientes. A bañarme, responde con desgano. Quédate otro ratico, dice al tiempo que contempla alejarse las voluminosas nalgas y la convergente cintura. Ven, repite sin éxito. Se escucha el chillido del grifo seguido del golpe del agua sobre el cuerpo acezante. Cruje, cuando empieza a internarse en la hojarasca del sueño, la puerta e irrumpen, detrás del chasquido, tres hombres armados y uniformados. Antes que pueda levantase uno de ellos lo toma por el cuello y lo lanza al suelo. Intenta erguirse pero lo disuade el frío del cañón contra su nuca. Quédese quieto gran hijueputa si no quiere que lo encienda a plomo, grita,con pronunciación montaraz, el asaltante. Se escucha, poco después, los gritos de una mujer, la puerta salirse de su marco a causa del embate de las culatas y los improperios de otro agresor. Llega, en el instante que la joven es lanzada al suelo, un hombre con un revolver en la mano derecha y una botella de ron blanco en la izquierda. Extrae de la guerrera un papel ajado y lo lanza al cemento. Los pasquines, después de todo, no eran un asunto de mujeres sino una concesión a la desgracia de ser cornudo, dice con voz palpitante; ya saben qué hacer, indica al piquete de soldados. Da media vuelta y empieza a caminar pausadamente. Al cachaco láncenlo, con un piedra amarrada al cuello, a que se pudra en la Ciénaga Grande con Carmichael y a ella… con ella hagan lo que se les dé la puta gana, decide bajo el marco de la puerta. Como ordene mi teniente, contestan, en coro, los uniformados…

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8 comentarios

Archivado bajo desamor, narraciones, serie esquirlas, sexo

8 Respuestas a “En la orilla del pecado

  1. felipe

    Ese cachaco debió escoger mejor la profesión del esposo de su costeña.

  2. Diego Niño

    El amor no permite, para tristeza de los humanos, usar los parámetros de la razón para elegir a quien se ama…

    Me alegra tenerlo en el blog!!…

    Saludos desde Cachaquilandia

  3. felipe

    En eso sí tiene razón, menos mal que para aplacar un poco la tristeza de los humanos, el amor no siempre nos guía a pudrirnos en una ciénaga… a veces hasta nos mantiene vivos.

  4. Diego Niño

    El amor, en no pocas ocasiones, nos conduce a caminos que no hubiéramos conocido sin su ayuda o, como usted dice, se transforma en la fuerza que nos levanta del fango…

    Es curioso, por otra parte, que el amor en mis escritos termine, indefectiblemente, en tragedias o, al menos, que sea inconveniente (esto, seguramente, la tendré que hablar con un psicoanalista).

  5. So

    Que bonito…! se nota enseguida la sensibilidad.. es como si saliera/se escapara de entre las líneas.. Sigue escribiendo.. lo haces muy bien.. sldos,
    p.d. aquí mi solcitud para seguirlo.. como se hago??..

  6. maga

    Ay Diego, este mundo y sus criaturas. Es como la cuestión de que consideras que el amor será destruido por otros seres externos a tu relación perfecta. Déja de imaginarte eso!!! Uno es quien arma y destruye el amor (con ayuda del otro, claro está).

  7. Diego Niño

    So: muchísimas gracias por tus palabras y por el ánimo para seguir adelante!…

    No sé a qué te refieres cuando dices que quieres ser mi seguidora… si tienes facebook puedes picar en la parte inferior derecha del blog para que te envíe a mi perfil y hacer la solicitud de amistad; si a lo que te refieres es que quieres que te llegue al correo cada vez que actualice el blog; no sabría cómo hacerlos…

    Un abrazo desde la fría Bogotá

  8. Diego Niño

    Maga: No me imagino que el amor será destruido ni nada por el estilo. El escrito es una esquirla de la lectura de la novela La Mala Hora, de Garcia Marquez. Sólo me imaginé viviendo en un pueblo a orillas de la Ciénaga Greande, con un alcalde corrupto y este casado con una morena hermosa (como casi todas las morenas de la costa).

    Un abrazo desde la Bogotá que tanto amas…

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