Carta al silencio de la noche (11)

¿Recuerdas las largas caminatas con el mugido de los buses y el bullicio de las personas en las que te hablaba de los poemas de Sabines y los boleros de Santos? ¿Te acuerdas de aquella vez que nos sentamos en una silla de la calle 65 a besarnos incansablemente hasta que el amanecer emergió de las montañas? Fueron noches maravillosas.

Ayer, cuando escuché Con la Frente Marchita, recordé lo que sentí aquella noche que me dejaste a la deriva de las tinieblas, sin explicaciones y con los sueños ahogándose en la alcantarilla. Evoqué la incertidumbre que sobrevino y el desasosiego que esta trajo consigo. Después, con el paso de los años, entendí que no tenías otra opción: perseguías el esquivo proyecto de vida que tenías –y quizás aún tengas- sembrado en el alma. Yo no hacia parte de ese programa, era solamente un abalorio ocasional, y como tal era reemplazable. Comprendí, además, que el amor no retornará a su cauce, ni que me pedirás perdón por haberme abandonado (conclusiones ridículas, lo sé, pero conclusiones al fin y al cabo). Llegaron a continuación las mujeres con su sabiduría a sanar las cicatrices del alma y luego arribaron los senderos por los que mis pies transitan.

Supongo que te acuerdas, por otra parte, que hace dos meses te llame buscando que nuestra amistad retornara a los viejos cauces. Me dijiste que no querías verme; que te fastidian mi melancolía y mis cursilerías; que “meterme contigo” fue una equivocación de la que no terminas de arrepentirte; que los únicos amores que pueden aspirar a tocarte son los que emergen de los congresos de medicina o de los quirófanos. Después de la retahíla cortaste la llamada dejando la melancolía mirándome desde su gancho…

Hoy, mientras veo a una pareja de adolescentes besarse en la misma silla en la que nos acariciábamos, escribo las últimas palabras del amor que solamente entró a mi cabeza de quijote sin rocín ni molinos de viento. Te dejo, para finalizar, a Adriana Varela interpretando la canción de Sabina que tarareabas en las tardes lluviosas (por increíble que te suene esta versión mejora la interpretación de Sabina).

Un abrazo a la mujer que prefiere los amores nadan en el mar del prestigio a los que flotan en los riachuelos de los versos y los boleros…

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2 comentarios

Archivado bajo desamor, evocaciones, General, mujeres, serie cartas

2 Respuestas a “Carta al silencio de la noche (11)

  1. capitana666

    Hay gente a la que no le importan los sentimientos de los demás, se lo toman como un juego, mientras que el otro se lo está tomando en serio.

    Es una terrible mentira en la que caen muchas parejas, pero cuando la otra persona ya tiene su juego montado y su vida determinada no hay mucho que hacer.

    Y no lo sienten, y no se disculpan y no les interesa…

  2. Diego Niño

    A los demás sólo les interesa su bienestar y nada más. No pocas veces nos entregamos suponiendo que el sentimiento es recíproco. Después, cuando la herida sangra, descubrimos que sólo fuimos un juego…

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