Carta al silencio de la noche (10)

Tu recuerdo muerde mi aliento en las mañanas frías; tus ojos, como si lo anterior fuera poco, me ladran desde las tinieblas del recuerdo y tu ausencia se espesa en la boca del estómago. Luego, cuando los remos del sol me conducen hacia el médano del escepticismo, sonrío con los ojos y te llamo al apartamento para saborear el metal de tu voz. Arrugas el viento cuando me dices que tu marido aún está en el apartamento, o que tu suegra te está instruyendo en el antiguo arte de ser esposa. Cuelgo, miro el arbusto torcido e inició la torpe caminata hacia el vacío.

A las dos de la tarde repica el celular; lo saco para ver tu nombre vibrar en la minúscula pantalla, contestó con la voz compungida gastada en la mañana para que compartas mi dolor. Tú, en el marbete soleado de tu consultorio, me dices con el timbre afinado de doctora que nos encontraremos en el ángulo oscuro del pecado para satisfacer las más perversas inclinaciones…

Al final de la faena saco una hoja y te escribo la carta que nunca llegara a tus ojos; tú, entretanto, te pones el rubor y la compostura que abandonaste en las sillas o en el suelo, luego te encajas la mejor sonrisa que encuentras en tu cartera Gucci, me dices que debes irte rápido y me dejas a la deriva de las palabras.


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4 comentarios

Archivado bajo General, personal, serie cartas

4 Respuestas a “Carta al silencio de la noche (10)

  1. Amar y no ser correspondido es lo más doloroso y más si la persona por la que lo darías todo, sólo juega contigo y con los sentimientos que tantas veces has soñado que compartirías con ella.

    Un saludo.

  2. Diego Niño

    Capitana: el amor en algunas ocasiones sólo es un comercio carnal que no se compadece con los sentimientos de una de las partes. Este es, lamentablemente, el caso del protagonista de estas cartas.

    Muchas gracias por tu visita y por tu comentario

  3. Diego Niño

    Gema: siempre que escribo estas cartas me pregunto ¿qué es más doloroso: tener cachitos de sexo con la mujer amada, o padecer su indiferencia? Aún no encuentro la respuesta.

    Un abrazo desde la fría Bogotá.

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