Delirios

delirios2(Fuente de la Imagen)

Escucho tus pasos al otro lado de la puerta. Tenía la esperanza que llegarías después que la oscuridad se hubiera filtrado por las grietas de la noche… No es necesario que llames a la puerta: siempre ha estado abierta para ti… Perdona el temblor de mi voz y la incoherencia de mis actos…

La última vez que nos vimos fue en aquel crepúsculo en el que, sentada en mis piernas, esperaste el bus ; ¿lo recuerdas? Aquella mañana llegaste con la mirada lustrosa y la mano urgente. Yo, por el contrario, sobrellevaba el desasosiego que presagia tempestades. Vinimos, después de un tanteo verbal, a besarnos en la poltrona que continúa esperándote. Al término de la accidentada refriega ajustaste cada uno de tus lunares, serenaste la incertidumbre de tu cabello y alzaste la castidad que aún centellea en tus ojos. Yo, entre tanto, te contemplaba sin saber que era la última vez que representaríamos el papel de amantes confesos…

Meses después, cuando tu ausencia se hizo cierta, encontré un poema de Rubén Bonifaz Nuño que hubiera querido susurrarlo a tu oído… ¿Quieres escucharlo?… gracias; sabía que entenderías…

¿Cuál es la mujer que recordamos
al mirar los pechos de la vecina
de camión; a quién espera el hueco
lugar que está al lado nuestro, en el cine?
¿A quién pertenece el oído
que oirá la palabra más escondida
que somos, de quién es la cabeza
que a nuestro costado nace entre sueños?

Hay veces que ya no puedo con tanta
tristeza, y entonces te recuerdo.
Pero no eres tú. Nacieron cansados
nuestro largo amor y nuestros breves
amores; los cuatro besos y las cuatro
citas que tuvimos. Estamos tristes.
Juntos inventamos un concierto
para desventura y orquesta, y fuimos
a escucharlo serios, solemnes,
y nada entendimos. Estamos solos.

Tú nunca sabrás, estoy cierto,
que escribí estos versos para ti sola;
pero en ti pensé al hacerlos. Son tuyos.

Ustedes perdonen. Por un momento
olvidé con quién estaba hablando.
Y no sentí el golpe de mi ventana
al cerrarse. Estaba en otra parte.

Tienes razón: fue un error venir… entiendo que mi apariencia desastrada y la anarquía de mis palabras te sean repulsivas… te abrazaría si no estuviera atado a la cama en la que engañé y fui atraicionado…

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Archivado bajo desamor, desplome de los años, personal, poema

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