A J. P.

El día de mi cumpleaños recordé a la mujer que cumple años el mismo día. Evocaba las conversaciones con el viento limando las palabras y el sol hundiéndose en las montañas. Éramos dos niños (ella con dieciséis años, yo con dieciocho) que jugábamos –y aún jugamos- a ser adultos. Nunca tuve el valor para decirle que sus palabras me encandilaban igual que su ternura, o que en las noches etílicas imaginaba romances tormentosos con finales edulcorados dignos de ser interpretados por Meg Ryan y Billy Cristal. Después de un par de conversaciones y un libro de Neruda decidí, por alguna inexplicable razón, irme por el sendero del silencio abandonándola en la incertidumbre. El resultado, previsible dado su carácter, no se hizo esperar: durante dos años dejó que mi saludo cayera en las tierras yermas del la indiferencia (hay que aclarar, sin embargo, que durante este periodo nos vimos, a lo sumo, cuatro veces). Una buena tarde de mayo la encontré en la Biblioteca Luis Ángel Arango. La salude suponiendo que mi salutación sería abandonada en el piso de granito de la biblioteca. Tras una breve pausa me miró a los ojos y me respondió con un frío “Hola”. Conversamos durante unos cuantos minutos. Ella salió a la casa y yo me quede en la biblioteca esperando el arribo de los libros. Después de ese día (mayo del 2000) la llame borracho en un día empotrado en el año 2001. luego de esa llamada poco he sabido de ella. Sé que se graduó y que trabaja en Bogotá, que es mi amiga en Facebook (cuenta que casi no usa) y que el jueves de la semana pasada cumplió 27 años.

Continuando con la línea imaginativa de aquellas noches anegadas de alcohol y de frenesí decidí dedicarle la canción que le hubiera cantado si mi cobardía, igual que otras tantas veces, no me hubiera inclinado al abandono en vez de animarme a continuar.

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3 comentarios

Archivado bajo evocaciones, General, mujeres

3 Respuestas a “A J. P.

  1. Me ha parecido un texto precioso y muy emotivo, qué duro es amar sin ser correspondido, como si cada gesto o palabra no valiesen para nada, y el amor y el anhelo se desesperan al no ser correspondidos como se merecen.

    Se puede decir que no sin dejar de mirar a los ojos a la otra persona.

  2. Diego Niño

    No puedo asegurar que el amor no fuese correspondido: no espere los resultados de las conversaciones ni de los poemas de Neruda leídos (casi recitados) en las penumbras de un bar; simplemente huí incomprensiblemente.

    un abrazo desde la fría, y no pocas veces lluviosa, Bogotá.

  3. Pingback: Meme « Con Vocación de Espina

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