A tu puerta quise llamar

puerta1(Fuente de la Imagen)

No conocí tu casa y, por ello mismo, no tuve la oportunidad de ver el postigo que te separa del mundo que te ha propinado golpes asesinos. Hace algunos años –cuando era dependiente de tus caricias- me imaginaba sacudiendo el portón con mis nudillos sangrantes al tiempo que despeinaba la oscuridad con improperios sonoros. Te veía, desde mi fantasía, asomada a la ventana con voz implorante y con las lágrimas resbalando por tus pómulos amenazantes. Mi cobardía, para fortuna del pórtico, de mis articulaciones y quizás de ti, me disuadió de lanzarme a la vergonzante empresa.

Hoy decido, en un acto de catarsis, confesarte que planeé, noche tras noches, sustraerte del pantano del sueño para gritarte -después de una tanda de dicterios- los versos de Rubén Bonifaz Nuño:

Desde aquí, junto a la oreja sorda
amo en secreto, y enmudezco.
Dicen que la vida no perdona.
A tu puerta llego, y sin mirarte,
maravillado te contemplo.

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Archivado bajo desamor, desplome de los años, mujeres, personal, poema

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