Archivo diario: diciembre 23, 2008

Sobre contratos y noviazgos

000_1838

Imagine que usted se encuentra con un señor en una cafetería. Este individuo se sienta en su mesa, le dice que se llama Manuel, le habla de la empresa que dirige y de la vacante que necesita ocupar. Después de una larga conversación usted acepta la solicitud de tomar el empleo. El señor le da la mano y le dice que no es necesario firmas papeles ni hacer contratos. Al poco tiempo, viajando en un bus, su compañero de puesto le ofrece un cargo mejor remunerado y con mayores expectativas que las ofrecidas días atrás. Usted lo acepta a pesar de saber que su decisión le traerá inconvenientes a Manuel.

Imagine ahora que está sentado en la misma cafetería. Minutos después una muchacha rubia, con ojos cafés, curvas convergentes y turgencias pronunciadas se sienta a su mesa y le dice que se llama Manuela. Después de una breve charla se besan y días después de ennovian. Un viernes usted va en una buseta hacia la universidad y la muchacha de la silla del lado inquiere por la ruta de la buseta. Después de una charla protocolaria se entera que la joven estudia en el mismo lugar. En la universidad, luego de una charla frente a un tinto amargo, se besan y días después deja a Manuela por ella.

En los dos casos no hay un contrato que obligue permanecer en la empresa o un acuerdo que exija la fidelidad. En las dos historias no hay, por tanto, exigencias ni reclamos puesto que no hay convenios; existe, simplemente, el acuerdo tácito de fidelidad de los suscritos.

Eso es el noviazgo: un acuerdo tácito de fidelidad y otras adendas. El problema radica en que, dado que no hay acuerdo ni contrato, cada una de las partes presupone los elementos del acuerdo. Una de las partes, por ejemplo, supone que la llamada diaria es vinculante en tanto que el otro presume que la otra parte debe estar disponible todos los viernes. Me extraña, por ello, que un vínculo tan débil y asimétrico, como lo es el noviazgo, duren más de un mes y que sus integrantes sean felices

Lo anterior lo digo por conocimiento de causa: he tenido noviazgos en los que mi novia y yo teníamos concepciones divergentes acerca de los derechos y deberes de la relación. Lo anterior no quiere decir que no he tenido malas relaciones: el noviazgo actual, por ejemplo, llega mañana a su primer año. ¿Cómo, me pregunto en esta tarde gris, pueden durar tanto dos personas que no han establecido ningún lineamiento? Quizás esa sea la razón: no nos hemos enredado en penosas elaboraciones de compromisos y potestades. Simplemente nos vemos cuando el tiempo nos faculta para hacerlo, nos llamamos algunas veces en la semana y no nos acostamos ni nos besamos con otra persona. Lo demás, en nuestro criterio, son tonterías que conducirían la relación a las cavernas del infortunio…

Aprovecho para desearles a todos ustedes una navidad al lado de los seres queridos y para agradecerle a Luz Amparo los 366 días de felicidad que me ha obsequiado y las 366 inolvidables noches que hemos pasado juntos.

9 comentarios

Archivado bajo amor, General, mujeres, reflexiones