Archivo diario: octubre 23, 2008

¡Ah de la vida!


(Fuente de la imagen)

Hace siete años decidí renunciar a programar mi vida (quiero decir, proyectarla más allá de una semana). Desde ese momento el tiempo, que antes era un fardo estorboso, se transformó en una suerte de brisa tibia. Los compromisos dejaron de atascarse en la boca del estómago y de sedimentarse en las venas. La vida, en suma, se soltó el cabello y corrió libre por las praderas. Da gusto vela cantar bajo la sombra de los árboles o silbar mientras se baña en los riachuelos. En las noches narra, mientras la escucho sentado en sus piernas, las desventuras que le imponía la desconfianza y luego, cuando el sueño toca mi hombro, me susurra versos de Quevedo o sonetos de Petrarca. Hay días, sin embargo, que amanece melancólica. Su mirada se pierde en los pliegues del pasado, sus palabras se marchitan en el aire y sus pasos se hacen lentos. En esto momentos no dejo que la preocupación me aconseje ya que sé que al siguiente día se levantará frenética, abrirá puertas y ventanas, encenderá las rosas y disolverá las tinieblas del pasado…

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