Archivo diario: noviembre 2, 2008

J.

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Otro aguijón en la cadena de rosas y espinas.

J.


Sé que nuestra relación fue semilla lanzada al asfalto
y que pereció en la primera llovizna de adversidades amargas
pero nuestra remota amistad no tiene porque
recorrer la misma ruta de infortunio
                                                          tú lo sabes.

Me dicen que estrenas alas de responsabilidad
en la dulce cárcel del amor
y que ahora estás lejos del muro de tristeza donde tracé mi nombre
una festiva noche de septiembre;

dicen también que amputaste la soga que encadenaba tus pasos
a las frías noches de septiembre en los que él se lanzaba por las ventanas de tu corazón

Tus sueños de mariposa trasnochada vuelan
nuevamente sobre la brisa de las oportunidades
bajo la amarilla luz del sol
                                       abrevando en el cáliz de la zozobra
como corresponde a las errantes mariposas del corazón

me encuentro
                       por mi parte
rumiando las oxidadas palabras del huerto del desengaño
-aquel vergel que todas las madrugadas cubro con excremento seco,
amargo como la sal de la vida y pestilente como la soledad en la que me hallo-.
espero que la fetidez de estas palabras no malogren la pureza de tus días
ni la tranquilidad de tus noches.

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Conversaciones ajenas

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El trasporte público bogotano es un desfile de personas con audífonos. Algunos, en el borde de la estupidez, gritan para que el interlocutor los oiga y este hace lo propio para que el otro escuche su respuesta. Yo odio ese tipo de instrumentos para espantar el tedio de trancones o la fatiga del viaje. Mi distracción, contrario al común de las personas, es escuchar todo lo que suena alrededor: conversaciones, ruidos, murmullos, estallidos, etc.

Hace tres días, por ejemplo, escuchaba a la vecina de silla (mujer de veintitantos años, rubia pintada, ojos verdes, falda corta, medias de malla) llamar a tres personas: al primero le dijo que llegaría diez minutos tarde; al segundo le dijo que no la llamara porque apagaría el celular a causa de un parcial; al tercero le dijo que apagaría el celular porque tenía una reunión con el jefe. A los tres les decía “bebe”…

La semana pasada escuché una conversación digna de los Simpsons:
– No me dijiste que no volverías a ver con XXXX, decía el muchacho con la voz temblorosa.
– …
– No, no quiero hablar con ese hijueputa.
– ….
– Quihubo hermano, ¿qué hace?…

Como pueden ver es más entretenido espiar las conversaciones ajenas que desconectarse del mundo.

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