Reflexión inspirada por la puesta del sol

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(Fuente de la imagen)

Si me preguntaran qué me dejó el bachillerato yo les diría que me legó una lista, quizás interminable, de razones para sonreír. Si bien asimilé algunos conceptos y atisbe la aurora de la vida no podré asegurar que aprendí lo necesario para sobrevivir en el árido campo académico ni mucho menos podré decir que penetré en los secretos de la supervivencia. El paso por el bachillerato fue, a mi parecer, un recreo interrumpido ocasionalmente por algunos trabajos impertinentes: en ese tiempo aprender era lo menos importante, lo primordial era, por el contrario, hundirse en la esponjosa irresponsabilidad de la adolescencia, masticar la caña de la vagancia hasta hartarse de su dulce jugo (quienes me conocen dan fe que bebí todo el néctar de la torcida rama). De aquellos días no sólo me han quedado un inventario de anécdotas hilarantes y amigos a prueba de vendavales, sino la certeza que el único sentido de la vida es, justamente, vivirla sin reservas.

Pero hasta la mejor fiesta cesa su algarabía y su frenesí. El festival de alegría concluyó, en mi caso, el 28 de noviembre de 1996. Al siguiente día, en medio de una borrachera bíblica, entendí que el delirio se marchitaría con el arribo de los años y los compromisos. Lamentablemente no me equivocaba: doce años después estoy frente al computador viendo languidecer al adolescente que se escabullía por las paredes del colegio para cumplir la cita con el tabaco y el alcohol al tiempo que el sol esconde su cabeza en las tinieblas del ocaso.

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8 comentarios

Archivado bajo colegio, evocaciones, General

8 Respuestas a “Reflexión inspirada por la puesta del sol

  1. Diego Patino

    Excellente reflexion ,mi perrito

  2. Diego Niño

    Gracias Patiño. En estos días lo he recordado bastante. Apenas me desocupe y formatee el computador nos ponemos una cita para chatear.

    Un abrazo desde la fría Bogotá

  3. capitana666

    Cuánta melancolía en este texto.

    Yo la verdad es que no echo de menos en absoluto el instituto, a pesar de todo lo que vivo y siento, creo que mi mejor época está siendo la que vivo ahora, en la universidad.

  4. Diego Niño

    Si bien es cierto que el paso por la universidad no ha sido aburridor ni mucho menos improductivo, estoy seguro que nunca se podrá comparar con la vida del colegio. Son muchas las personas que, al contrario mío, vislumbran la felicidad en la universidad o, incluso, en su vida profesional. Lo realmente importante no es el momento en el que se encuentra la euforia sino encontrarla…

  5. Bolaños

    Precisamente la semana pasada nos encontramos 29 ex-alumnos de mi promoción…. la reunión fue sumamente emotiva, bailamos, tomamos, reímos, nos devolvimos en el tiempo los diez años que habían pasado y nos convertimos en aquellos adolescentes explosivos … a medida q pasaba la madrugada el lugar fue quedando solo, pues la gran mayoría tenia responsabilidades, trabajo, esposa e hijos… pero cada uno de estos personajes represento su papel tal como lo era en el colegio, el que era callado siguió siendo callado, el que se emborrachaba con una pola quedo borracho a medí anoche, el culto solo converso y brindo, el que fue perro volvió y les hecho el cuento a todas de nuevo ajajajaja en fin cada uno conserva su esencia…. Solo me queda decir q la mejor época de mi vida la he tenido en mi adolescencia un mundo mágico y fantasioso.

    Y nuevamente lo felicito sus escritos me llevan al pasado, un pasado que quizás ya estaban bien empolvado en el rincón de mis recuerdos.

  6. Diego Niño

    Lo que usted dice, amigo Bolaños, es muy cierto: cuando nos encontramos con nuestros compañeros del pasado representamos (o continuamos representado) el papel de aquellos días: decimos vulgaridades, eructamos estrepitosamente, nos burlamos de todo el que está a nuestro alcance. Después, cuando la reunión se extingue con los primeros destellos de la aurora, volvemos a pensar en el trabajo atrasado, en las deudas que amenazan ahorcarnos, en la esposa que duerme en la cama pagada a cuotas…

    Me alegra saber que mis palabras gozan de la virtud de trasportarlo al pasado

    Saludos!

  7. Constanza Suárez

    Es increible como pasa el tiempo, pero los recuerdos estan intactos, aún recuerdo tu mirada…. y esas mañanas algo frias en nuestro salón de clases. Te quiero mucho y te recuerdo un millón.

  8. Diego Niño

    Es muy curioso que recuerdes algo tan elusivo –y acaso etéreo- como la mirada. Pienso, ahora que lo dices, que se pueden recordar los ojos, quienes en su viaje por el recuerdo pierden la vivacidad y el dinamismo de la mirada. Pero la mirada, como tal, quizás no…

    El tiempo, en efecto, pasa muy rápido. A pesar que en pocos años (menos de tres) tu hijo mayor tendrá la misma edad que tenías tú cuando te conocí en el año 93, no siento que hayan pasado mucho tiempo; es más, pensaría que en realidad es un instante el que separa a aquellos adolescentes de los que ahora somos…

    Un abrazo fuerte y un beso enorme a la adolescente rebelde y pendenciera

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