Archivo diario: septiembre 10, 2008

Recuento de mujeres

Después de escribir este post reflexioné sobre las niñas que me impactaron en el colegio. Al enumerarlas concluí que el amor no fue la constante en mis días de colegio. El número de niñas que me atraían era, por otra parte, muchísimo mayor (hay un abismo entre gustar e impactar).

Entre las muchachas que me gustaban estaba dos niñas que desde que llegaron al colegio en el año noventa y cuatro, hasta el grado a finales del noventa y seis, no se soltaron un minuto. El apodo con el que las reconocíamos se ajustaba al menosprecio que sentían por sus compañeros: las gomelas. Dicen las malas lenguas (que por una razón inexplicable siempre se ensañan con las mujeres atractivas) que las vieron en la excursión besándose. Esto, en lugar de desestimular nuestra imaginación, la elevó a niveles insuperables.

Hay una mujer que no sé si existe o es una consecuencia de mi imaginación desbordada. Su nombre es Laura Acero. Era del curso vecino (1102, si acaso terminó once en el mismo colegio). Recuerdo que me fascinaban sus piernas y una mirada que ondulaba entre la picardía y la inocencia (cosa que, vale decirlo, no he vuelto a ver).

Otra niña que me parecía atractiva se llamaba Angélica. Tenía una mirada lujuriosa y un cuerpo que, aunque delgado, ostentaba curvas apetitosas. Tenía un novio que le doblaba la edad (eso era, por lo menos, lo que nos parecía) y cada vez que la llevaba al colegio nos miraba con odio.

En décimo, para terminar con el recuento, había una niña que se la pasaba todo el tiempo con Angélica. Se llamaba Paola. Había algo en ella que me atraía. Siempre que nuestras miradas se encontraban en el descanso, o en las calles adyacentes del colegio, se decían algo que mi cerebro no pudo traducir en palabras. Recuerdo que en una tarde de ocio con Diego Navarrete la imaginé besándome después de dedicarle esta canción de los Rolling Stones. (Sí Patiño: a mí también me gustaba Paola).

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