En los dominios de la decadencia

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(Fuente de la imagen)

Tu cuerpo incita a la oficiosa mano y al inquisitivo ojo a recorrer la geografía de tu piel y tu estimulante mirada enreda las calmadas aguas de la soledad. Lo peor de todo es que, además de conocer el filo de tus hondonadas, el brillo de tus cúspides y la ponzoña de tus ojos, eres capaz de enturbiar el discernimiento más equilibrado y de encender la roca húmeda.

Te conocí bajo el plomizo cielo de noviembre. Tus palabras mimaban la tarde con tu entonación de niña malcriada al tiempo que tus manos acentuaban las emociones con movimientos milimétricamente calculados. Yo, entretanto, hablaba con las letras rebotando en la lengua y la mirada paseándose por las palpitantes colinas.

Meses después nos encontramos en un atardecer huérfano de melancolía. Este es tu día de suerte, dijiste entre sonrisas etílicas y caricias mecanizadas. Este es mi día de suerte, repetí con la sonrisa ladeada que acostumbro calzar en las noches sin luna. Camine hacia el hostal con la traición acuchillando la respiración…

Al concluir la tercera escaramuza entendí que tu cuerpo promete paraísos que tu egoísmo es incapaz de sostener: bajo los arcos de perfecta convergencia y las apetitosas turgencias habita un alma que, además de estar sostenida por empolvadas telarañas, se hunde en monólogos cancerosos que envenenan. Al llegar a esta conclusión esperé que el sueño te hundiera en sus aguas cenagosas para huir del corrosivo imperio de tu vanidad…

4 comentarios

Archivado bajo General, sexo

4 Respuestas a “En los dominios de la decadencia

  1. Me ha gustado esta historia, parece que vuelves a escribir más a menudo, me alegra pasarme por aquí y ver un nuevo post.

    Hay gente que no es lo que parece, a primera vista no se nota y han tenido experiencia relacionandose con gente para aprender a manipular mejor, pero una vez pasas un tiempo con ella cara a cara, te das cuenta que no es eso lo que estabas buscando y que la belleza se puede encontrar de otros muchos modos.

  2. Diego Niño

    Lo lamentable en estos casos, mi dulce Capitana, es tener que soportar las aristas de la autorecriminación, transitar con el alma desfallecida, transigir con la equivocación…

    Un abrazo desde Bogotá

    PD: espero que el tiempo y las obligaciones liberen la soga que ata mis manos.

  3. Diego Patino

    Huy, papa ,usted si que escribe bien,
    me ecuerdo cuando fumabamos cigarrilos con nuestros amigos en el parque de Metropolis, en esa epoca sus discursos ya se destacaban de los nuestros,
    con toda esa charla, me imagino que ya deve tener unas cuantas nenas bajo em hombro :)::)

  4. Diego Niño

    Gracias por los inmerecidos elogios.

    No recuerdo, por otra parte, que mis discursos hayan descollado de los demás. Cada uno de nosotros tenía (y aún tiene) buena discursiva. Creo que mis discursos resaltan por ser barrocos y pomposos.

    Un abrazo desde Bogotá

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