Nota al respaldo de una fotografía

Mirando detenidamente la imagen encuentro un sendero de pecas franqueando tu tabique que no vi en las escasas noches que estuvimos juntos. Descubro, además, la huella de los años en los surcos, abandonados al viento y a las lágrimas, que sostiene tus ojos. Tu sonrisa, a pesar de ser postiza, recuerda las estrepitosas carcajadas que lanzabas en las cafeterías de la universidad. El tiempo, además de las estelas en tu piel, ha abatido los rizos con los que antaño jugaban mis dedos.

En la misma foto me veo, por otra parte, más cachetón gracias a una barba que resiste peinillas y tijeras. Los ojos que antaño sondeaban la oscuridad de la noche están sostenidos por tenues ojeras. Mis dientes resienten once años de bruxismo y veintiocho años de uso constante. Una frente brillante reemplaza la indomable cabellera de aquellos años.

Para el advenedizo el retrato no tiene nada novedoso; para el conocedor, sin embargo, el retrato habla de espinas que aún muerden y de felonías emboscadas en los pliegues de la hermandad; de amores materializados en el rumor del alcohol y forjados en las tinieblas; de años de auto recriminaciones y de atardeceres de evocaciones afiladas; de sentimientos encontrados y de oportunidades halladas…

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6 comentarios

Archivado bajo General, mujeres

6 Respuestas a “Nota al respaldo de una fotografía

  1. Repasar una imagen con una nueva mirada -esa que nos da los años- nos revela otras verdades, distintas, que no siempre vimos en su momento.

  2. A veces miramos fotografías de antaño y sentimos nostalgia de lo que perdimos y tuvimos, pero luego lo pensamos mejor y nos damos cuenta de todo lo que hemos ganado, del dolor que no vamos a tener que volver a sufrir y de la buena vida que nos ha tocado, en realidad somos afortunados, aunque no queramos verlo.

    Al menos los recuerdos nos hacen sonreír, es bonito tener fotos de todas las épocas de nuestra vida.

  3. Diego Niño

    José: las viejas imágenes revelan, asimismo, las huellas que el polvo ha borrado y los sueños que aún palpitan en nuestras venas…

    Gracias por la visita y por el comentario

  4. Diego Niño

    Creo, mi dulce Capitana, que todo problema es una bendición de espaldas y que todo dolor es una futura alegría (alegría melancólica, pero alegría al fin y al cabo).

    Debo confesarte, por otro lado, que son pocas las fotografías que me tomo y menos aún las que guardo. Me gusta ver, sin embargo, los retratos de los que me han acompañado en la vida para calcular la intensidad con la que han vivido

    Un abrazo desde la fría Bogotá

  5. recuerdo una foto de mi mamá cuando tenía quince. tenía una cara de nena hermosa que aun conserva, aunque surcada por las huellas del tiempo. la foto me gustaba mucho, porque al ser en blanco y negro le regalaba una tersura a la piel que actualmente sólo con photoshop se puede lograr. así era mamá, una cara sonriente, de momento feliz.
    las fotos a veces me ponen melancólica. tal vez por eso me cuesta desprenderme de ellas, en especial de las viejas. tienen la virtud de congelar momentos que de otro modo se perderían y sólo podríamos conservar como un recuerdo vago, ese tipo de recuerdos que con el paso de los años se vuelven caprichos de quien los piensa.
    no sé… me parece enternecedor recordar cosas a través de las fotos. quizás haya momentos fotográficos que nos recuerdan cosas tristes, o alegres, todo depende de quien los mire, pero son recuerdos al fin, nos demuestran que hemos vivido.
    besos, diego…
    buenos aires hoy se asemeja a un horno. puro vapor sobre el asfalto.
    ^__^

  6. Diego Niño

    El recuerdo moldeado por los caprichos de la mente y por las sinuosidades de la memoria es más agradable que las irrebatibles imágenes de una fotografía. Creo que nuestra inclinación natural hacia la idealización y, quizás, hacia la cursilería transforma tímidas sonrisas en carcajadas incontenibles y desdibuja los fantasmas que farfullan desde nuestros hombros…

    Ahora que lo mencionas, tierna Manuela, mi mamá no dejó ninguna huella visual de su juventud ni de su niñez. No logro imaginármela menor que yo ni retozando en su luminosa infancia…

    Gracias por la visita y por el comentario.

    Un beso enorme

    PD: Bogotá, contrario a tu humeante Buenos Aires, se hunde en un frío capaz de congelar el infierno.

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