Cuando secuestremos la noche

noche2(Fuente de  la imagen)

Quizás llegó el momento de publicar tu nombre con todas sus letras y con todas sus omisiones; quizás llego la hora de amansar vientos y cabalgar recuerdos; o talvez llegó el instante de decir las cosas sin ataduras ni freno… o quizás no.

Mi amor nació a la sombra de una amistad que pretendía transformarse en pasión. Nunca me percaté de aquellas sonrisas ladeadas que encendían la alegría en las comisuras de mi alma o de aquellos versos que iluminaban tu mirada y que fueron abriendo la zanja por la que, años después, correría nuestro amor. Tampoco sé si te diste cuenta que la pomposidad de mis discursos aspiraba robarte la admiración o que las miradas más lustrosas siempre hallaban el camino de tus ojos (aquellos ojos que, como dice el trío Los Embajadores, tienen la dulce mirada que enamora). El caso es que una tarde la pasión desbordó los límites de la prudencia y se transformó en manifiesto amor. No te lo dije, sólo lo guardé en las entrañas de mi soledad hasta que llegó la oportuna noche en la que te hablé de todos los ribetes y todas las hondonadas de mi amor…

La noche anterior, al ver tu nombre esperar en el buzón del correo, evoque el sabor amargo que la brisa sembró en mis noches y la esquiva reparación que sobrevino a esta. Resucité, asimismo, la dulzura que sembraste en las semanas que tu nombre saludaba los amaneceres y despedía los ocasos y las bendiciones que trajiste a mis plomizos días. Al concluir el balance anhele persuadir al tiempo para que doblara su espalda y así poder tener entre mis dedos aquellos rizos que desafiaban (y quizás aún retan) cepillos y secadores; volver a ser dueño de aquella mirada que apaciguaba la efervescencia de la perfidia y de aquellas manos que transitaban la geografía de mi piel…

Pero el tiempo no se dobla, ni los recuerdos reverdecen lo suficiente para forjar con ellos la misma historia. Podemos mi dulce princesa, por tanto, reparar la amistad que quedó maltrecha en el trasteo de sentimientos; confeccionar una novela con diálogos almidonados, personajes etéreos y amores atropellados; escondernos en los pliegues del anonimato hasta hacernos invisibles; o podemos secuestrar la noche y abandonarla en cada suspiro…

2 comentarios

Archivado bajo amor, desamor, General, mujeres

2 Respuestas a “Cuando secuestremos la noche

  1. capitana666

    Me temo que hay cosas que sólo podemos perdonar en sueños, en ellos podemos juntarnos con personas que nos abandonaron, luchar por un amor perdido y fingir que somos felices, el tiempo pasa, en ocasiones es mejor centrarse en el presente porque el pasado puede doler más de lo que pensamos.

  2. Diego Niño

    Hay cosas, sin embargo, que pueden perdonarse en la vigilia. Puede que nos duelan al comienzo, pero el paso del tiempo muestra que no habían razones para odiar o que si las habían ya no son relevantes.

    El presente es, en efecto, mejor que el pasado; lo lamentable es que se construye sobre las piedras del pasado.

    Muchísimas gracias por la fidelidad mi dulce Capitana. Te prometo que a partir de la próxima semana escribo con más frecuencia (ya habré salido de la universidad y mi computador ya estará reparado para aquellos días).

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