A las profesoras Martha y Edilma

(Fuente de la imagen)

Todos extrañan a los familiares que parten o a los amigos que la vida conduce a tierras ignotas. Algunos añoran ciudades, barrios, casas; otros echan de menos a canarios, perros, gatos o salamandras; los de más allá se apenan por no sentir el olor a pino, jazmín o, acaso, el sabor del pan caliente. A los que parece que no se extrañan, o se añoran muy poco, son los docentes. No he conocido a la primera persona que gima de dolor porque el profesor de macroeconomía no le volverá o porque el “profe” de matemáticas se va del país. La ausencia de estos es causa, por el contrario, de regocijo y alegría entre sus alumnos.

Antenoche, no obstante este olvido premeditado, recordé a las profesoras del colegio gracias a que hallé a dos de ellas en Facebook. Después de escribirles e invitarlas a pertenecer a mi grupo de amigos, me entregue a la convulsión de las reminiscencias.

El primer recuerdo llegó cuando vi la foto de Martha, profesora de química; dicho invocación se remontó hasta el laboratorio del colegio. El objetivo del experimento que nos había convocado esa mañana era extraer alcohol de un pucho de vino. Para tal efecto el grupo debía llevar, como era obvio, una botella del licor. Aquella mañana integrante llego con su respectiva botella y con una sonrisa socarrona que cabreó al coordinador de disciplina. Después de empalmar todos los instrumentos le vertimos una copa de vino al balón (creo que así se llamaba el recipiente redondo) y otras cinco a las gargantas de los miembros del grupo; tapamos el balón, encendimos el mechero y nos sentamos a esperar el resultado. Mientras la bebida empezaba a evaporarse saboreamos otro trago de vino. Cuando el alcohol empezó a viajar la espiral de vidrio ya estábamos entonados a fuerza de sorbos cortos. En el momento en el que todo el alcohol estuvo el vaso nos sentíamos alegrones. Cuando concluimos el saldo de las botellas escondidos en el baño de hombres vacilábamos entre una borrachera mansa y la euforia.

La segunda evocación llegó cuando vi a la fotografía de Edilma, profesora de español. De ella recuerdo la exposición del libro Veinte Poemas de Amor y una Canción Desesperada. El día que nos correspondió la exposición llegamos sin haber leído uno solo de los poemas. Asustados iniciamos a hablar de lo que no habíamos leído. Dos minutos después llegaron tres albañiles a taladrar, martillar y cincelar el salón del segundo piso. La exposición, por tanto, quedo aplazada. La siguiente clase llegamos igual que la anterior: sin haber leído un solo verso. Después de concluir la charla la profesora nos increpó y nos puso cero.

(Como nota a pie de página debo decir que fue, paradójicamente, un verso de ese libro (“puedo escribir los versos más tristes esta noche”) el que, cuatro años después, me abrió la puerta a la poesía -portón que, sea dicho de paso, permanecerá con los postigos de par en par hasta el final de mis días-).

Después de escribirle un correo a cada una pensaba que fueron ellas (y otras tantas profesoras y profesores) las que, además de introducirme en los meandros de la química y de la literatura, trabajaron para transformar al incorregible vago en un hombre comprometido con la vida y la sociedad. Quizás no lograron corregir mi perversa inclinación a la molicie y a la disipación, pero sí lograron impregnar de ciencia y la literatura mis días, lo cual es suficiente para estarles agradecido por el resto de mis días.

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6 comentarios

Archivado bajo colegio, evocaciones, General

6 Respuestas a “A las profesoras Martha y Edilma

  1. capitana666

    Pues yo soy otra de las personas que aún echan de menos a algún profesor.

    Recuerdo en especial a don Alberto, profesor de mates en cuarto del colegio, tenía un Jaguar impresionante, aún hoy en día le mando postales por navidad y él me responde, xD.

  2. Diego Niño

    ¡¿Extrañas a tu profesor de matemáticas?! Acabas de ganarte indefinidamente, además de mi admiración, mi corazón. Son pocos los que recuerdan a sus profesores de matemáticas.

    No sé si en mi labor como profesor de esa área he quedado en la memoria de alguien; no sé, de hecho, si mi labor ha sido lo suficientemente buena como para merecer ser recordado…

    Un abrazo inmenso

  3. Eres profesor?! qué guay, igual en un futuro yo llego a serlo también… no sé, será que yo soy de ciencias también.

    Tú ya te habías ganado los míos.

    Un beso.

  4. Pues para mi, mi profesor de matemáticas fué después de Física, y ha sido de los que mas he admirado.

    Genial blog “personal” que he descubierto por 20 minutos. Enhorabuna, ganas un aficionado a leerte, un fan y espero subas en ranking.

  5. Diego Niño

    Lo que quiere decir, mi dulce Capitana, que en unos años seremos colegas. Quizás algún día podamos vernos en algún evento de educación, de matemáticas o de alguna ciencia…

    Me alegra saber, por otra parte, que me he ganado tu corazón y tu admiración; tú también lo hiciste hace tiempo (cuando dije que te habías ganado mi corazón por extrañar a tu profesor de matemáticas fue bromeando). Admiro especialmente tu madurez y la franqueza con la que escribes.

    Un beso inmenso

  6. Diego Niño

    Davicine: es interesante y gratificante saber que enseñar matemáticas puede despertar respeto entre los alumnos.

    Gracias por los elogios y por inscribirte entre los lectores del blog. Espero continuar colmando tus expectativas. En un par de minutos paso por tu blog para darle una leída.

    Gracias, de nuevo, por tus palabras.

    Un abrazo desde la fría Bogotá.

    ¡Nos seguimos leyendo!

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