Amores furtivos

Tu sonrisa contrastaba con la mirada arisca del Che Guevara, así como las flores de tu blusa discrepaban de la esterilidad de la plaza. Mientras me hablabas de las variantes del infortunio tu cabello jugueteaba con la brisa que arremolinaba el polvo y tus ojos indagaban la huella que tus palabras dejaban en mí. Te sonreía con la mirada para que percibieras el interés que tus frases suscitaban en mi corazón.

Al término de una hora de conversación tu cabeza se inclinó hacia la derecha y empezó un acercamiento lento acompañado del cierre de tus ojos. Mi cabeza hizo lo propio: se ladeó hacia el lado contrario y se lanzó al vacío que nos separaba. Al final nuestros labios se unieron en un beso apasionado que aceleró los corazones y calentó los entresijos. Después nuestros ojos se contemplaron para sondear los interrogantes que florecieron en las grietas del amor, luego nos abrazamos con firmeza para sostener el cosquilleo que correteaba por las comisuras del alma. ¿Qué hacemos con Freddy y con Silvia?, me preguntaste con la mirada tierna. No es hora de hablar de nuestros esposos, te respondí con voz hastiada; estamos bien, lo demás es accesorio. Tus ojos se aferraron a los míos. No te preocupes, continúe, eso se arreglará de alguna manera. Nos enamoramos justamente cuando estamos casados, decías para ti misma en voz alta; ¿no lo pudimos hacer cuando éramos compañeros de clase o en el trabajo? ¿Por qué ahora? Tu mirada se fue enturbiando mientras contemplabas a los estudiantes que circulaban por la plaza. Nada ganamos con enfurecernos; debemos, más bien, buscar la manera de reparar nuestro error, dije mecánicamente. Te enderezaste; me miraste a los ojos y me dijiste con odio: sabes perfectamente que no me puedo separar de Freddy porque la desilusión mataría a mis papás. Juliana, en pleno siglo veintiuno y tú con esas estupideces, le dije con rabia; prefieres evitarles a tus papás la vergüenza de un divorcio, pero si los desprestigias siendo infiel a Freddy, ¡Qué hija tan considerada! ¡No Le Soy Infiel!, me dijiste acentuando las mayúsculas con los ojos. ¿Cómo se llama, entonces, acostarse con el amigo de su marido mientras él está trabajando en Agua de Dios? ¿Favor? ¿Cortesía? Me miraste con rencor, diste media vuelta y empezaste a caminar clavando con fuerza los talones en el piso. Al tercer paso te detuviste; diste media vuelta y regresaste. ¡Malparido!, dijiste cuando me tuviste a cincuenta centímetros. Incliné ligeramente la cabeza y puse cara de perro abandonado. Tu voluntad se agrietó; di un paso para estar más cerca de ti y alargue mi brazo derecho para apretar tu mano en la mía; diste un paso atrás señalando que no querías que te tocara; ¡perdóname!, dije con la voz fragmentada. Me miraste a los ojos para catar la sinceridad de mis palabras. Te encontraste con unos párpados a media asta y unos ojos que no se atrevían a erguirse. ¡Perdóname, por favor!, repetí la interpelación. Di un paso para acercarme, te pusiste rígida pero no te moviste; te abrace con dulzura; te ablandaste; ¡perdóname, no vuelvo a decir estupideces!, te dije al oído; a pesar que no me respondías sabía que el perdón habitaba en las paredes de tu corazón…

En medio del bullicio de pasos, conversaciones y risas sonó un estallido que intimidó el rumor; otra detonación sonó inmediatamente; un ardor mordió mi hombro derecho; el horror se apoderó de tu mirada; me soltaste y diste dos paso hacia atrás; la razón empezaba a hundirse en una caverna oscura y húmeda; una nueva explosión sembró el pánico entre los estudiantes, empezaron a correr y a gritar; mis rodillas se doblaron y me derrumbe en una ciénaga de dolor; en el desplome aún veía tus ojos de abiertos; un nueva descarga sonó al tiempo que tu cuerpo se desmoronaba sangrando; extendí mi brazo para alcanzar tu mano; cuando mis dedos alcanzaban tu mano la punta de un zapato los aplastó; ¡!Qué ternura!, dijo la voz de una mujer mayor; ¡Qué vergüenza tener una hija prostituta!, continúo; ¡¿pensaban que nadie se daría cuenta de su jugarreta?! Un nuevo disparo sonó al tiempo que tu cabeza saltó por el impacto; el pie soltó mis dedos, paso encima del pantano se sangre y polvo en el que nadaba tu cuerpo y se fue taconeando hacia la salida…

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3 comentarios

Archivado bajo General, narraciones

3 Respuestas a “Amores furtivos

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  2. capitana666

    Me ha gustado la historia, muy entretenida y sangrienta, resulta que al final los padres sí que eran un factor a tener en cuenta… los que no comprenden son los que no han vivido.

    Perdona si no te comento diariamente, es que no tengo internet, que no estoy en mi casa, pero lo haré cuando pueda.

    Un beso.

  3. Diego Niño

    Mi dulce Capitana, el honor de una mujer es muy fuerte. En este caso la mamá no pudo sobrellevar el hecho que su hija le fuera infiel a su marido. Quizás pensó que los demás pensarían que la hija es así porque la mamá le enseñó (esas son ideas que pasan en las cabezas de algunas señoras en este rincón del mundo).

    No te preocupes, por otra parte, si me comentas a diario o cada tres días, o una vez al mes, hay días en los que no la internet no está a nuestro alcance o el tiempo está escaso. Agradezco con todo el corazón tu fidelidad.

    Un besote y un abrazote desde este chichón de la tierra

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