Mínimas (4)

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(Fuente de la Imagen)

Instrucciones para la Nostalgia

Enamórese, para iniciar, de la primera mujer que se cruce en su vida. Elija, si hay lugar para ello, la que le acarree toda suerte de conflictos. Busque, una vez esté perdidamente enamorado de ella, que lo abandone. En el instante en el que la soledad se solidifique en las grietas de las horas, abra las ventanas al atardecer; siéntese a escuchar aquella canción de Sabina que le pone arenosa la respiración; encienda un cigarrillo y llene hasta el borde un vaso con aguardiente; levántelo hacia el poniente al tiempo que baraja todas las variantes de felicidad que no conocerá; bébase el aguardiente de un sorbo y deje que los fragmentos del pasado le susurren al oído.

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4 comentarios

Archivado bajo mínimas, mujeres, serie instrucciones

4 Respuestas a “Mínimas (4)

  1. Viernes

    También puede empezar a recordar todas sus sonrisas, los andenes sobre los que solían detenerse a besarse, los juegos que tenían cada vez que se llamaban por teléfono, las flores que le regaló y a ella le encantaron. Y así cada detalle que además de ella, usted recuerda, si es que ella los recuerda, y si llega a la conclusión de que ella no los recuerda, ahí está la combinación perfecta.
    Un saludo.

  2. Diego Niño

    Hacer, además del inventario de evocaciones y de emociones perdidas en la vorágine de conclusiones, el arqueo de olvidos por parte de ella… ¡buena idea!…

    Gracias por la visita y por el comentario

    Un saludo desde Bogotá

  3. la melancolia es hermosa, es tan hermosa que se puede volver una adiccion maluca

    con aguardiente no me entra, hasta con un té o vino, cualquier cosa mas fuerte la convierte en despecho

    si viviermaos la vida con instrucciones de este tipo, todo lo que nos evitariamos… quiero mas intrucciones

  4. Diego Niño

    Hay, mi querida Andrea, varios tipos de melancolía; Imagino que aludes a la que edifica versos y urbaniza los ocasos de belleza. Las instrucciones hablan, sin embargo, de aquella nostalgia que nace de la ausencia del amado y que genera toda suerte de padecimientos…

    Tienes razón, por otra parte, al distinguir entre la nostalgia de la que habla el escrito y el despecho: la primera es, como dije hace un instante, cercana a la Saudade portuguesa en tanto que la segunda es sombra de aquella…

    Un abrazo desde la misma Bogotá que transitas

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