A mí me dieron el mar (Piero)

La aurora entró escoltada por el gorjeo de las aves. El frío se escondía en los surcos del anémico sol. Tu alma, atrás de las rejas del letargo, esperaba un beso que la trajera a la vida. Yo, en ese momento, me hundía en la contemplación: mis ojos transitaban por los cabellos que naufragaban en la almohada; por la manigua de tus cejas; por tus empinadas pestañas; por las bolsitas violáceas que sostienen tus párpados; por la vertical de tu tabique y por las almohadillas de tus fosas; por tus delgados labios y por los surcos que testifican viejas alegrías. Al término del examen visual te dije, con voz queda, Te amo; las bisagras del sopor crujieron, abriste los ojos e inundaste el cuarto con tu mirada serena. Las comisuras de mis labios izaron velas al tiempo que la brisa vibraba en la ventana. Mis manos avanzaron por el filo del silencio hasta alcanzar el naufragio de cabellos. Luego, cuando la aurora se hizo resplandor, te besé tiernamente. Piero, entre tanto, se despedía desde el acetato:

Y esa palabra amor que tiene dolor, que tiene dolor…

2 comentarios

Archivado bajo amor, evocaciones, General, mujeres

2 Respuestas a “A mí me dieron el mar (Piero)

  1. capitana666

    Qué bonito, yo también me quedaría horas embobada mirando a la persona amada si la hubiese, ya lo he hecho en alguna ocasión.

  2. Diego Niño

    Yo me extraviaría en las praderas de sus ojos toda la mañana…

    Un abrazo

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